Aterosclerosis
La aterosclerosis es un cambio lento de la pared de las arterias, en cuyo interior crecen placas duras formadas por colesterol, células inmunitarias y tejido…
En esta página
Medicamentos comúnmente prescritos para Aterosclerosis
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 20 MGPrincipio activo: atorvastatinaFabricante: Laboratorios Combix S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 10 mgPrincipio activo: SimvastatinaFabricante: Lacer S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 40 mgPrincipio activo: atorvastatinaFabricante: Sandoz Farmaceutica S.A.Requiere receta
La aterosclerosis es un cambio lento de la pared de las arterias, en cuyo interior crecen placas duras formadas por colesterol, células inmunitarias y tejido conjuntivo. La luz del vaso se estrecha, al órgano le llega menos sangre y la propia placa puede romperse y cortar el flujo por completo. El proceso empieza mucho antes de las primeras molestias, a veces ya en la juventud, y avanza durante años en silencio. Lo importante es que su velocidad depende sobre todo de lo que la persona hace cada día.
Qué ocurre dentro de la pared arterial
Todo empieza con una lesión del revestimiento interno del vaso. Lo desgastan la tensión alta, el humo del tabaco, el azúcar elevado en sangre y la inflamación crónica. En la zona dañada penetran partículas de colesterol de baja densidad, hacia ellas acuden las células inmunitarias y así nace la placa: al principio blanda, con un núcleo graso, y más tarde dura, con calcio.
A partir de ahí caben dos desenlaces. La placa crece despacio y estrecha la luz poco a poco: entonces al órgano le falta oxígeno con el esfuerzo y la persona lo nota como dolor o falta de aire que cede con el reposo. O bien la fina cubierta de la placa se rompe, sobre la rotura se forma un trombo en cuestión de minutos y la arteria se cierra: así ocurren el infarto y la mayoría de los ictus. De ahí una conclusión poco intuitiva: no es tan peligroso el grosor de la placa como su fragilidad. Una placa pequeña y blanda se rompe más a menudo que un estrechamiento duro que lleva años sin cambiar.
Dónde da la cara la enfermedad
Las arterias se afectan en todo el cuerpo, pero las molestias dependen de qué territorio se ha estrechado más.
- Corazón. Opresión, ardor o peso detrás del esternón al subir escaleras, con frío o después de comer; cede tras unos minutos de reposo. A veces, en lugar de dolor, solo aparece falta de aire o una debilidad desacostumbrada.
- Piernas. Dolor en los músculos de la pantorrilla o del muslo que aparece más o menos a la misma distancia caminando y obliga a pararse. Después llegan los pies fríos, la caída del vello en las piernas y las heridas que no terminan de curar.
- Cuello y cerebro. Debilidad pasajera de un brazo, boca torcida, habla confusa o pérdida de visión en un ojo, todo ello resuelto por sí solo en minutos. Ese episodio no es «una falsa alarma», sino el aviso de un ictus que se está preparando.
- Abdomen. Dolor sordo media hora después de comer, por el que la persona acaba temiendo la comida y perdiendo peso.
- Riñones. Tensión arterial que deja de responder a los fármacos de siempre.
En buena parte de las personas no hay ninguna molestia hasta el primer episodio agudo. Por eso la aterosclerosis no se busca por los síntomas, sino por los factores de riesgo.
Qué acelera el proceso
- fumar, en cualquier forma de inhalar tabaco o nicotina: es la manera más rápida de estropear el revestimiento de los vasos;
- colesterol de baja densidad alto con el «protector» bajo;
- tensión arterial elevada, incluida la que no se nota en absoluto;
- diabetes y prediabetes: el exceso de azúcar daña los vasos de forma directa;
- exceso de peso, sobre todo con aumento del perímetro abdominal, y vida sedentaria;
- enfermedad renal crónica e inflamación prolongada: artritis reumatoide, psoriasis, infecciones no tratadas;
- la edad, el sexo masculino y los episodios vasculares precoces en familiares directos: eso no se cambia, pero con ello el listón para todo lo demás baja.
Merece mención aparte una causa poco frecuente pero importante: la hipercolesterolemia familiar. Es un fallo hereditario por el que el colesterol es alto desde el nacimiento y las arterias envejecen dos o tres décadas antes de tiempo: el infarto es posible entre los 35 y los 45 años en alguien sin ningún hábito nocivo. Deben alertar un colesterol muy alto que apenas se mueve con la dieta; infartos o muerte súbita en familiares antes de los 55 años en hombres y de los 60 en mujeres; nódulos amarillentos y duros en los tendones, engrosamientos en los párpados y un anillo claro en el borde del iris en edad joven. Aquí el problema no es la alimentación, y conviene estudiar a toda la familia, incluidos los niños.
Señales que obligan a llamar a urgencias
- dolor opresivo o quemante en el pecho de más de 15 minutos, irradiado al brazo, el cuello, la mandíbula o la espalda, con sudor frío, náuseas y sensación de miedo;
- boca torcida, debilidad de un brazo o una pierna de un lado, habla ininteligible, pérdida brusca de visión o de equilibrio, aunque ya haya pasado;
- dolor intenso y repentino en una pierna o un brazo, con la piel pálida o moteada, el miembro frío, dormido y con dificultad para moverse;
- dolor abdominal brusco, mucho más intenso de lo que cabría esperar por la exploración, sobre todo si el pulso es irregular;
- falta de aire grave y repentina en reposo.
Llame al 112 o al número local de emergencias. No conduzca usted mismo ni espere a que «se pase»: con una arteria cerrada el tiempo se cuenta en minutos.
Qué muestran las pruebas
El primer paso es sencillo y barato: tensión en ambos brazos, perfil lipídico, glucosa y hemoglobina glicosilada, función renal y electrocardiograma. A eso el médico suma el peso, los años de tabaco y los antecedentes familiares; todo junto da el riesgo de los próximos años, y ese riesgo decide con qué intensidad hay que tratar.
Después, según el caso. La ecografía de las arterias del cuello y de las piernas muestra las placas y la velocidad del flujo, y la comparación de la tensión en el brazo y en el tobillo indica si las arterias de las piernas están permeables. Ante un dolor torácico se hace una prueba de esfuerzo, una ecografía cardíaca y, si hace falta, una tomografía de las arterias coronarias o una coronariografía. El calcio de la pared se ve en la tomografía y afina el pronóstico cuando el riesgo queda en la frontera.
Qué puede conseguir el tratamiento
Eliminar las placas por completo no es posible, y prometer lo contrario sería deshonesto. Pero el tratamiento frena el crecimiento de la placa y hace su cubierta más resistente, es decir, reduce la probabilidad de rotura y de trombo.
La base del tratamiento farmacológico son las estatinas; si el efecto es insuficiente, el médico añade fármacos de otros grupos hipolipemiantes. También se emplean medicamentos para la tensión, antiagregantes y fármacos para controlar el azúcar en la diabetes. Las dosis y las combinaciones las elige el médico según el riesgo y la tolerancia, por eso la pauta de otra persona no sirve.
Sobre las estatinas circulan muchos miedos. El dolor muscular existe, pero su causa suele ser otra, y solo se aclara junto al médico cambiando el fármaco o la dosis. Suspenderlas por cuenta propia es lo peor: el riesgo vuelve al punto de partida en pocas semanas.
Cuando la luz del vaso está críticamente cerrada se plantea una intervención: un stent, un baipás o, ante una placa peligrosa en el cuello, su extirpación. Para el dolor de piernas funciona además un método sin fármacos: caminar con regularidad hasta que aparezca el dolor, con paradas breves. Con el tiempo se desarrollan vasos alternativos y la distancia aumenta.
Hábitos que cambian el pronóstico
- dejar de fumar del todo: es lo que empieza a notarse ya en los primeros meses;
- caminar, nadar o pedalear unos 150 minutos por semana, de forma regular y no a rachas;
- menos grasa saturada y bollería industrial, más verdura, legumbres, frutos secos, pescado y aceite de oliva;
- el alcohol no protege las arterias: cuanto menos, mejor;
- medirse la tensión en casa y anotar las cifras en lugar de guiarse por las sensaciones;
- dormir lo suficiente y estudiar la respiración durante el sueño si hay ronquido fuerte con pausas;
- tomar la medicación pautada de forma continua, también cuando uno se encuentra bien.
Consulta en línea
En la consulta en línea el médico repasa sus molestias y sus antecedentes familiares, valora el riesgo con los análisis que ya tenga, le explica qué pruebas hacen falta y en qué orden, le ayuda a entender los fármacos pautados y sus efectos adversos y le indica cuándo conviene acudir presencialmente al cardiólogo o al cirujano vascular.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Aterosclerosis
Comenta tus síntomas y los posibles siguientes pasos para Aterosclerosis con un médico online.






