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Medicamentos comúnmente prescritos para Enfermedad de Ménière
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 24 mgPrincipio activo: betahistineFabricante: Laboratorio Stada S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 16 mgPrincipio activo: betahistineFabricante: Laboratorio Stada S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 650 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorio Stada S.L.No requiere receta
La enfermedad de Ménière es un trastorno poco frecuente del oído interno en el que aparecen crisis de vértigo rotatorio intenso acompañadas de pérdida de audición y de un ruido en el oído. La crisis llega de golpe, dura entre media hora y unas pocas horas y cede sola, y entre una y otra la persona puede encontrarse perfectamente. Curarla todavía no es posible, pero su curso se puede suavizar mucho y, sobre todo, conviene distinguirla a tiempo de otros cuadros que se tratan de manera muy distinta.
Qué ocurre en el oído interno
El oído interno es un laberinto óseo dentro del cual hay un saco membranoso lleno de un líquido llamado endolinfa. Una parte, la cóclea, se ocupa de la audición; la otra, el vestíbulo con los canales semicirculares, del equilibrio. Ambas funcionan con el mismo líquido, y por eso la enfermedad golpea a la vez el oído y el equilibrio.
En la enfermedad de Ménière la endolinfa se acumula en exceso, la presión dentro del laberinto sube y las membranas se distienden. Por qué sucede no se sabe con certeza: se discuten un drenaje deficiente del líquido, una predisposición hereditaria, infecciones víricas previas del oído, traumatismos craneales y procesos autoinmunes. En algunas personas coincide con la migraña, y los mecanismos de ambas se solapan en parte.
Casi siempre empieza por un solo oído, aunque con el tiempo en una parte de los pacientes se suma el otro, de modo que también se vigila la audición del lado sano.
Cómo es una crisis
Muchas personas notan avisos previos: durante unos minutos o unas horas el ruido se hace más fuerte, el oído parece taponarse y aparece una sensación de plenitud o presión en su interior. Ese margen conviene aprovecharlo para llegar a un sitio seguro.
La crisis en sí se instala deprisa. Da la impresión de que la habitación se mueve y gira, no hay forma de estar de pie ni de caminar, y suelen sumarse náuseas, vómitos, sudor frío y palpitaciones. La audición del lado enfermo cae en ese momento y el ruido se vuelve más intenso. La duración típica va de veinte minutos a unas horas; una crisis de menos de veinte minutos, o que se prolonga durante días, obliga a pensar en otra causa.
Después la persona queda uno o dos días agotada, insegura al caminar y con mucho sueño. En los primeros años la audición se recupera casi por completo entre una crisis y otra. Las crisis se agrupan de forma irregular: varias en un mes y luego medio año de calma. Con los años el vértigo suele atenuarse, pero a cambio quedan una pérdida auditiva estable, un ruido continuo y cierta inestabilidad, sobre todo en la oscuridad.
Caídas bruscas
Merece capítulo aparte una manifestación rara de las fases avanzadas: una caída repentina sin ningún aviso. Es como si empujaran a la persona, que se encuentra en el suelo de inmediato, sin perder el conocimiento y capaz de levantarse casi enseguida. Puede no haber vértigo previo.
El peligro no está en el episodio en sí, sino en las lesiones: la caída ocurre en la escalera, junto a los fogones, en la calle. Si ha pasado aunque sea una vez, dígaselo al médico expresamente: cambia la valoración de la enfermedad, la conversación sobre la conducción y el planteamiento del tratamiento.
Qué puede parecerse
El mareo es un motivo de consulta frecuente y la enfermedad de Ménière una causa rara, así que lo primero es descartar otras cosas.
- Vértigo posicional benigno: crisis de segundos, desencadenadas al girar la cabeza o al acostarse, sin afectar la audición; se resuelve con maniobras concretas en una o dos visitas.
- Neuritis vestibular y laberintitis: un único episodio largo de vértigo, de varios días, tras un cuadro catarral, y no crisis repetidas.
- Migraña vestibular: es lo que con más frecuencia se confunde con Ménière. El vértigo se acompaña de intolerancia a la luz y al ruido, a veces de dolor de cabeza, y la audición se mantiene normal.
- Tumor del nervio auditivo: la pérdida auditiva de un lado y el ruido avanzan poco a poco, sin crisis llamativas.
- Efectos adversos de medicamentos, bajada de tensión al incorporarse, arritmias, trastornos de ansiedad.
Autodiagnosticarse leyendo descripciones en internet es aquí especialmente inútil: los síntomas de todos estos cuadros se solapan y el tratamiento de cada uno es distinto.
Cuándo hace falta una ambulancia
Un vértigo intenso y súbito resulta a veces no ser un problema del oído, sino una alteración de la circulación en el tronco cerebral o el cerebelo. Llame a una ambulancia (en los países europeos, el 112) si junto al vértigo aparecen:
- desviación de la cara, debilidad o adormecimiento del brazo y la pierna de un lado;
- habla pastosa, dificultad para encontrar las palabras, confusión;
- visión doble, pérdida de una parte del campo visual, desviación de un ojo;
- dificultad para tragar, atragantamiento;
- un dolor de cabeza brutal instaurado en segundos, o dolor en el cuello y la nuca;
- incapacidad total de mantenerse de pie o sentado, con caída hacia un lado incluso sujetando a la persona.
También corresponde una ambulancia si el vértigo sigue a un golpe en la cabeza, o si hay fiebre alta con dolor de oído, supuración y rigidez de nuca. Conducir uno mismo hasta el hospital en ese estado no es una opción.
Existe además un escalón intermedio. Consulte el mismo día si la audición de un oído ha caído bruscamente en horas o en un día: una sordera súbita unilateral exige empezar el tratamiento cuanto antes, se cuenta por días y el tiempo perdido no se recupera. También el mismo día si los vómitos son incoercibles y no permiten beber.
Sin urgencia, pero sin dejarlo pasar, hay que acudir al médico ante las primeras crisis repetidas de vértigo con ruido y taponamiento del oído.
Cómo se llega al diagnóstico
El diagnóstico es clínico: se construye con el relato, la exploración y el estudio de la audición. No existe ningún análisis que lo confirme, de modo que una descripción detallada de las crisis —cuánto duran, cómo empiezan, qué pasa con el oído— vale más que cualquier aparato. El médico examina los oídos, comprueba el equilibrio y los movimientos oculares, incluso después de giros bruscos de la cabeza: el patrón de esos movimientos ayuda a separar una lesión del oído de una lesión cerebral.
La prueba clave es la audiometría, el estudio de la audición en cabina insonorizada con auriculares. En la enfermedad de Ménière muestra una pérdida en las frecuencias graves y medias del lado afectado, y esas cifras cambian de una visita a otra. Precisamente esa fluctuación, captada en audiometrías repetidas, es el argumento principal a favor del diagnóstico, así que la prueba se repite y, a ser posible, se hace poco después de una crisis.
Se comprueban además el tímpano y el aparato vestibular, con prueba calórica, registro en vídeo de los movimientos oculares y medición de las respuestas musculares al sonido. La resonancia magnética no sirve para ver la enfermedad de Ménière, sino para descartar un tumor del nervio auditivo. Los análisis de sangre no dan el diagnóstico y solo se piden ante la sospecha de otra causa concreta, por ejemplo una enfermedad del tiroides.
Qué hacer durante una crisis
Lo esencial es pasarla a salvo. Ante los primeros avisos, interrumpa lo que esté haciendo y siéntese o túmbese donde no pueda caerse desde una altura ni acabar en la calzada.
Es más cómodo tumbarse de lado o boca arriba con la cabeza algo elevada, en una habitación en penumbra y en silencio. Ayuda fijar la mirada en un punto inmóvil y no girar la cabeza: el movimiento intensifica la sensación de giro.
Si el médico le ha recetado de antemano algo para las náuseas y el vértigo, tómelo enseguida, según lo acordado. Esos fármacos se llevan encima, porque durante la crisis ya no hay quien vaya a por ellos. Se indican en pautas cortas, solo mientras dura el episodio: tomados de continuo impiden que el cerebro se adapte y empeoran la inestabilidad entre crisis.
Después levántese despacio y no conduzca hasta el día siguiente, aunque le parezca que todo ha pasado.
Tratamiento entre las crisis
El objetivo del tratamiento es que las crisis sean menos frecuentes y menos intensas y conservar la audición. Se empieza por lo más sencillo y seguro.
Primer nivel: los hábitos. Restricción moderada de sal, beber de forma repartida a lo largo del día, comidas regulares, horario de sueño estable. Mucha gente detecta relación entre las crisis y el sueño escaso, una comida saltada, el café cargado, el alcohol y el estrés; un diario con la fecha de cada crisis y lo ocurrido el día antes ayuda a identificar los desencadenantes propios. Conviene dejar de fumar.
Segundo nivel: medicación de fondo. Suelen indicarse fármacos que mejoran el flujo de sangre en el oído interno y diuréticos suaves que reducen el volumen de líquido del laberinto. El médico los ajusta caso por caso; las pruebas sobre su utilidad no son uniformes, así que el efecto se juzga por el diario de crisis y no por la impresión del momento.
Tercer nivel: intervenciones a través del tímpano cuando las crisis siguen siendo frecuentes. Se introduce en el oído un corticoide y, si no basta, un antibiótico del grupo de los aminoglucósidos que anula de forma selectiva la parte vestibular del oído enfermo. Esta segunda opción quita las crisis con fiabilidad, pero puede empeorar la audición, y eso se acuerda antes.
Cuarto nivel: la cirugía, con descompresión del saco endolinfático, sección del nervio vestibular o, en último extremo, extirpación del laberinto cuando la audición de ese oído ya se ha perdido; se recurre a ella pocas veces. Al margen de los fármacos está la rehabilitación vestibular, una serie de ejercicios de ojos, cabeza y equilibrio. No evita las crisis, pero ayuda al cerebro a adaptarse y quita la inestabilidad de los intervalos.
Audición, ruido en el oído y ánimo
La audición del lado enfermo acaba bajando de forma estable, y eso se puede y se debe trabajar. El audífono se adapta cuando la pérdida ha dejado de fluctuar. Ante una pérdida profunda de un solo oído existen sistemas que trasladan el sonido al lado sano, y en casos concretos se plantea un implante coclear.
El ruido en el oído molesta a menudo más que la propia sordera. Eliminarlo del todo no es posible, pero sí dejar de estar pendiente de él: ayudan los sonidos de fondo, los generadores de ruido, un audífono bien ajustado y la psicoterapia.
Del ánimo no hay que callarse. Unas crisis impredecibles hacen que la persona deje de viajar, de salir y de trabajar, y detrás llegan la ansiedad y el desánimo, que por sí solos intensifican el vértigo. Si su vida se ha estrechado de forma notable, dígalo en la consulta: esa ayuda forma parte del tratamiento tanto como las pastillas.
La vida de cada día
Hable de la conducción con su médico de cabecera. Mientras las crisis sean repentinas y frecuentes, no debe ponerse al volante; en la mayoría de los países el conductor está obligado a comunicar esta situación al organismo que expide los permisos, y las normas cambian de un país a otro: infórmese de las suyas.
Revise las actividades en las que un vértigo repentino resulta peligroso: nadar solo o lejos de la orilla, escaleras de mano y alturas, trabajo con maquinaria o con fuego, ir en bicicleta entre coches. En casa ayudan cosas sencillas: alfombrilla antideslizante en el baño, un asidero, una luz de noche en el pasillo, ningún cable suelto por el suelo.
Lleve siempre encima la medicación prescrita. Avise a su familia y a sus compañeros de que durante una crisis no hay que llevarle a ninguna parte, sino ayudarle a sentarse, apartar lo peligroso y quedarse cerca. Si su trabajo implica alturas o transporte, acuerde con el médico qué limitaciones necesita mientras dure el mal período.
Consulta en línea
La consulta en línea se presta bien a repasar lo que ya se sabe: describir cómo son y cuánto duran las crisis, enseñar las audiometrías y los informes, entender si el cuadro encaja en una enfermedad de Ménière o se parece más a un vértigo posicional o a una migraña, y qué pruebas tiene sentido hacer a continuación. Tenga preparado el diario de crisis con fechas y duración, todos los estudios de audición y la lista de medicamentos que toma: algunos provocan mareo por sí mismos.
En las consultas de seguimiento resulta cómodo valorar si el tratamiento funciona, comentar la tolerancia a los fármacos y decidir si toca subir un escalón. Tenga en cuenta los límites: valorar bien los movimientos oculares y el equilibrio solo puede hacerse en persona, y el estudio de la audición no tiene sustituto a distancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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