Enfermedad de las encías: gingivitis y periodontitis
La espuma rosada en el lavabo después de cepillarse parece una tontería, y hay quien convive con ella durante años.
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La espuma rosada en el lavabo después de cepillarse parece una tontería, y hay quien convive con ella durante años. Sin embargo, es la única señal temprana que la encía sabe dar. Una encía sana no sangra: ni con el cepillo, ni con la seda, ni al morder una manzana. Si aparece sangre, hay inflamación en el borde del diente. Mientras solo está afectado el tejido blando, todo es reversible en dos o tres semanas de higiene correcta. Después la inflamación baja hacia el hueso que sujeta el diente dentro del maxilar, y esa pérdida ya no se recupera.
Qué ocurre en la frontera entre el diente y la encía
A las pocas horas de cepillarse vuelve a formarse sobre el esmalte una película blanda de bacterias: la placa. Las bacterias en sí son inofensivas, son las habitantes normales de la boca; el problema es el sitio. Donde la encía se apoya en el diente hay un surco estrecho de un par de milímetros al que las cerdas llegan con dificultad. La placa que queda dentro se compacta en uno o dos días, su composición se desplaza hacia microbios más agresivos y el tejido responde con inflamación: los vasos se dilatan, la encía se hincha y los capilares se rompen al mínimo roce.
Un par de días más y la placa no retirada se impregna de los minerales de la saliva y se endurece: aparece el sarro. Ningún cepillado lo elimina, por mucho empeño que se ponga, y su superficie rugosa retiene placa nueva mejor que el esmalte liso. El círculo se cierra.
Mientras la inflamación se queda en el tejido blando hablamos de gingivitis: la encía está roja y sangra, pero el ligamento y el hueso siguen intactos y todo vuelve a la normalidad tras una buena limpieza. Cuando alcanza el ligamento que sostiene la raíz y el tabique óseo entre los dientes, empieza la periodontitis. La encía se despega, el surco se convierte en una bolsa de cuatro, seis u ocho milímetros y el hueso del borde se reabsorbe. El diente se sujeta con una porción de raíz cada vez menor: al principio solo se aprecia en la radiografía, luego empieza a moverse y al final se cae, estando además perfectamente sano, sin una sola caries.
Qué aspecto tiene y qué se nota
La periodontitis casi no duele, y ahí está su mayor astucia. Hay que guiarse por otras cosas:
- sangrado al cepillarse, el signo más precoz y el que más se ignora; la sangre en la seda cuenta igual;
- encías hinchadas, de color rojo intenso o azulado, en lugar del rodete firme y rosa pálido;
- mal aliento y mal sabor persistentes, que no se corrigen con pasta ni con chicle, porque el origen son las bolsas y no la lengua;
- la encía se retrae, los dientes parecen más largos y el cuello se vuelve sensible al frío;
- se abren huecos entre los dientes donde se acumula la comida: es el tabique óseo que ha desaparecido;
- los dientes empiezan a moverse y a abrirse en abanico, cambia la mordida o el ajuste de una prótesis;
- pus en el margen de la encía al presionar.
Si sangran las encías de un niño o de un adolescente, la causa no es «el cambio de dientes», sino esa misma placa del borde o, con menos frecuencia, una forma agresiva en la que el hueso se pierde rápido y pronto. En ambos casos hay que mirarlo.
Qué empuja la inflamación
La causa es una sola, la placa, pero la velocidad de destrucción varía enormemente de una persona a otra, y depende de factores bastante manejables.
El tabaco es el factor más potente después de la propia placa. La nicotina contrae los vasos de la encía y esta deja de sangrar: la persona cree que todo va bien mientras el hueso se funde. Los fumadores pierden dientes antes y responden peor al tratamiento.
La diabetes. La relación funciona en los dos sentidos: con el azúcar alto la encía se inflama más y cicatriza peor, y una periodontitis tratada ayuda a que la glucemia se mantenga más estable. Si una periodontitis avanza deprisa en alguien sin motivos aparentes, conviene comprobar la glucosa; a veces es el dentista quien pone sobre la pista de una diabetes.
El embarazo. Las hormonas cambian la respuesta de la encía a la misma placa de siempre: se hincha y sangra más, y a veces crece un nódulo blando en el margen. Después del parto remite, pero no conviene dejar la inflamación a su aire durante ese tiempo.
La boca seca. La saliva arrastra la placa y neutraliza el ácido. Disminuye con muchos medicamentos —diuréticos, antidepresivos, fármacos para la tensión y para la alergia—, en algunas enfermedades autoinmunes y tras la radioterapia de cabeza y cuello.
Los dientes apiñados, los empastes desbordantes, las coronas mal ajustadas y la ortodoncia crean rincones donde el cepillo no llega. El estrés y la falta de sueño debilitan la respuesta a la infección y, de paso, desordenan la rutina de higiene.
Hay además un grupo de causas en las que casi nunca se piensa. Unas encías que sangran solas, de forma abundante y no precisamente donde hay placa, pueden ser el primer signo visible de una enfermedad de la sangre: una leucemia aguda o una caída brusca de las plaquetas. El crecimiento rápido de la encía hasta cubrir los dientes es un efecto secundario conocido de algunos fármacos para la epilepsia, de ciertos antihipertensivos y de los medicamentos que frenan el sistema inmunitario tras un trasplante. Una inflamación grave y rebelde en una persona joven obliga a acordarse del VIH. Y el déficit profundo de vitamina C, esa enfermedad de marineros que se cree extinguida, sigue apareciendo en personas con una alimentación extremadamente monótona y produce encías esponjosas y sangrantes.
Cuándo no se puede esperar
Conviene acudir al dentista el mismo día o al siguiente si:
- la encía duele de forma brusca, se cubre de una capa grisácea y de ulceraciones entre los dientes, y aparecen mal olor pútrido y fiebre: así se presenta la inflamación ulceronecrosante, que destruye tejido en pocos días;
- ha salido un bulto doloroso con pus, es decir, un absceso;
- un diente se ha vuelto móvil de repente o se ha desplazado;
- la sangre de la encía no se detiene sola, sale de varios puntos a la vez o se acompaña de moratones en el cuerpo y hemorragias nasales;
- hay en la boca una úlcera, una mancha roja o blanca o un endurecimiento que no desaparece en tres semanas y no duele. Aquí la ausencia de dolor no tranquiliza, alerta: así empieza el cáncer de la mucosa oral, y detectado pronto se trata con recursos muy distintos a los que exige uno avanzado.
La atención urgente —el número europeo único 112— corresponde a otra situación: cuando la hinchazón de un foco dental se extiende a la cara, por debajo de la mandíbula o hacia el cuello, y cuesta tragar, abrir la boca o respirar. Eso ya no es la encía, sino una infección de los tejidos blandos que avanza, y el margen se mide en horas.
Qué hace el dentista
Lo primero es medir. Con una sonda fina graduada se recorre el surco alrededor de cada diente y se anota la profundidad; una radiografía muestra el nivel del hueso. Esas cifras son las que separan la gingivitis de la periodontitis y, además, dan el punto de partida con el que después se compara el resultado.
La base del tratamiento es la retirada mecánica de los depósitos: por encima de la encía y, sobre todo, por debajo, dentro de las bolsas, con ultrasonidos y curetas manuales. Se hace con anestesia local, normalmente en dos o tres sesiones. Ningún colutorio, pasta ni pastilla sustituye ese trabajo: el sarro solo sale con el instrumento.
Unas semanas después se vuelve a revisar. Parte de las bolsas se cierra, la encía se afianza y el sangrado desaparece. Donde la bolsa sigue siendo profunda se plantea una cirugía a colgajo, que permite limpiar la raíz bajo visión directa y a veces añadir material para regenerar hueso, o bien la extracción del diente que ya no tiene sujeción.
Los antibióticos por vía oral no sirven en una periodontitis corriente: no penetran en la biopelícula adherida a la raíz. Se reservan para el absceso, para la forma ulceronecrosante y para los casos agresivos en personas jóvenes, siempre como complemento de la limpieza y nunca en su lugar. Dejar de fumar conviene antes de la cirugía, no después: en el fumador la cicatrización es peor.
La higiene diaria que de verdad funciona
Todo el tratamiento se sostiene sobre lo que cada persona hace en casa. El mínimo práctico es corto.
- Cepillarse dos veces al día con pasta con flúor, sin saltarse la de antes de dormir. Cepillo suave, cerdas inclinadas hacia la encía, movimientos pequeños en el sitio: no hay que apretar, las cerdas duras desgastan el cuello del diente y retraen la encía.
- Escupir y no enjuagarse. El agua arrastra el flúor que debería quedarse sobre el esmalte. Por lo mismo, el colutorio se usa en otro momento del día y no justo después del cepillado.
- Limpiar entre los dientes cada día. El cepillo alcanza tres de las cinco caras, y la enfermedad empieza precisamente en los espacios. Los cepillos interdentales del tamaño adecuado rinden más que la seda donde hay huecos; la seda, donde los dientes están juntos.
- Cambiar el cepillo en cuanto las cerdas se abren, y siempre después de una infección importante.
- No fumar ni pasarse al tabaco calentado: para la encía no es ninguna salida.
- Acudir a revisión con la frecuencia que indique el profesional. Con las encías sanas bastan visitas espaciadas; con una periodontitis tratada, las limpiezas de mantenimiento son periódicas y de por vida, y son ellas las que sostienen el resultado.
Los primeros días de una higiene bien hecha suele sangrar más: así se comporta un tejido inflamado, no es una herida del cepillo. En una semana y media el sangrado cede. Si a las tres semanas sigue igual, o el cepillo no llega a donde debe, o ahí ya hay sarro.
Consulta en línea
La consulta en línea no sustituye al instrumento ni a la radiografía, pero ahorra tiempo en el camino hacia ellos. El médico interpreta, a partir del relato y de unas fotografías, qué está pasando: una gingivitis corriente, un brote agudo o una situación en la que hay que ver al dentista hoy mismo. Ayuda a distinguir el sangrado por placa del que esconde una enfermedad de la sangre o un efecto de un fármaco, indica qué análisis conviene tener hechos de antemano y explica cómo elegir el tamaño de los cepillos interdentales o qué hacer con la boca seca provocada por la medicación crónica. El embarazo y la diabetes merecen conversación aparte: con ellos el cuidado de las encías se plantea de otra manera.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.




