Brazo o muñeca rotos
El brazo se fractura más que cualquier otra parte del cuerpo, y casi siempre por el mismo motivo: alguien se cae y en el último instante extiende la mano para…
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El brazo se fractura más que cualquier otra parte del cuerpo, y casi siempre por el mismo motivo: alguien se cae y en el último instante extiende la mano para amortiguar el golpe. La mayor parte de la fuerza la recibe el radio, justo por encima de la muñeca; es la fractura más frecuente en adultos. Con menos frecuencia se rompen los huesos pequeños de la mano, el codo o el húmero. Distinguir en el momento una fractura de un esguince grave suele ser imposible: lo decide la radiografía. De ahí una regla sencilla: tras una lesión llamativa del brazo, mejor acudir y oír que el hueso está intacto que pasar una semana con una fractura sin diagnosticar.
Cómo distinguir una fractura de una contusión fuerte
No existe un método casero fiable, pero algunos signos aumentan mucho la probabilidad de que el hueso esté roto:
- el dolor apareció de inmediato y no cede en reposo, y no es posible apoyar el brazo;
- la hinchazón crece en los primeros minutos y no al cabo de unas horas;
- el contorno del brazo ha cambiado: se aprecia un escalón, una curvatura o un ángulo extraño;
- no se consigue girar la mano o el antebrazo con la palma hacia arriba y hacia abajo;
- el dolor a la presión se concentra en un punto concreto del hueso, en lugar de repartirse por los tejidos blandos.
También abundan las situaciones engañosas. Una fisura sin desplazamiento duele de forma moderada, el brazo conserva movilidad y el hematoma sale al segundo día, así que la lesión se atribuye a un golpe. En personas mayores y en niños el hueso puede romperse con una caída desde la propia altura, y a veces sin caída alguna: si la fractura se produjo con un esfuerzo mínimo, conviene hablar aparte con el médico sobre la resistencia de los huesos.
Cuándo hace falta atención urgente
Hay que ir a urgencias sin esperar a la mañana siguiente ante cualquiera de estos signos:
- el hueso asoma por la herida o la herida está justo encima del foco de fractura;
- el brazo o la muñeca están claramente deformados y la mano cuelga en un ángulo antinatural;
- los dedos se han dormido, están pálidos o fríos, o ya no se mueven;
- la hemorragia no se detiene al presionar;
- el dolor crece con rapidez y no guarda ninguna proporción con el aspecto de la lesión.
No conduzca usted mismo: pida a alguien que le lleve o llame al servicio de emergencias, el 112. Durante el trayecto no coma ni beba nada; si hiciera falta anestesia general, el estómago lleno retrasaría la intervención. Lleve la lista de los medicamentos que toma a diario y avise enseguida al médico si entre ellos hay anticoagulantes.
El escafoides: la fractura que más se pasa por alto
Conviene conocerla de antemano, porque el precio del error es alto. El escafoides es un hueso pequeño de la muñeca, situado en la base del pulgar. Se rompe con esa misma caída sobre la mano extendida, pero se comporta de forma engañosa: el brazo no se deforma, la hinchazón es escasa y la persona sigue usando la mano convencida de haberse forzado un ligamento.
El signo sospechoso es uno: dolor en la pequeña depresión de la base del pulgar, que aparece al separar el dedo hacia fuera. A eso se suma el dolor al cerrar el puño con fuerza o al coger algo en pinza.
La dificultad principal es que, en los primeros días, una fractura reciente del escafoides a menudo no se ve en la radiografía. Una placa normal no descarta nada aquí. Por eso, ante ese dolor característico, la muñeca se inmoviliza y se repite la radiografía una o dos semanas después, o bien se solicita directamente una tomografía computarizada o una resonancia magnética.
Este hueso recibe la sangre por un solo extremo, y la fractura interrumpe con facilidad esa entrada. Un escafoides roto y no tratado consolida mal, y una parte del hueso puede morir: aparecen dolor crónico y artrosis precoz de la muñeca, que ya solo se corrige con cirugía. Si una muñeca lesionada sigue doliendo más de dos semanas, vuelva al médico y mencione esta sospecha en voz alta.
Qué hacer mientras llega al médico
El objetivo de los primeros auxilios es modesto: reducir la hinchazón y no empeorar las cosas.
- quítese anillos, pulseras y reloj del brazo afectado en los primeros minutos: después la hinchazón lo impedirá;
- sostenga el brazo con un pañuelo o una bufanda doblada, de modo que el antebrazo quede horizontal y la mano algo más alta que el codo;
- aplique frío envuelto en un paño durante 15–20 minutos y repita cada dos o tres horas; el hielo nunca va directamente sobre la piel;
- cubra la herida con una gasa limpia y contenga el sangrado presionando por encima del apósito;
- para el dolor sirve el paracetamol; sobre los antiinflamatorios es mejor preguntar al médico.
Lo que no debe hacerse: intentar recolocar el brazo por cuenta propia, «probar» hasta dónde se mueve, comprobar la resistencia de la articulación o apretar un vendaje elástico. Si asoma hueso por la herida, no lo toque ni intente introducirlo de nuevo; basta con cubrirlo con un paño estéril.
Qué ocurre en urgencias
Se empieza por la exploración y la analgesia, y después se hace una radiografía en dos proyecciones. La placa muestra si hay fractura, si los fragmentos se han separado y si la línea entra en la articulación; de eso depende todo lo demás.
Si los fragmentos se han desplazado, se recolocan. Se hace con anestesia local o una sedación breve, manualmente, y a continuación se inmoviliza con un yeso o un material sintético. A veces los primeros días el brazo se mantiene en una férula abierta y el yeso se coloca más tarde, cuando baja la hinchazón, para que el vendaje no comprima los tejidos.
La cirugía no siempre es necesaria, aunque tampoco es rara: se plantea en las fracturas abiertas, en las que entran en la articulación, en las conminutas y cuando los fragmentos no se mantienen en su sitio. Los huesos se fijan con una placa y tornillos, con agujas o con un clavo intramedular.
Se vuelve a casa con analgésicos y con la fecha de una radiografía de control. Ese control no es un trámite: los fragmentos pueden desplazarse dentro del yeso durante la primera o la segunda semana, y solo la radiografía lo detecta.
El yeso, la recuperación y lo que debe alarmar
El yeso de muñeca suele llevarse de cuatro a seis semanas; en el antebrazo y el húmero, más tiempo. La recuperación completa lleva unos dos o tres meses, y se alarga hasta medio año cuando la articulación está afectada o la persona es mayor.
Mientras el brazo esté escayolado, manténgalo elevado, por la noche apóyelo en un cojín y mueva los dedos y el hombro cada hora: es lo mejor contra la hinchazón y la rigidez. El vendaje no debe mojarse; en las farmacias venden fundas impermeables para la ducha. No introduzca nada bajo el yeso para rascarse: un arañazo ahí dentro se infecta con facilidad, y una aguja de tejer no se recupera después.
Acuda de inmediato al médico si el dolor bajo el yeso no disminuye sino que aumenta día tras día, si los dedos se hinchan, se ponen morados o pálidos, pierden sensibilidad, o si aparece ardor o sensación de tensión insoportable. Así se manifiesta la compresión de los tejidos dentro de un compartimento que no cede: el yeso o la propia fascia. Sin atención a tiempo, esto termina en muerte muscular y pérdida permanente de la función de la mano, de modo que no se puede esperar a la mañana ni a la cita programada. La misma urgencia tiene un dolor súbito e intenso en el antebrazo muy vendado, incluso sin yeso.
Al retirar la inmovilización el brazo tiene un aspecto raro: está más delgado, más débil, se dobla mal y la piel se descama. Es normal y reversible. La rigidez cede con los ejercicios diarios que indica el médico o el fisioterapeuta, y la fuerza es lo último en volver: eso lleva meses. No fuerce la carga a través del dolor ni empiece con pesas; primero el recorrido del movimiento, después la fuerza.
Consulta en línea
La consulta en línea no sustituye a una radiografía, pero ayuda a no perder tiempo ni a gastarlo en balde. El médico repasará cómo se produjo exactamente la lesión y valorará, por la descripción y una fotografía, qué probabilidad hay de fractura y si conviene acudir a urgencias ya mismo. Si la radiografía está hecha, ayudará a entender el informe y a saber qué esperar. Vale la pena consultar también si el brazo sigue doliendo más de dos semanas después del golpe, si el yeso parece demasiado apretado o, al contrario, se ha aflojado, y si tras retirarlo la movilidad no vuelve: el médico indicará qué ejercicios son seguros y en qué momento hace falta una revisión presencial.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.




