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Cáncer de estómago

Lo característico de esta enfermedad no es que sea rara ni especialmente temible, sino que durante mucho tiempo se disfraza de algo corriente.

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

Lo característico de esta enfermedad no es que sea rara ni especialmente temible, sino que durante mucho tiempo se disfraza de algo corriente. Los primeros meses la persona nota ardor, pesadez después de comer, eructos: exactamente lo que millones de personas atribuyen a una «gastritis» y tratan con pastillas compradas por su cuenta. A menudo incluso funciona, porque al bajar el ácido el ardor cede. Por eso aquí importa menos la lista de síntomas que una sola regla: las molestias digestivas tercas, que no se van con el tratamiento o que reaparecen en cuanto se suspende, no se vuelven a recetar, se miran una vez con una cámara. Un tumor descubierto pronto en la pared del estómago se trata de forma muy distinta a ese mismo tumor un año más tarde.

Por qué todo empieza pareciendo un simple ardor

Las molestias iniciales son inespecíficas: por ellas no se distingue un cáncer de una inflamación o de una úlcera. Lo habitual es:

  • ardor y reflujo ácido a los que uno acaba acostumbrándose;
  • pesadez y sensación de plenitud en la boca del estómago, saciedad con unas pocas cucharadas;
  • eructos frecuentes, náuseas y, de vez en cuando, vómitos;
  • dolor sordo en la parte alta del abdomen sin relación clara con las comidas;
  • pérdida de apetito, sobre todo rechazo a la carne;
  • cansancio y falta de aire al esfuerzo, que es como se manifiesta una pérdida de sangre oculta.

La diferencia con la úlcera y la gastritis no está en el repertorio de sensaciones, sino en cómo se comportan. El dolor de la úlcera suele ir ligado a la comida: aparece en ayunas y se calma al comer, o al revés, surge una hora después de comer, y responde bien al tratamiento, de modo que en dos o tres semanas se nota una mejoría clara. Las molestias del tumor no siguen esa lógica: son monótonas, se prolongan durante semanas y crecen despacio, y los fármacos que reducen la acidez solo alivian de forma parcial y pasajera. Si ya le han prolongado el tratamiento por segunda o tercera vez porque «no acaba de irse», eso es motivo para una gastroscopia, no para una cuarta tanda de pastillas.

Señales con las que no se puede tratar a ciegas

Hay síntomas ante los cuales el estudio no se aplaza, sea cual sea el diagnóstico que figure en la historia clínica. Pida cita en los próximos días si aparece aunque sea uno:

  • dificultad para tragar: la comida pasa peor, se atasca, hay que ayudarse con líquidos;
  • pérdida de peso que usted no explica por dieta ni por ejercicio;
  • vómitos persistentes o repetidos, en especial de comida del día anterior;
  • un bulto que se palpa en la parte alta del abdomen;
  • debilidad creciente, palidez, mareo: son signos de anemia;
  • molestias de estómago que aparecen por primera vez a una edad avanzada.

Aparte están los motivos para llamar a una ambulancia sin esperar a la mañana siguiente: vómito de sangre roja o de un material oscuro parecido a los posos del café; heces negras, pegajosas y de olor muy fuerte; dolor abdominal repentino e intenso con el vientre duro como una tabla, que duele incluso al rozarlo; desmayo o sudor frío junto con el dolor de estómago. Así se presentan la hemorragia y la perforación de la pared. En ese estado no se conduce: pida que le lleven o llame a una ambulancia; en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania funciona para ello el número único europeo 112. Lleve consigo la lista de los medicamentos que toma.

Helicobacter y lo demás que influye en el riesgo

El factor más importante es precisamente aquel sobre el que se puede actuar: Helicobacter pylori, una bacteria que vive en el moco que recubre la superficie del estómago. Mantiene durante años una inflamación de bajo grado que en una parte de las personas adelgaza y transforma la mucosa, y ese es el terreno en el que puede surgir un tumor. Ser portador es muy frecuente y por sí solo no significa una desgracia: a la mayoría de los infectados no les ocurrirá nada. Pero es la única causa de la lista que se detecta con un análisis sencillo y se elimina con un tratamiento de dos semanas. La infección se busca con la prueba del aliento con urea, con la detección del antígeno de la bacteria en heces o con una biopsia tomada durante la gastroscopia; los anticuerpos en sangre sirven mal para esto, porque siguen positivos mucho después de la curación.

El resto pesa menos, pero se va sumando:

  • el tabaco, que por su aportación va justo detrás de la infección;
  • una alimentación con mucha sal, encurtidos, ahumados y curados y con pocas frutas y verduras;
  • el alcohol habitual y el exceso de peso importante;
  • la gastritis atrófica con metaplasia intestinal, la gastritis autoinmune y la anemia por déficit de vitamina B12 asociada a ella;
  • las cirugías previas de estómago y los pólipos gástricos;
  • cáncer de estómago en padres o hermanos y, en raras ocasiones, síndromes hereditarios en los que el tumor aparece a edades jóvenes, situación en la que se ofrece consejo genético a la familia;
  • el trabajo sin protección con polvo de carbón, caucho y determinados productos químicos.

Con todo, puede enfermar alguien que no reúna ni uno solo de estos puntos. Tener o no factores de riesgo no anula la necesidad de estudiar unos síntomas.

Cómo se averigua lo que pasa en el estómago

La exploración principal es la gastroscopia. Se introduce por la boca un tubo fino y flexible con una cámara hasta el estómago; el médico observa la mucosa y toma fragmentos de tejido. La prueba dura alrededor de un cuarto de hora, la garganta se anestesia con un espray y, si se desea, se administra una sedación ligera para pasar el rato dormido. El diagnóstico no lo da la imagen en la pantalla, sino el laboratorio: solo el estudio de esos fragmentos distingue una inflamación de un tumor e indica de qué tipo es. De paso, el médico ve el esófago y el comienzo del duodeno.

Si se confirma el tumor, el siguiente paso es saber hasta dónde llega, porque de eso depende el tratamiento. Suele hacerse una tomografía computarizada de tórax, abdomen y pelvis, con frecuencia una ecoendoscopia para ver cuánto ha profundizado en la pared y, a veces, un PET. En casos concretos se hace una laparoscopia diagnóstica, una intervención pequeña en la que se mira dentro del abdomen con una cámara a través de una incisión mínima. Se piden también análisis de sangre corrientes, con hemoglobina y estudio del hierro. El material del tumor se examina además para buscar marcadores de los que depende que puedan emplearse los fármacos más modernos.

Cómo se trata

El plan no lo decide un solo médico, sino un equipo: cirujano, oncólogo, radioterapeuta, endoscopista y patólogo. La combinación depende de la profundidad, de la localización del tumor, de su tipo y de su estado general.

  • Extirpación endoscópica. Los tumores más precoces, que no han pasado de las capas superficiales, a veces se retiran durante la propia gastroscopia, sin abrir el abdomen.
  • Cirugía. Se extirpa parte del estómago o el órgano entero junto con los ganglios vecinos y, si hace falta, zonas de órganos contiguos. Después se reconstruye el tránsito digestivo. La recuperación lleva meses.
  • Quimioterapia. Con frecuencia se administra en ciclos antes de la cirugía, para reducir el tumor, y se repite después para disminuir la probabilidad de que la enfermedad vuelva.
  • Radioterapia. Se usa menos, por lo común junto con la quimioterapia o para aliviar determinados síntomas.
  • Fármacos dirigidos e inmunoterapia. Se indican cuando en el tumor se encuentran las dianas correspondientes, sobre todo en enfermedad avanzada y combinados con quimioterapia.

Durante el tratamiento y después se programan revisiones y pruebas periódicas. Si entre una cita y otra aparecen síntomas nuevos o efectos secundarios intensos, no hay que esperar a la fecha prevista: avise de inmediato a su equipo.

Qué cambia en la comida y en el peso

Adelgazar en esta enfermedad no es una cuestión estética, sino un factor del que depende cómo tolerará el tratamiento. Por eso el dietista forma parte del equipo igual que el cirujano, y conviene acudir a él desde el principio y no cuando el peso ya ha caído.

Después de extirpar una parte del estómago o el órgano completo, la forma habitual de comer deja de servir: hay que hacer porciones pequeñas seis u ocho veces al día, masticar despacio y beber fuera de las comidas. A muchas personas les aparece el síndrome de vaciamiento rápido, con debilidad, palpitaciones, sudoración y diarrea poco después de una comida dulce o copiosa; se controla ajustando la composición de las tomas. Cuando se ha quitado todo el estómago, la vitamina B12 deja de absorberse y se administra de por vida en inyecciones; también se vigilan el hierro, el calcio y la vitamina D. Todo ello tiene solución, pero requiere acompañamiento y no dietas sacadas de internet.

Si el tumor no se puede extirpar

A veces la enfermedad se descubre extendida y no es posible curarla. Eso no quiere decir que ya no haya tratamiento. La quimioterapia y los fármacos actuales pueden frenar el tumor y prolongar la vida, y hay intervenciones que resuelven problemas concretos: cuando se estrecha la salida del estómago se coloca una prótesis o se crea un paso alternativo para los alimentos, una hemorragia se detiene por vía endoscópica y el dolor se controla con una pauta analgésica bien ajustada.

Esta asistencia se llama paliativa y no es el «ya no se hace nada», sino una especialidad dedicada a que la persona viva mejor. Conviene incorporarla pronto, en paralelo al tratamiento principal: así los síntomas se controlan mejor y hay menos ingresos imprevistos. El apoyo alcanza también a los allegados, porque la carga recae igualmente sobre ellos.

Consulta en línea

La consulta a distancia sirve en todas las etapas salvo en la urgente. Antes del diagnóstico, el médico repasará sus molestias, verá si encajan en un ardor común o si entre ellas hay señales de alarma, le explicará para qué se hace la gastroscopia y cómo prepararse, y le dará la orden para buscar Helicobacter. Otra utilidad es descifrar informes ya emitidos: expresiones como «atrofia», «metaplasia intestinal» o «displasia de bajo grado» suenan todas igual de inquietantes y sin embargo significan cosas muy distintas y conductas de seguimiento distintas. Durante el tratamiento, en línea resulta cómodo hablar de los efectos secundarios, de la alimentación, de la recuperación tras la cirugía y de las preguntas que siempre surgen al salir de la consulta. Lo que no cabe en un chat es intentar dejar pasar un vómito con sangre, unas heces negras o un dolor abdominal repentino e intenso: eso se habla con una ambulancia.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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