Enfermedad hepática
El hígado es paciente hasta un punto peligroso. Puede seguir funcionando después de perder una parte considerable de su tejido y sabe regenerarse en parte…
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El hígado es paciente hasta un punto peligroso. Puede seguir funcionando después de perder una parte considerable de su tejido y sabe regenerarse en parte, de modo que la enfermedad avanza años sin una sola queja. Lo habitual no es descubrirla por los síntomas, sino de casualidad: en unos análisis previos a una operación, en una revisión, en una ecografía hecha por un motivo completamente distinto. Eso no es una nimiedad ni «las enzimas un poco altas»: es justo el momento en que casi todo se puede aún revertir. A continuación, por qué sufre el hígado, cómo notarlo y qué cambia de verdad el desenlace.
Por qué sufre el hígado con más frecuencia
- Enfermedad del hígado graso ligada al metabolismo. Hoy es la enfermedad hepática más extendida del mundo: la grasa se acumula en las células de personas con exceso de peso, diabetes tipo 2, triglicéridos y tensión altos. Durante mucho tiempo se la creyó inofensiva, hasta que se vio que en una parte de la gente lleva a inflamación y cicatrices.
- Alcohol. El daño empieza mucho antes de las borracheras y la dependencia: no cuenta el episodio, sino la cantidad total acumulada a lo largo de los años. La referencia a partir de la cual el riesgo sube claramente ronda los 30 g de alcohol puro al día en hombres y 20 g en mujeres, pero para un hígado ya dañado no existe dosis segura.
- Hepatitis víricas. La B y la C se cronifican y destruyen el hígado durante años sin síntomas; la A y la E cursan de forma aguda y suelen resolverse solas, aunque en embarazadas y en personas con el hígado ya enfermo pueden ser graves.
- Medicamentos y suplementos. Dañan el hígado algunos antibióticos, antituberculosos y antifúngicos, y también productos de herbolario: té verde en cápsulas, cúrcuma a dosis altas, «quemagrasas», preparados «depurativos del hígado». Aparte está la sobredosis del antitérmico habitual, una de las principales causas de insuficiencia hepática aguda.
- Obstáculo a la salida de la bilis: un cálculo en el conducto, una estrechez, un tumor. Aquí el hígado no sufre por un tóxico, sino por el estancamiento.
Una advertencia importante: en una misma persona suele haber varias causas, y no se suman, se multiplican. El exceso de peso junto al alcohol, o una hepatitis junto a la diabetes, destruyen el hígado más deprisa que cada causa por separado.
Causas menos frecuentes
Conviene conocerlas no por completar la lista, sino porque casi todas tienen tratamiento, y casi todas se pasan por alto porque no se buscan.
- Enfermedad de Wilson, una acumulación hereditaria de cobre. Se manifiesta en adolescentes y adultos jóvenes, y a veces no por el hígado, sino con temblor, habla arrastrada y cambios de carácter, lo que lleva a la persona al psiquiatra. Sin tratar es mortal; tratada, es compatible con una vida normal, así que en un joven con una enfermedad hepática inexplicada se busca siempre.
- Exceso hereditario de hierro: cansancio, dolor articular, oscurecimiento de la piel, diabetes. Se trata con sangrías periódicas, un método sencillo y muy eficaz.
- Hepatitis autoinmune, en la que el sistema inmunitario ataca las propias células del hígado, responde a los fármacos que frenan la inmunidad.
- Colangitis biliar primaria y colangitis esclerosante primaria, daño autoinmune de los conductos biliares. El primer signo no suele ser la ictericia, sino un picor extenuante y el cansancio.
- Déficit de alfa-1-antitripsina, un trastorno hereditario que golpea al hígado y al pulmón a la vez.
- Estancamiento de sangre en el hígado por insuficiencia cardíaca grave, y trombosis de las venas hepáticas.
Cómo se manifiesta
Los signos iniciales son tan corrientes que nadie los relaciona con el hígado: cansancio que el descanso no arregla, pesadez bajo las costillas derechas, pérdida de apetito, náuseas. A menudo no hay ni eso.
Después aparecen señales que no se confunden con nada:
- piel y blanco de los ojos amarillos, orina oscura, heces claras;
- picor de piel sin ninguna erupción;
- arañas vasculares en el pecho y los hombros, enrojecimiento moteado de las palmas;
- hematomas y sangrado de encías al menor motivo;
- abdomen aumentado por el líquido, hinchazón de las piernas;
- despistes, día y noche cambiados, habla lenta;
- pérdida de músculo en hombros y muslos; en hombres, aumento del pecho; en mujeres, alteraciones del ciclo.
La afirmación tan repetida de que la aparición de síntomas significa que ya hay cirrosis solo es cierta a medias. Para las enfermedades crónicas lentas, así es. Pero una hepatitis aguda, un daño por medicamentos o la obstrucción de un conducto biliar dan un cuadro llamativo con un hígado sin una sola cicatriz, y ahí todo es reversible. Por eso la ictericia no es una condena, sino un motivo para estudiarse, y deprisa.
Cuándo hace falta ayuda urgente
Se llama a una ambulancia (en los países europeos, al número único 112) si alguien con enfermedad hepática presenta:
- vómito con sangre o con un contenido del color de los posos de café, o heces negras y alquitranadas;
- confusión, somnolencia, conducta extraña o dificultad para despertarlo;
- fiebre y dolor abdominal habiendo líquido acumulado: ese líquido puede infectarse, y sin antibióticos la situación es mortal;
- dolor intenso bajo las costillas derechas con fiebre alta y escalofríos en el contexto de una ictericia;
- ictericia de aparición rápida en alguien antes sano, sobre todo con confusión: así empieza la insuficiencia hepática aguda.
Aparte: ante una sobredosis del antitérmico habitual hay que ir al hospital de inmediato, aunque uno se encuentre perfectamente. Las primeras horas esa intoxicación no se siente en absoluto y el daño hepático aparece al cabo de un día o más; el antídoto funciona tanto mejor cuanto antes se empiece. Esperar a los síntomas es aquí la peor decisión posible.
Cómo se estudia el hígado
El estudio suele empezar con un análisis de sangre y una ecografía, y ya con eso se responde a la mayoría de las preguntas.
- Los parámetros hepáticos en sangre: enzimas, bilirrubina, albúmina, coagulación, plaquetas. Conviene conocer su punto débil: con una cirrosis ya establecida pueden salir normales, de modo que «los análisis están bien» no equivale a «el hígado está sano». Unas plaquetas bajas de forma persistente suelen ser la primera pista.
- La ecografía muestra la grasa, la estructura del tejido, los conductos biliares, el bazo y el flujo sanguíneo.
- La elastografía mide la rigidez del hígado con una sonda, sin pinchazo, en unos minutos, y ha sustituido a la biopsia en la mayoría de los casos.
- Los análisis para averiguar la causa: hepatitis víricas, metabolismo del hierro y del cobre, marcadores autoinmunes. Este es justamente el paso que más se omite.
- La biopsia hace falta ya rara vez: sobre todo cuando la causa sigue sin aclararse.
Si un análisis mostró alguna vez las enzimas moderadamente altas, la respuesta sensata es averiguar por qué, no repetirlo dentro de un año. En la mayoría, la causa acaba encontrándose.
Qué se puede detener
El tratamiento no empieza por el hígado, sino por la causa, y ahí está la esperanza principal: retirada la causa, la destrucción se detiene, y en una parte de las personas las cicatrices retroceden parcialmente.
Perder una décima parte del peso reduce la grasa y la inflamación del hígado, y a veces borra las cicatrices incipientes. Dejar el alcohol produce una mejoría visible en los análisis a los pocos meses. La hepatitis C crónica se cura hoy con pastillas en casi todo el mundo y en pocos meses; la B se suprime por completo con antivirales tomados de forma prolongada. Las enfermedades autoinmunes responden a los fármacos que frenan la inmunidad; el exceso de hierro se retira con sangrías y la acumulación de cobre, con medicamentos que lo captan. El cálculo del conducto se extrae por endoscopia. Y si el hígado ya ha fallado, se plantea el trasplante, mejor con tiempo que en plena crisis.
Qué depende de usted
- El alcohol, ante cualquier enfermedad del hígado, se suprime del todo; no se modera.
- El peso y la diabetes son, en el hígado graso, lo que funciona mejor que cualquier pastilla; el ejercicio ayuda incluso sin adelgazar.
- Las vacunas de la hepatitis A y B hacen falta en toda enfermedad hepática crónica y se ponen a cualquier edad.
- El antitérmico habitual es más seguro que los antiinflamatorios, pero con el hígado enfermo se baja su dosis diaria: consúltela y vigile que el mismo principio activo no venga también en el preparado para el catarro.
- Los suplementos «depurativos del hígado» es mejor no tomarlos: no hay beneficio demostrado y sí casos descritos de daño grave.
- Las hepatitis B y C se transmiten por la sangre: cuchillas ajenas, juegos de manicura y estudios de tatuaje sin esterilizar son vías reales de contagio.
- Con cirrosis se evitan los mariscos crudos, en especial los moluscos: la infección cursa de forma grave.
- Si en la familia ha habido enfermedades del hígado a edades jóvenes, dígalo: una parte de las causas es hereditaria.
Consulta en línea
El hígado es uno de esos casos poco frecuentes en que la consulta a distancia cubre casi todo el recorrido. El motivo más habitual: los análisis o la ecografía muestran alteraciones y no se sabe si es grave. El médico explicará qué significan las cifras, qué pruebas hacen falta para establecer la causa y en qué orden pedirlas, y aquí la causa establecida es ya el tratamiento. En línea resulta cómodo revisar la lista de medicamentos y suplementos que toma desde el punto de vista de la carga sobre el hígado, acordar una dosis segura de analgésico, planificar las vacunas, ordenar la alimentación y el peso en el hígado graso y recibir apoyo para dejar el alcohol, donde el contacto regular funciona mejor que las conversaciones sueltas. Si el diagnóstico ya está hecho, sirve para llevar el calendario de seguimiento: cuándo toca la ecografía, cuándo la elastografía, qué dicen los últimos análisis. Las situaciones del apartado de urgencias no se resuelven en línea: en ellas se llama a una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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