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Cáncer

El cáncer no es una enfermedad, sino una familia numerosa —más de doscientas— con un mecanismo común: una célula deja de obedecer las órdenes del organismo y…

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

El cáncer no es una enfermedad, sino una familia numerosa —más de doscientas— con un mecanismo común: una célula deja de obedecer las órdenes del organismo y empieza a dividirse por su cuenta. Puede surgir en cualquier órgano y también en la sangre, la médula ósea y el sistema linfático. Las fases iniciales transcurren casi siempre en silencio, así que lo que se pide a cada persona es poco pero importante: fijarse en los cambios que antes no estaban y no aplazar la conversación con el médico. La mayoría de los signos preocupantes acaban correspondiendo a procesos mucho más inofensivos, pero eso solo se sabe después de comprobarlo.

Cómo una célula corriente se convierte en tumor

Cuándo debe dividirse una célula y cuándo dejar sitio a otra nueva lo deciden mecanismos escritos en el ADN. El ADN se daña constantemente: por el humo del tabaco, la radiación ultravioleta, algunos virus y sustancias químicas y, sobre todo, por simples errores al copiarse. Casi todas esas averías se reparan o terminan con la muerte de la célula defectuosa. Pero si los errores se acumulan en determinados genes, la célula gana la capacidad de dividirse sin freno y de ignorar la orden de autodestruirse.

Un cúmulo de células así forma un tumor. El benigno crece en su sitio, apartando los tejidos vecinos, y por lo general no amenaza la vida. El maligno invade los tejidos de alrededor y los destruye, y algunas células se desprenden y viajan por la sangre o la linfa hasta anidar en otros órganos: son las metástasis. Esa capacidad de invadir y diseminarse es lo que separa al cáncer de un bulto inofensivo, y por eso el tamaño del tumor importa menos que su estadio.

Signos generales que no conviene achacar al cansancio

  • un bulto o una hinchazón nuevos en cualquier parte del cuerpo, sobre todo si son duros y no se desplazan;
  • pérdida de peso sin dieta y sin explicación;
  • cansancio que no se pasa con descanso ni con sueño;
  • fiebre o sudores nocturnos abundantes que se prolongan semanas o reaparecen;
  • dolor en algún punto que persiste y no se parece al dolor habitual;
  • hematomas sin golpes o sangrados de origen desconocido.

Ninguno de estos signos significa por sí solo un cáncer. Lo que cuenta es otra cosa: que hayan aparecido por primera vez, que duren más de tres o cuatro semanas y que no tengan una explicación evidente.

Síntomas ligados a un órgano concreto

  • Piel. Un lunar nuevo o el cambio de uno antiguo: crecimiento, bordes irregulares, color desigual, picor, sangrado. Una llaga que no cicatriza en meses. Color amarillento de la piel y del blanco de los ojos; en pieles oscuras el amarillo se aprecia mejor en los ojos.
  • Digestión. Hinchazón abdominal prolongada, ardor de estómago que antes no aparecía, diarrea o estreñimiento durante semanas, sangre en las heces o heces negras y pegajosas.
  • Boca y garganta. Una llaga que no cura en tres semanas, manchas blancas o rojas en la mucosa, ronquera de más de tres semanas, dificultad o dolor al tragar.
  • Pulmones. Tos que dura un mes o más o que ha cambiado de carácter, falta de aire creciente, sangre en el esputo, neumonías repetidas en el mismo sitio.
  • Vías urinarias. Sangre en la orina, aunque sea una sola vez y sin dolor. Orinar con más frecuencia o con dificultad, chorro débil, levantarse por la noche.
  • Esfera genital. Sangrado entre reglas, después de las relaciones y, sobre todo, cualquier sangrado tras la menopausia. Flujo distinto del habitual. Un bulto en el testículo, sangre en el semen, una llaga en el pene que no cura.
  • Mama. Un bulto en el pecho o en la axila, hundimiento de la piel o del pezón, cambio de forma, secreción por el pezón, enrojecimiento y descamación persistentes alrededor del pezón. También en los hombres.

Cuándo no se puede esperar

Algunas situaciones no piden una cita ordinaria, sino atención en cuestión de horas o de días.

  • sangrado abundante: por el recto, por la vagina, al toser o al vomitar;
  • falta de aire brusca e intensa con hinchazón de la cara y el cuello y venas marcadas en cuello y tórax;
  • dolor de espalda creciente con adormecimiento o debilidad en las piernas o pérdida de control de la orina o las heces: en alguien con un cáncer conocido indica compresión de la médula espinal y es una urgencia real, la atención debe llegar en horas o el daño se vuelve irreversible;
  • confusión repentina, vómitos incoercibles, sed intensa y debilidad en una persona con enfermedad tumoral;
  • temperatura por encima de 38 °C en alguien que ha recibido quimioterapia hace poco, aunque no tenga ninguna otra molestia.

Qué influye en el riesgo y qué se puede hacer

Puede enfermar cualquiera y, en un caso concreto, casi nunca se puede señalar la causa. Pero los factores que desplazan la probabilidad se conocen y algunos se pueden modificar.

  • Edad. El factor principal y el único inmodificable: los errores del ADN se acumulan con los años.
  • Tabaco. Ligado no solo al pulmón, sino también a la laringe, el esófago, la vejiga y el páncreas. Dejarlo reduce el riesgo a cualquier edad y con cualquier historial.
  • Alcohol. No se ha establecido una dosis segura; el riesgo empieza a subir desde cantidades pequeñas.
  • Exceso de peso y sedentarismo. La referencia son al menos 150 minutos de actividad moderada por semana, verduras y cereales integrales en el plato y menos carne procesada.
  • Radiación ultravioleta. Sombra, ropa, crema de factor 30 o superior y nada de cabinas de bronceado.
  • Virus. El virus del papiloma humano y las hepatitis B y C. Contra los dos primeros hay vacuna, uno de los pocos casos en que una vacuna previene directamente un cáncer.
  • Antecedentes familiares. Si varios parientes cercanos tuvieron el mismo tipo de cáncer o lo desarrollaron jóvenes, conviene hablar con el médico de un estudio genético.
  • Trabajo y entorno. Amianto, polvo industrial, radón en sótanos, aire contaminado.
  • Enfermedades crónicas. Reflujo ácido de larga evolución, enfermedad inflamatoria intestinal, hepatitis crónica.

Aparte está el cribado: pruebas dirigidas a personas sin síntomas. Los programas varían según el país, pero suelen incluir la citología cervical, la mamografía, el análisis de sangre oculta en heces o la colonoscopia y, en algunos lugares, la tomografía de baja dosis para fumadores de muchos años. La idea es encontrar los cambios antes de que den síntomas, cuando el tratamiento es más sencillo y el resultado mejor. Si le llega una invitación, acuda.

Cómo se llega al diagnóstico y por qué lo decide la biopsia

El recorrido suele ser el mismo: exploración y preguntas, después análisis de sangre e imágenes —ecografía, radiografía, tomografía, endoscopia—. Todo eso muestra dónde está la lesión y hasta dónde llega, pero ninguna imagen dice con certeza si es maligna. La respuesta la da únicamente la biopsia: tomar un fragmento de tejido y examinarlo al microscopio. Ahí mismo se determinan el subtipo y las características de las que depende la elección del tratamiento.

Conviene decir claramente algo sobre un error muy extendido: los análisis de sangre de marcadores tumorales no sirven para revisar a una persona sana. Se elevan con inflamaciones y procesos benignos y se mantienen normales en parte de los tumores, de modo que pedirlos «por si acaso» produce o una falsa alarma con una cascada de pruebas innecesarias, o una falsa tranquilidad. Se emplean para seguir una enfermedad ya diagnosticada, no en lugar del cribado.

En qué consiste el tratamiento

El plan depende del tipo de tumor, del estadio, de la localización y del estado de la persona, así que no hay esquemas iguales. El tumor se extirpa con cirugía, se irradia o se ataca con medicamentos: quimioterapia, que golpea a las células que se dividen deprisa; fármacos dirigidos contra una alteración concreta; inmunoterapia, que ayuda al sistema inmunitario a reconocer el tumor; y tratamiento hormonal en los tumores sensibles a las hormonas. Lo habitual es combinarlos.

La decisión no la toma un solo médico, sino un equipo: oncólogo, cirujano, radioterapeuta, patólogo. Cuando la curación completa no es posible, el tratamiento se orienta a frenar la enfermedad y a que la persona viva más tiempo y con menos sufrimiento; el control del dolor y los cuidados de apoyo son parte plena del plan, no la señal de que se ha renunciado al paciente.

Consulta en línea

En la consulta en línea el médico analizará con detalle qué le ha alarmado: desde cuándo tiene el síntoma, si ha cambiado, si hay casos parecidos en la familia. Le explicará qué pruebas tiene sentido hacer y en qué orden, le ayudará a interpretar los análisis e imágenes que ya tenga y le orientará sobre a qué especialista acudir presencialmente y con qué urgencia. Si ya está en tratamiento, la consulta sirve para comentar los efectos adversos y saber cuáles obligan a buscar atención inmediata.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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