Artritis reumatoide
Cuando las articulaciones duelen y se hinchan, lo primero que se piensa suele ser lo mismo: la edad, el desgaste, hay que cuidarse.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Artritis reumatoide
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE PERFUSION, 600 mg/100 mlPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: B Braun Medical S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 200 mgPrincipio activo: IbuprofenoFabricante: Farmalider S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 50mg/mlPrincipio activo: MetotrexatoRequiere receta
Cuando las articulaciones duelen y se hinchan, lo primero que se piensa suele ser lo mismo: la edad, el desgaste, hay que cuidarse. Con la artritis reumatoide ese razonamiento sale muy caro. Aquí no se desgasta nada: es el propio sistema inmunitario el que ataca el revestimiento de la articulación, y mientras la inflamación continúa va consumiendo el cartílago y el hueso. Lo destruido no vuelve a crecer. De ahí una característica incómoda de esta enfermedad: el tiempo no juega a favor de la persona, y el margen en que el tratamiento da su mejor resultado se mide en meses desde los primeros síntomas, no en años.
No es desgaste, es inflamación
Dentro de la articulación hay una membrana fina, la sinovial, que produce el líquido que lubrica el cartílago. En la artritis reumatoide el sistema inmunitario confunde esa membrana con algo ajeno y la ataca. La membrana crece, se hincha y libera sustancias que disuelven el cartílago, socavan el hueso en el borde de la articulación y debilitan los tendones y ligamentos que la mantienen alineada.
De ahí la diferencia con la artrosis. La artrosis es mecánica: el cartílago se gasta donde hay más carga. La artritis reumatoide puede afectar a cualquier articulación con independencia de cuánto se haya usado, y además alcanza órganos situados fuera de las articulaciones.
Por qué falla el sistema inmunitario sigue sin saberse con certeza. Lo que sí se conoce es la predisposición: la enfermedad es más frecuente en mujeres, más frecuente si hay antecedentes familiares y claramente más frecuente en personas que fuman. El tabaco ocupa un lugar aparte porque es el único factor sobre el que se puede actuar, y no solo aumenta el riesgo de enfermar: también empeora la respuesta al tratamiento posterior.
Cómo distinguirla de la artrosis
La diferencia se nota en varios detalles, y la propia persona puede reconocerlos.
- Rigidez matutina. En la artrosis las articulaciones se sueltan en diez o veinte minutos. En la artritis reumatoide la rigidez dura una hora o más, a veces media mañana.
- Con qué mejora. La artrosis duele más después de caminar o trabajar y alivia con el reposo. Aquí ocurre al revés: lo peor es al despertar y tras estar mucho rato sentado, y el movimiento alivia.
- Qué articulaciones. Suelen afectarse primero las pequeñas de las manos, las de la base y la mitad de los dedos, y las equivalentes en la base de los dedos del pie. Las últimas falanges, junto a la uña, casi nunca se ven afectadas en la artritis reumatoide, mientras que en la artrosis se afectan con frecuencia.
- Simetría. La afectación es parecida en ambos lados: no una rodilla, sino las dos manos.
- Cómo es la hinchazón. La articulación no solo duele: se hincha de forma blanda, la piel está caliente y el roce molesta. Un signo precoz que comprueban los médicos es el dolor al apretar la mano o el pie de lado a lado, a la altura de la base de los dedos.
- Estado general. Cansancio que no se explica por el esfuerzo, febrícula, sudoración, pérdida de apetito y de peso. La artrosis no produce nada de esto.
Todo suele instalarse a lo largo de varias semanas, aunque en algunas personas ocurre en pocos días. En ambos casos conviene consultar y no esperar a que la cosa se arregle sola.
Por qué se cuenta por semanas
El argumento contra la espera es sencillo: la membrana inflamada excava en el hueso, junto al borde de la articulación, unos huecos llamados erosiones. Una erosión no se rellena. El tratamiento puede frenar el proceso y evitar que aparezcan nuevas, pero lo ya perdido no se recupera, y la deformidad de los dedos que más tarde dificulta abrochar un botón se construye precisamente con esas pérdidas.
Por eso en reumatología se habla de una ventana: los primeros meses de enfermedad, cuando el tratamiento consigue el mejor resultado a largo plazo. Empezado dentro de ese margen, en muchas personas lleva la enfermedad a una situación en la que las articulaciones ni duelen ni se destruyen durante años. El mismo tratamiento iniciado dos años después funciona peor, porque para entonces parte de las articulaciones ya está alterada de forma irreversible.
La conclusión práctica es única. Ante una hinchazón persistente de las articulaciones pequeñas y una rigidez matutina de más de una hora, se acude al médico en las semanas siguientes, no cuando la situación se hace insoportable. El médico de cabecera explorará las articulaciones, pedirá análisis y derivará al reumatólogo, que es quien establece el diagnóstico y elige el tratamiento.
Una enfermedad que no se queda en las articulaciones
La inflamación de la artritis reumatoide no está encerrada en las articulaciones. Puede manifestarse:
- en los pulmones, con inflamación de la pleura y dolor al respirar, o con endurecimiento del tejido pulmonar; lo que alerta es una falta de aire que va a más y una tos seca persistente;
- en los ojos, con sequedad que dificulta la lectura y, de forma menos habitual, con inflamación de la esclerótica: ojo rojo, doloroso y con pérdida de visión;
- en los vasos sanguíneos, en forma de vasculitis: erupción, úlceras que no cierran en las piernas, oscurecimiento de las yemas de los dedos;
- bajo la piel, con nódulos duros e indoloros cerca de los codos y en las manos;
- en la sangre, con anemia, que por sí sola aumenta el cansancio;
- en la parte alta del cuello, con aflojamiento de las articulaciones entre las vértebras. Es poco frecuente, pero serio: antes de cualquier operación con anestesia general conviene avisar del diagnóstico, porque la postura de la cabeza durante la intubación se maneja de otro modo.
Merece mención aparte el riesgo cardiovascular. Una inflamación mantenida durante años daña la pared de las arterias, y el infarto y el ictus son más frecuentes en quienes tienen artritis reumatoide que en personas de la misma edad sin ella. No es motivo de alarma, sino razón para tomarse en serio la tensión arterial, el colesterol y el tabaco y, sobre todo, para mantener la enfermedad controlada: cuanto más apagada esté la inflamación, menor será ese riesgo.
Qué muestran los análisis y las imágenes
No existe una única prueba que confirme o descarte el diagnóstico. Se valora el conjunto: qué articulaciones están afectadas, desde cuándo, qué hay en la sangre y qué se ve en las imágenes.
El factor reumatoide aparece en aproximadamente la mitad de los pacientes al principio, y también en una parte de las personas sanas, de modo que por sí solo decide poco. Los anticuerpos antipéptido citrulinado cíclico (anti-CCP) son más específicos: un nivel alto apunta al diagnóstico y además a un curso probablemente más activo. La velocidad de sedimentación y la proteína C reactiva miden cuánta inflamación hay en ese momento y sirven después para seguir el tratamiento. El hemograma permite detectar anemia y descartar otras causas.
Y conviene saber algo de antemano: una velocidad de sedimentación normal, una proteína C reactiva normal y unos anticuerpos negativos no descartan el diagnóstico. Existe una forma en la que todos esos valores son normales y las articulaciones se destruyen igual. Si los análisis salen limpios pero las articulaciones llevan meses hinchadas y rígidas, es motivo para seguir estudiando, no para tranquilizarse.
Con las imágenes ocurre algo parecido. La radiografía de los primeros meses suele ser normal: muestra las erosiones cuando ya existen. Antes se detectan con ecografía articular y resonancia magnética, que ven la membrana inflamada y el líquido acumulado antes de que el hueso sufra.
Con qué se trata
Curarla del todo aún no es posible, pero sí detenerla, y ese es el sentido del tratamiento actual. El objetivo se plantea sin rodeos: apagar la inflamación por completo o casi por completo y mantener esa situación.
- Los fármacos modificadores de la enfermedad son la base. No alivian el dolor: apagan el proceso inmunitario, así que el efecto aparece al cabo de semanas o meses. Abandonarlos porque «a la segunda semana no hace nada» es el error más común. Suele empezarse por metotrexato.
- Los medicamentos biológicos bloquean de forma selectiva pasos concretos de la inflamación. Se indican cuando lo anterior no ha bastado; se administran en inyección o en perfusión, casi siempre junto a un fármaco modificador.
- Los inhibidores de las cinasas Janus son comprimidos que actúan sobre el mismo proceso desde dentro de la célula. Son una opción cuando los grupos anteriores no han servido.
- Los corticoides apagan la inflamación deprisa y por eso se usan al principio y en los brotes, mientras el fármaco de base todavía no actúa. Se pautan en ciclos cortos: el uso prolongado acumula costes, como adelgazamiento del hueso, aumento de peso y subida del azúcar.
- Los antiinflamatorios y analgésicos mejoran el bienestar, pero no influyen en la destrucción de la articulación. Los antiinflamatorios no esteroideos irritan el estómago cuando se toman mucho tiempo, y por eso se suele añadir un fármaco que reduce la acidez.
Además de los medicamentos ayudan el ejercicio terapéutico y el trabajo con el fisioterapeuta: el movimiento conserva el recorrido de la articulación y la fuerza muscular, mientras que el reposo se traduce enseguida en rigidez. Hoy la cirugía hace falta a pocas personas: a quienes ya tienen una articulación destruida o un tendón roto.
La vida con el tratamiento de fondo
Todos estos fármacos frenan en mayor o menor medida el sistema inmunitario, y de ahí se derivan varias cosas prácticas.
Lo más importante: con este tratamiento una infección puede pasar desapercibida. Puede faltar la fiebre alta y el cuadro llamativo al que uno está acostumbrado mientras la infección avanza. La regla es sencilla: cualquier fiebre, escalofríos, tos, dolor de garganta, una herida que supura o escozor al orinar son motivo para contactar con el médico ese mismo día, y no para esperar acostado a ver qué pasa. Lo mismo vale para el contacto con la varicela o el sarampión si no se han pasado.
Del resto conviene recordar:
- antes de empezar un biológico se comprueba si ha habido tuberculosis o hepatitis virales, porque un sistema inmunitario frenado puede reactivarlas;
- durante el tratamiento se repiten análisis con regularidad para vigilar las células de la sangre y el hígado; no es un trámite, sino la forma de detectar un problema antes de que dé síntomas;
- las vacunas de la gripe y del neumococo suelen recomendarse, mientras que las vacunas con virus vivos no se administran con estos fármacos: el calendario y el tipo se acuerdan antes con el reumatólogo;
- el alcohol combina mal con el metotrexato, porque ambos cargan el hígado;
- conviene consultar cualquier producto sin receta o suplemento: algunos interaccionan con el tratamiento.
La planificación familiar se habla antes de la concepción, no después. Algunos fármacos, entre ellos el metotrexato, son incompatibles con el embarazo y deben retirarse con antelación, y esto afecta también a los hombres. El embarazo con artritis reumatoide es posible: existen fármacos permitidos durante la gestación y el reumatólogo cambia el tratamiento a tiempo.
Cuándo no se puede esperar
Hay que consultar el mismo día o llamar a una ambulancia (en Europa, al número único 112) si aparece:
- una sola articulación que de repente está caliente, muy hinchada y muy dolorosa, con fiebre: así se manifiesta una infección dentro de la articulación, más probable con el sistema inmunitario frenado; esperar cuesta días de articulación;
- fiebre, escalofríos o una infección evidente mientras se toma tratamiento de fondo o biológico;
- falta de aire que va en aumento, dolor en el pecho al respirar, tos con sangre;
- ojo rojo y doloroso, molestia con la luz, pérdida brusca de visión;
- debilidad o adormecimiento en brazos y piernas, marcha inestable, sensación de descarga eléctrica en el cuello al inclinar la cabeza;
- erupción con úlceras o yemas de los dedos que se ennegrecen;
- imposibilidad repentina de doblar o estirar un dedo: así se manifiesta la rotura de un tendón, y su reparación tiene plazo.
Consulta en línea
A distancia se resuelven bien tres cosas. La primera, aclarar si sus molestias articulares tienen pinta inflamatoria y, si es así, con qué análisis y a quién acudir para no perder semanas dando vueltas. La segunda, interpretar resultados ya hechos: qué significan en su caso el factor reumatoide, los anti-CCP y la proteína C reactiva, y qué hacer si están normales pero las articulaciones siguen hinchadas. La tercera, las dudas del día a día con el tratamiento: un efecto adverso, una dosis olvidada, una vacuna o una operación previstas, la planificación de un embarazo. Los signos de la lista anterior no se valoran en línea: con ellos hay que acudir de inmediato en persona o llamar a una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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