Enfermedad de Bowen
La enfermedad de Bowen es la fase más temprana del cáncer de piel de células escamosas. Las células alteradas ya existen, pero siguen confinadas en la capa…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Enfermedad de Bowen
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: POMADA, 10 mg/gPrincipio activo: tirbanibulinFabricante: Almirall S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 50 MG/MLPrincipio activo: FluorouraciloFabricante: Accord Healthcare S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: LIQUIDO USO TOPICO, 5 mg/g + 100 mg/gPrincipio activo: fluorouracil, combinationsFabricante: Almirall Hermal GmbhRequiere receta
La enfermedad de Bowen es la fase más temprana del cáncer de piel de células escamosas. Las células alteradas ya existen, pero siguen confinadas en la capa superficial de la piel y no pueden pasar a la sangre ni a la linfa, de modo que no siembran otros órganos. Se ve como una mancha rojiza y descamativa, persistente y de borde bien definido, que lleva meses sin curar y no responde a las cremas. El tratamiento es sencillo y casi siempre resolutivo. La verdadera dificultad no está en tratarla, sino en que durante años se la confunde con un eccema o una psoriasis.
Cómo es la mancha y dónde aparece
La mancha crece muy despacio, a veces durante años, y de una semana a otra apenas cambia. Por lo general es:
- plana o algo elevada, cubierta de escamas o de una costra fina;
- de unos milímetros a varios centímetros, con un borde neto y bien delimitado;
- roja o rosada en la piel clara; en la piel morena y oscura tira a marrón o violáceo grisáceo, y cuesta mucho más advertirla;
- a veces algo picante, aunque lo habitual es que no dé ninguna molestia.
No es raro que haya varias manchas. Aparecen allí donde el sol ha ido dando durante décadas: en las piernas, la cara, las orejas, el cuello, el cuero cabelludo de los hombres con poco pelo y el dorso de las manos.
Merece mención aparte la forma que surge en la ingle y en los genitales externos, incluido el glande: allí la mancha suele ser húmeda, de un rojo vivo y brillante, y la causa habitual es otra, el virus del papiloma humano. Otra variante poco común afecta a la piel alrededor de la uña y se confunde con facilidad con una inflamación que no termina de irse.
Hasta qué punto es peligrosa
Por sí sola esta mancha no pone en riesgo la vida ni obliga a correr. El peligro es otro: si no se trata, las células alteradas pueden acabar penetrando en profundidad, y entonces ya se trata de un carcinoma escamoso propiamente dicho, capaz de extenderse. Esto ocurre en torno a tres o cinco personas de cada cien con enfermedad de Bowen sin tratar, y por lo común al cabo de años.
El riesgo es mayor en las manchas genitales y en las personas con la inmunidad debilitada. Y conviene despejar un susto frecuente: la enfermedad de Bowen no tiene nada que ver con el melanoma, son otro tipo de células y un pronóstico completamente distinto.
Cuándo no se puede esperar
Acuda al médico sin demora si una mancha ya conocida empieza a comportarse de otro modo:
- dentro de ella aparece un nódulo duro o un engrosamiento;
- empieza a sangrar o se convierte en una úlcera que no cierra;
- aparece dolor o molestia al tocarla;
- crece de forma llamativa cuando llevaba años igual;
- se agranda un ganglio cercano.
Son señales de que el proceso ha rebasado la capa superficial de la piel y hay que resolverlo con más rapidez.
Hay además una situación que explica por qué la enfermedad se descubre tarde tantas veces. Si una zona de piel tratada como eccema o psoriasis no responde a la crema con corticoide en cuatro o seis semanas, mientras el resto de las lesiones sí ha respondido, esa mancha debe enseñarse al dermatólogo por separado.
Qué lleva a la enfermedad de Bowen
La causa principal es el sol acumulado a lo largo de la vida, no una quemadura aislada. Por eso la enfermedad aparece sobre todo a partir de los sesenta años, en personas de piel clara, en quienes han trabajado muchos años al aire libre y en quienes han usado cabinas de bronceado.
Qué más aumenta la probabilidad:
- la inmunidad debilitada: los fármacos que se toman tras un trasplante de órgano, los tratamientos que frenan el sistema inmunitario, la infección por VIH;
- la radioterapia recibida en el pasado, con la mancha apareciendo años después en la zona irradiada;
- el virus del papiloma humano, en el caso de las manchas de la ingle y los genitales.
Existe además una causa poco frecuente que conviene conocer: el contacto antiguo con arsénico, ya sea por medicamentos de otra época, agua de pozos contaminados, ciertas industrias o pesticidas. Estas manchas surgen al cabo de décadas, suelen ser múltiples y se sitúan también en zonas donde el sol no llega, y en las palmas y las plantas se ven a menudo pequeños nódulos duros. Si el cuadro encaja, es importante decírselo al médico: el arsénico eleva el riesgo no solo de tumores cutáneos, sino también internos, y entonces el estudio ha de ser más amplio.
La enfermedad de Bowen no se contagia ni se hereda.
Por qué importa un diagnóstico exacto
La mancha se confunde con facilidad con un eccema, una psoriasis, una infección por hongos, una verruga seborreica, una queratosis actínica o un carcinoma basocelular superficial. La diferencia entre ellos es esencial y a simple vista no siempre se aprecia: hasta un dermatólogo experimentado examina una mancha así con el dermatoscopio.
La respuesta fiable solo la da la biopsia: con anestesia local se toma un fragmento pequeño de piel y se estudia al microscopio. Es un procedimiento breve, y su resultado determina todo lo demás.
De ahí una advertencia: no conviene tratar durante meses una mancha dudosa con una crema de corticoide comprada por recomendación. Apaga el enrojecimiento y desdibuja el cuadro sin actuar en absoluto sobre las células alteradas, y mientras tanto pasa el tiempo.
Con qué se trata
Hay varias opciones y todas son eficaces. La elección depende del tamaño de la mancha, de dónde esté y de lo bien que cicatricen las heridas en ese punto.
- Crioterapia: aplicación de nitrógeno líquido. Es rápida, aunque duele durante la sesión; después se forma una costra que se desprende en unas semanas.
- Cremas con fluorouracilo o imiquimod, en tandas de varias semanas. La piel se enrojece e inflama sin falta: eso es el curso esperado del tratamiento, no una complicación, y no hay que abandonarlo por ello.
- Curetaje con cauterización bajo anestesia local: se raspa la zona alterada y la herida cura bajo una costra.
- Terapia fotodinámica: se aplica un preparado fotosensible y, unas horas después, se ilumina la piel con una lámpara especial. Deja un buen resultado estético.
- Extirpación quirúrgica: se emplea cuando el diagnóstico ofrece dudas o se sospecha invasión en profundidad.
A veces lo correcto es simplemente vigilar. En una persona mayor con una mancha de crecimiento lento en la pierna, el médico puede concluir que el daño del tratamiento superaría al beneficio; es una decisión razonada, no una negativa a ayudar.
Las piernas merecen un comentario propio. Allí la piel cicatriza mal, sobre todo si hay hinchazón, diabetes o mala circulación, y un tratamiento demasiado insistente puede dejar una úlcera que no cierra. Por eso en las piernas el método se elige con más cautela que en la cara o en las manos.
Qué hacer después del tratamiento
El médico citará para una revisión y comprobará que la piel ha curado y que no hace falta seguir. Los puntos, si hubo cirugía, se retiran al cabo de una o dos semanas; a veces se usan puntos reabsorbibles. El apósito se cambia según le indiquen.
Sin esperar a la cita prevista, vuelva a consultar si en el lugar de la antigua mancha aparece un engrosamiento, si sangra o cambia de aspecto, y también si observa manchas nuevas parecidas en otras zonas de la piel.
Que salgan manchas nuevas es posible y no significa que el tratamiento fallara: el sol no dañó una zona, sino toda la piel expuesta. Por eso a partir de ahora cuentan dos cosas.
- La protección solar: ropa que cubra y sombrero, sombra en las horas centrales y un fotoprotector de factor 30 o superior en cara, orejas, cuello y manos durante todo el año. Las cabinas de bronceado, descartadas.
- La autoexploración de la piel cada mes o mes y medio, con un espejo y sin olvidar las orejas, el cuero cabelludo, el dorso de las manos y las piernas. Cualquier mancha que dure más de un mes conviene enseñarla.
Consulta en línea
En la consulta en línea el médico preguntará desde cuándo está la mancha y cómo ha cambiado, valorará con las fotografías si el cuadro es típico, revisará los factores de riesgo —sol, fármacos que frenan la inmunidad, radioterapia previa—, explicará cuándo hace falta una biopsia y a qué especialista acudir, y le ayudará a interpretar el informe recibido y a cuidar la piel después del tratamiento.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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