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Medicamentos comúnmente prescritos para Cólico del lactante
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: CAPSULA, 257,5 mg simeticonaPrincipio activo: siliconesFabricante: Arkopharma Laboratorios S.A.U.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO MASTICABLE, 40 mgPrincipio activo: siliconesFabricante: Laboratorios Normon S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: CAPSULA, 240 MGPrincipio activo: siliconesFabricante: Uriach Consumer Healthcare S.L.No requiere receta
El cólico no es una enfermedad ni un diagnóstico: es una descripción. Un bebé sano de los primeros meses llora durante horas y consolarlo resulta casi imposible. Se pasa solo, por lo general hacia los tres o cuatro meses, y no deja rastro. Lo duro no lo lleva el bebé, sino los padres, por la impotencia y por la idea de que algo están haciendo mal. De ahí que este texto tenga dos partes centrales: cómo distinguir el llanto corriente de aquel que esconde algo serio, y cómo aguantar sin hacerse daño ni al niño ni a uno mismo.
Qué aspecto tiene
Se habla de cólico cuando el bebé llora más de tres horas al día, más de tres días por semana, y eso se mantiene al menos una semana, mientras en todo lo demás está sano, come bien y gana peso. Suele empezar en las primeras semanas de vida, alcanza su punto máximo hacia las seis y se apaga claramente después del tercer mes.
La crisis es reconocible:
- el llanto arranca de golpe, a menudo a la misma hora del día, con preferencia por la tarde-noche;
- es fuerte, tenso, agudo, y los recursos de siempre —el pecho, el balanceo, el chupete— no funcionan;
- el bebé aprieta los puños, se pone rojo, encoge las piernas hacia el vientre o, al revés, arquea la espalda;
- el abdomen se nota tenso, suenan ruidos intestinales y con frecuencia expulsa gases;
- dura de unos minutos a varias horas y se corta tan de repente como empezó.
Entre una crisis y otra es un lactante contento y normal. Ese detalle importa: un bebé que también está apagado y decaído en los intervalos no encaja en la definición de cólico.
Por qué se producen
La respuesta honesta es que no se sabe con certeza. Se manejan la inmadurez del intestino y de sus contracciones, el gas acumulado, la sensibilidad al exceso de estímulos al final del día, las diferencias en la flora intestinal, la manera de mamar y el aire que se traga. Lo más probable es que detrás de un mismo llanto haya causas distintas en niños distintos.
Lo que sí se sabe con seguridad es lo que el cólico no significa. No significa que la madre tenga leche «mala» o «floja», ni que usted no sepa manejar al bebé, ni que lo hayan malacostumbrado a brazos, ni que pase hambre. Lloran los niños de pecho y los de biberón, los primogénitos y los cuartos. Y en casi todos termina solo, dentro de los mismos plazos.
Descarte primero lo sencillo
Antes de dar el llanto por cólico, conviene repasar deprisa la lista de cosas que se resuelven en un minuto:
- hambre, sobre todo en los días de estirón, cuando el bebé pide pecho mucho más a menudo;
- pañal mojado o sucio, un elástico que roza, un pliegue de la ropa, una etiqueta que pincha;
- calor o frío: fíjese en la nuca y el cuello, no en las manos y los pies, que están frescos de forma normal;
- sobrecansancio: a veces el bebé llora precisamente porque hace rato que tocaba dormir;
- necesidad de brazos, sin más explicación y perfectamente normal;
- un pelo o un hilo apretado alrededor de un dedo del pie o de la mano: causa rara pero real de llanto inconsolable, que solo se encuentra si se desnuda al bebé del todo y se revisan los dedos uno a uno;
- una pestaña o una mota en el ojo que ha arañado la córnea: entonces el ojo lagrimea y el bebé cierra los párpados ante la luz.
También se parece al cólico lo que no lo es: las regurgitaciones con dolor y arqueo del reflujo, el estreñimiento y la reacción a la proteína de la leche de vaca. En esta última conviene pensar si al llanto se suman moco o hilos de sangre en las heces, un eccema tenaz, vómitos o mal aumento de peso. No hay que retirar los lácteos de la dieta materna ni cambiar de fórmula a ciegas: es una decisión que se toma con el médico.
Qué ayuda y qué no
No existe un medicamento contra el cólico, pero la crisis se puede suavizar y a veces acortar:
- cójalo en brazos y llévelo consigo: a un bebé de pocos meses no se le puede «malcriar» con brazos, y en cambio sí se le calma con el contacto;
- dé la toma en una postura más erguida y sosténgalo vertical un rato después, para que salga el aire;
- mézalo sobre el hombro, páselo en el cochecito, salga a la calle: el movimiento y el aire fresco funcionan mejor que cualquier gota;
- baño templado, mano tibia sobre el vientre, masaje suave en el sentido de las agujas del reloj;
- un ruido de fondo monótono y luz atenuada: al caer la tarde el bebé suele necesitar menos estímulos, no más;
- siga con la alimentación de siempre; la madre que amamanta no tiene que someterse a dietas restrictivas sin indicación médica.
Y ahora, en qué no vale la pena gastar fuerzas ni dinero. Las gotas anticólico, el agua de anís y las mezclas de hierbas se venden en todas partes, pero no tienen pruebas convincentes a su favor, y algunos preparados vegetales no son siquiera seguros en lactantes. Los probióticos son los más estudiados, y el beneficio, si lo hay, es pequeño y se refiere sobre todo a bebés amamantados: coméntelo con el médico antes de comprar nada.
Hay un recurso que directamente no conviene probar: las manipulaciones de la columna y del cráneo del lactante carecen de beneficio demostrado y pueden hacerle daño.
Cuándo ya no es un cólico
Estos son los signos con los que el llanto no se resuelve en casa. Acuda a urgencias o llame al 112 de inmediato si:
- el llanto es débil y quejumbroso o, al contrario, muy agudo y no se parece en nada al habitual;
- hay fiebre en un bebé de menos de tres meses: por sí sola ya obliga a una valoración urgente;
- aparecen vómitos verdosos, vómitos a chorro o vómitos repetidos con rechazo del alimento;
- hay sangre en las heces, deposiciones parecidas a gelatina de grosella, y las crisis de llanto alternan con palidez y decaimiento en los intervalos: así puede manifestarse una invaginación del intestino, que necesita atención en las primeras horas;
- el abdomen está distendido y duro, o ha salido en la ingle o el escroto un bulto firme y doloroso que no se reduce;
- el bebé está flojo, no termina de despertarse, y la piel se ve pálida, grisácea o moteada;
- una erupción que no palidece al presionarla con el fondo de un vaso;
- respira deprisa, se queja al respirar, se le marcan las costillas al inspirar o los labios se ponen azulados;
- el llanto empezó tras una caída o un golpe, o si al bebé lo han zarandeado.
Sin ser cosa del mismo minuto, lleve al bebé al médico si come peor, moja menos pañales, deja de ganar peso, si el llanto aparece por primera vez pasados los tres o cuatro meses o continúa más allá de los cinco, y también si simplemente nota que algo no va bien. La intuición de un padre es mal motivo para el pánico, pero buen motivo para una revisión.
Cómo aguantarlo los adultos
Horas de llanto agotan, y es normal enfadarse, llorar y querer marcharse. Lo peligroso es otra cosa: intentar sostenerlo a solas hasta el último aliento.
Si nota que ha llegado a su límite, deje al bebé boca arriba en la cuna, donde está seguro, cierre la puerta y salga unos minutos. Un bebé que llora en su cuna está a salvo; un bebé en brazos de alguien que ya no se controla, no. No sacuda nunca a un lactante. Unos segundos de sacudidas bastan para dañar el cerebro de forma irreversible, y casi siempre ocurre no con gente cruel, sino con gente exhausta.
Túrnense entre los dos, pidan a la familia que les cubra aunque sea una hora de sueño, digan en voz alta lo mal que lo están pasando. Si la angustia y el desánimo no aflojan ni cuando el bebé ya se ha calmado, dígaselo al médico: la depresión posparto se trata, y pedir ayuda aquí forma parte de cuidar del niño. Y tenga presente lo esencial: el cólico se acaba, y encima en un plazo previsible.
Consulta en línea
A distancia se hace justo aquello para lo que cuesta tanto salir de casa con un bebé: repasar con calma si el llanto encaja con un cólico o si hay algo que inquiete. El médico preguntará por el ritmo del día, las tomas, las deposiciones y el peso, verá al niño y cómo se comporta en un rato tranquilo, sugerirá qué probar esta misma tarde y explicará qué señales vigilar. Es también el momento de plantear la sospecha de reflujo o de reacción a la proteína de la leche de vaca y decidir si hace falta una exploración presencial. Los signos de la lista anterior no se tratan por pantalla: con ellos se va directamente a urgencias.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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