COVID-19
La enfermedad que en su día detuvo ciudades enteras se ha convertido en una infección de invierno más y en la mayoría de la gente cursa como un catarro fuerte.
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Medicamentos comúnmente prescritos para COVID-19
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 24 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorios Ern S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 650 mg paracetamolPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Aurovitas Spain, S.A.U.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Mylan Pharmaceuticals S.L.No requiere receta
La enfermedad que en su día detuvo ciudades enteras se ha convertido en una infección de invierno más y en la mayoría de la gente cursa como un catarro fuerte. El virus, mientras tanto, sigue cambiando, de modo que buena parte de lo aprendido en los primeros años ha quedado atrás: los síntomas ya no son los mismos, la pérdida de olfato se ha vuelto rara y las normas de aislamiento varían de un país a otro. Dos cosas no han cambiado, y son la razón de seguir leyendo: en una parte de las personas la enfermedad sigue siendo grave, y para ellas existen medicamentos que solo funcionan durante los primeros días.
Qué aspecto tiene hoy
Distinguir la COVID-19 de un catarro o de una gripe solo por las sensaciones es imposible: el conjunto de molestias casi coincide. Lo habitual es tener algo de esto:
- fiebre, escalofríos o, al contrario, sensación de calor sin necesidad de termómetro;
- tos, más bien seca y tenaz, que a veces se queda semanas después de que todo lo demás haya pasado;
- dolor de garganta, nariz taponada, moqueo, voz ronca;
- dolor de cabeza y agujetas en músculos y articulaciones;
- cansancio intenso que no se arregla durmiendo;
- falta de aire con el esfuerzo de siempre;
- pérdida o distorsión del gusto y del olfato, algo poco frecuente con las variantes actuales;
- náuseas, vómitos, diarrea y falta de apetito, sobre todo en niños;
- en personas mayores el único signo puede ser una confusión repentina, una debilidad marcada o una caída, sin tos ni fiebre.
La mayoría mejora en una o dos semanas. La tos y el cansancio duran más que el resto, y eso por sí solo no es motivo de alarma. Lo que sí debe alertar es otra cosa: que después de varios días de mejoría el estado empeore de golpe. La evolución grave no suele empezar el primer día, sino en la segunda semana.
Qué hacer los primeros días
No hay un tratamiento casero específico, así que todo se reduce a aliviar y a no dejar pasar un empeoramiento.
- Descanse y beba lo suficiente para que la orina siga clara. Con fiebre, la deshidratación estropea el estado general más que la propia infección.
- Para la fiebre y el dolor sirven el paracetamol o el ibuprofeno; cuál conviene en su caso pregúntelo al médico de cabecera o al farmacéutico, sobre todo si toma otras cosas.
- Para la tos, a los adultos y a los niños mayores de un año les ayuda una cucharada de miel; por debajo del año no se da miel.
- Si le falta el aire, siéntese erguido o inclínese algo hacia delante apoyando las manos en las rodillas, respire despacio por la nariz y suelte el aire con los labios fruncidos. Ventile la habitación: el aire fresco se lleva mejor.
- No empiece antibióticos por su cuenta: contra un virus no hacen nada. Se recetan solo si hay una complicación bacteriana demostrada, y eso lo decide el médico.
- Quédese en casa mientras tenga fiebre y se encuentre mal, y en ese periodo no visite a personas mayores ni a nadie con las defensas bajas. Las normas formales de aislamiento cambian según el país, pero esta regla vale en todos.
Un test rápido tiene sentido cuando el resultado cambia algo: si usted pertenece a un grupo de riesgo y puede recibir tratamiento, si convive con alguien a quien hay que proteger, o si se lo exigen en el trabajo. Conviene conocer su punto débil: un test negativo el primer día de síntomas no descarta nada. Si hay síntomas y el test sale negativo, repítalo al día siguiente.
Señales que obligan a llamar al 112
Llame al 112 si en un adulto o en un niño aparece cualquiera de estas cosas:
- falta de aire en reposo: cuesta hablar frases completas, la respiración es rápida, hay que buscar el aire;
- dolor u opresión intensa en el pecho;
- labios, cara o uñas azulados o grisáceos;
- confusión, somnolencia inusual, dificultad para despertar a la persona;
- desmayo o convulsiones;
- tos con sangre;
- una erupción que no palidece al apretar un vaso contra ella;
- en un bebé, hundimiento de la piel debajo y entre las costillas al respirar, quejido al soltar el aire, rechazo del alimento, muchos menos pañales mojados, decaimiento o un llanto agudo poco habitual;
- si tiene un pulsioxímetro en casa: saturación de oxígeno de 92 % o menos. Entre 93 y 94 % hay que contactar con el médico sin demora. Tenga en cuenta que en pieles morenas y oscuras el aparato suele dar cifras más altas de lo real, así que ante una falta de aire evidente guíese por cómo se encuentra y no por el número.
Aparte: si empeora de forma clara tras varios días de mejoría, no espere a la mañana siguiente; ese es el guion típico de una evolución grave.
A quién le va peor la enfermedad y qué cambia eso
El riesgo de una evolución grave es mayor en las personas mayores y en quienes tienen las defensas bajas: tras un trasplante de órgano, durante y después de un tratamiento oncológico, en tratamiento con fármacos que frenan el sistema inmunitario, o con VIH y cifras bajas de células defensivas. Al mismo grupo pertenecen quienes tienen enfermedad renal o hepática avanzada, enfermedades crónicas del pulmón y del corazón, diabetes mal controlada, anemia falciforme, síndrome de Down, enfermedades neurológicas y neuromusculares graves, además de las mujeres embarazadas y de quienes nunca se han vacunado.
La consecuencia práctica es esta: para esas personas existen antivirales, y en ellos lo decisivo son los plazos. Se pautan en los primeros días de la enfermedad, por lo general no más tarde del quinto desde que aparecen los síntomas; después ya casi no sirven. Por eso, si usted está en un grupo de riesgo, conviene averiguar por anticipado con su médico si le corresponde ese tratamiento y adónde acudir, para no buscarlo ya estando enfermo.
Dos advertencias que suelen olvidarse. El principal antiviral en comprimidos se lleva muy mal con muchísimos medicamentos corrientes, desde los que bajan el colesterol hasta los que tratan las arritmias, los que fluidifican la sangre y los que frenan las defensas; algunos hay que suspenderlos o cambiarlos temporalmente. El médico tiene que ver la lista completa de lo que usted toma, incluido lo que no lleva receta y lo de herbolario. Y la segunda: no tome las pastillas que le sobraron a un conocido. Los anticuerpos monoclonales que tanto se usaron los primeros años han perdido en gran medida su eficacia frente a las variantes actuales y no sustituyen a los antivirales.
La vacuna: qué aporta ahora
Del contagio en sí la vacuna no protege, porque el virus cambia demasiado, y esa decepción conviene decirla con claridad. Protege de otra cosa: de la enfermedad grave, del ingreso hospitalario y de la muerte, y en eso su efecto se mantiene firme.
La protección se debilita en unos meses, así que las dosis de recuerdo se ofrecen por temporadas y ante todo a quienes más riesgo corren: personas mayores, con las defensas bajas o con enfermedades crónicas, embarazadas y quienes conviven con ellas o las cuidan. La composición de las vacunas se actualiza siguiendo al virus, igual que se hace desde hace décadas con la gripe. A quién y cuándo le toca vacunarse en su país es mejor consultarlo con el médico: las recomendaciones difieren y se modifican.
Cómo se transmite y cómo no pasarlo a otros
El contagio ocurre sobre todo por el aire: quien está enfermo espira partículas diminutas con virus que quedan un rato flotando en la habitación. De ahí una conclusión sencilla: lo que decide no es la superficie de la mesa, sino lo que usted respira. Lo peor es un espacio cerrado, concurrido y sin ventilar; al aire libre el riesgo es incomparablemente menor. Se puede contagiar y contagiarse sin síntomas, estando vacunado y habiendo pasado ya la infección.
- Ventile: una ventana abierta o una ventilación que renueve el aire reduce el riesgo más que cualquier limpieza de superficies.
- Si tiene que salir o ver a alguien de riesgo, póngase mascarilla; una bien ajustada de tipo filtrante funciona bastante mejor que la quirúrgica corriente.
- Tápese la boca y la nariz al toser con el codo o con un pañuelo, y lávese las manos después.
- Avise a quien vaya a entrar en su casa y a quien le vaya a atender de que está enfermo.
- En casa procure dormir aparte y mantener una ventana entreabierta en las zonas comunes.
Cuando después de pasarlo no se mejora
En una parte de las personas las molestias se prolongan meses después de terminada la fase aguda. Lo más frecuente es cansancio, falta de aire con las tareas normales, niebla mental y dificultad para concentrarse, palpitaciones, mareo al levantarse, sueño alterado y pérdida del olfato. El rasgo que lo identifica es el empeoramiento unas horas después o al día siguiente de un esfuerzo, físico o mental. Es más probable tras una enfermedad grave, pero también ocurre después de una leve.
Lo que de verdad funciona no es forzarse a base de voluntad, sino repartir el esfuerzo dejando siempre reserva, aumentarlo muy poco a poco y retroceder cuando algo empeora. Intentar volver de golpe al ritmo de antes suele hacer perder terreno. Y hay que dejarse ver por el médico en lugar de atribuirlo todo a las secuelas: detrás de ese mismo cansancio y esa misma falta de aire puede haber una anemia, un trastorno del tiroides, una falta de hierro o un problema del corazón o del pulmón, cosas que tienen tratamiento y que hay que descartar.
Consulta en línea
A distancia se resuelve lo más frecuente: si el curso es el habitual y puede terminarse en casa o si ya toca una exploración presencial. El médico repasará en qué día de enfermedad está, cómo va la respiración y qué marca el pulsioxímetro si lo tiene, ajustará los medicamentos contando con todo lo que ya toma y explicará qué vigilar en las próximas veinticuatro horas. El asunto más urgente son las personas de riesgo: ahí lo importante es no perder esos pocos días en que el antiviral aún sirve y aclarar de antemano las incompatibilidades con su medicación. En línea se pueden tratar también la tos que no se va, el cansancio y otras secuelas, y decidir qué pruebas hacen falta. Las señales de la lista de urgencias no se valoran a distancia: con ellas se llama directamente a emergencias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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