Apnea del sueño (apnea obstructiva del sueño, AOS)
La apnea del sueño consiste en pausas repetidas de la respiración mientras se duerme. Los tejidos blandos de la garganta se colapsan al inspirar, el aire…
En esta página
- Lo que se oye de noche y lo que se nota por la mañana
- Por qué es una enfermedad y no una peculiaridad
- Al volante también están en juego otras vidas
- Por qué se cierra la garganta precisamente en su caso
- El diagnóstico se hace con un estudio del sueño
- La CPAP funciona, pero se usa mal
- Qué más ayuda y qué esperar con honestidad
- Consulta en línea
La apnea del sueño consiste en pausas repetidas de la respiración mientras se duerme. Los tejidos blandos de la garganta se colapsan al inspirar, el aire deja de pasar, el oxígeno en sangre desciende y el cerebro sacude a la persona para que vuelva a respirar. Esto puede ocurrir decenas o incluso cientos de veces cada noche, y casi ninguno de esos microdespertares se recuerda por la mañana. De ahí la paradoja: alguien está convencido de haber dormido ocho horas y se levanta como si no se hubiera acostado. La forma más frecuente es la obstructiva, de ahí la sigla AOS. Lo importante es entender que no se trata de «roncar fuerte» ni de un rasgo personal. Sin tratar, la apnea mantiene alta la tensión arterial durante años, altera el ritmo cardíaco, empeora el control del azúcar y convierte a la persona en un conductor peligroso.
Lo que se oye de noche y lo que se nota por la mañana
La mitad nocturna del cuadro se le escapa al propio paciente: la ve y la oye quien duerme al lado. Desde fuera se percibe así: el ronquido no es regular sino entrecortado, se interrumpe de golpe con un silencio de diez, veinte o treinta segundos mientras el pecho sigue moviéndose, y después llega un ronquido brusco, como si la persona se hubiera atragantado y volviera a respirar. A veces se la ve dar vueltas y cambiar de postura.
El paciente, en cambio, acude a la consulta por otros motivos:
- agotamiento al levantarse, como si la noche no hubiera existido, por muchas horas que haya dormido;
- dolor de cabeza nada más despertar, normalmente sordo, que cede en una o dos horas;
- boca seca y garganta irritada por la mañana;
- despertares nocturnos con palpitaciones, con sensación de falta de aire o con sobresalto;
- levantarse a orinar dos o tres veces cada noche;
- somnolencia diurna: en el transporte público, en una reunión, delante del televisor;
- irritabilidad, lentitud mental, olvidos, ánimo bajo;
- menos deseo sexual y, en los hombres, problemas de erección.
Si hay alguien que pueda observar, pídale que escuche una noche o que grabe unos minutos de su sueño con el móvil. Un testigo en la consulta ahorra meses: la queja «deja de respirar» y la queja «duermo mal» llevan al médico por caminos distintos.
Por qué es una enfermedad y no una peculiaridad
Cada pausa respiratoria supone una caída de oxígeno y una descarga de hormonas del estrés. Noche tras noche el organismo pasa las horas en estado de alarma, y las consecuencias se acumulan:
- hipertensión arterial, incluida la que responde mal a los fármacos: la tensión no baja de noche como debería y sigue alta al despertar;
- mayor riesgo de infarto e ictus;
- arritmias: fibrilación auricular, pausas y enlentecimiento del pulso durante la noche; tras tratar una arritmia, esta recae con más frecuencia si la apnea se ha dejado sin abordar;
- peor evolución de la insuficiencia cardíaca;
- más resistencia a la insulina y peor control de la diabetes tipo 2;
- depresión, ansiedad, bajo rendimiento;
- mayor riesgo de complicaciones con la anestesia: hay que avisar al anestesista con antelación.
Y algo que rara vez se dice en voz alta: la apnea sin tratar desgasta también a quien duerme al lado. La pareja lleva años sin descansar junto a esos ronquidos, muchas parejas acaban durmiendo en habitaciones separadas, y aquí el tratamiento repara bastante más que los vasos sanguíneos.
Al volante también están en juego otras vidas
Conviene decirlo sin rodeos. La somnolencia diurna de la apnea no es «tener un poco de sueño», sino microsueños repentinos de unos segundos que la persona no percibe en sí misma. A 90 km/h, cuatro segundos son cien metros a ciegas. El riesgo de accidente de un conductor con apnea grave sin tratar se multiplica, y no lo paga solo él.
Las reglas prácticas son sencillas. Mientras la somnolencia no esté controlada, no hay que conducir, y menos en trayectos largos o nocturnos. Si en carretera empiezan a cerrarse los ojos, lo único que funciona es detenerse y dormir veinte minutos: el café, la ventanilla abierta y la música alta retrasan el sueño unos pocos minutos y dan la falsa sensación de estar aguantando. En la mayoría de los países el conductor debe comunicar el diagnóstico confirmado a la autoridad que expide el permiso, y con los conductores profesionales las exigencias son más estrictas; infórmese de cómo funciona en el suyo. La buena noticia es que, con el tratamiento en marcha, la somnolencia desaparece y lo habitual es poder volver a conducir.
Por qué se cierra la garganta precisamente en su caso
- exceso de peso, sobre todo la grasa acumulada en el cuello y en la lengua; el perímetro del cuello dice más que la cifra de la báscula;
- ser hombre y la edad; en las mujeres, la etapa posterior a la menopausia, cuando el riesgo se iguala al masculino;
- la anatomía: mandíbula pequeña o retraída, lengua grande, faringe estrecha, tabique desviado y nariz crónicamente taponada;
- amígdalas y adenoides grandes, que son la causa principal en los niños; en ellos el cuadro es distinto: ronquido con pausas, respiración por la boca, sueño inquieto y, de día, no somnolencia sino hiperactividad y problemas escolares;
- el alcohol por la noche, los somníferos, los tranquilizantes y los analgésicos opioides, que relajan la musculatura de la faringe;
- el tabaco, por la inflamación de la mucosa;
- dormir boca arriba, cuando la lengua cae hacia atrás;
- hipotiroidismo y, en raras ocasiones, acromegalia;
- predisposición familiar.
Aparte queda una variante poco frecuente: la apnea central. En ella la vía aérea está libre, pero el cerebro deja de enviar durante unos segundos la orden de respirar, y el pecho no se mueve en absoluto durante la pausa. Aparece en la insuficiencia cardíaca, después de un ictus y en personas que toman opioides de forma prolongada. El mecanismo es otro y el tratamiento también, así que el estudio del sueño hace falta igualmente.
El diagnóstico se hace con un estudio del sueño
Ni la exploración ni el aspecto confirman o descartan una apnea: hay muchísima gente que ronca sin dejar de respirar, y hay apneas graves en personas delgadas y casi silenciosas. Los cuestionarios de somnolencia sirven para decidir a quién estudiar, no para diagnosticar.
El estudio suele hacerse en casa: se entrega un aparato pequeño que durante la noche registra el flujo de aire, los movimientos del tórax, la saturación de oxígeno y el pulso, y por la mañana se devuelve. El registro completo en una unidad del sueño, con electrodos en la cabeza para ver además las fases del sueño, se reserva para los casos dudosos o cuando se sospecha otro trastorno del sueño.
La gravedad se mide por el número de pausas y reducciones de la respiración por hora de sueño: entre cinco y quince, leve; entre quince y treinta, moderada; por encima de treinta, grave. La cifra importa, pero la decisión no depende solo de ella: con somnolencia marcada, hipertensión o arritmia se trata incluso con valores intermedios.
La CPAP funciona, pero se usa mal
La CPAP es un aparato que envía aire a baja presión a través de una mascarilla e impide que la garganta se colapse. En la apnea moderada y grave es el tratamiento más fiable: los ronquidos y las pausas desaparecen la primera noche, y en unas semanas suelen irse la somnolencia diurna y el dolor de cabeza matutino, además de controlarse mejor la tensión.
El problema es otro: buena parte de los pacientes abandona el aparato en los primeros meses. Los motivos son casi siempre los mismos y casi todos tienen arreglo:
- la mascarilla aprieta o roza: casi seguro no es la talla o el modelo adecuados; hay varios tipos y ajustarlo cuesta un par de pruebas;
- se escapa aire por los bordes: de nuevo es cuestión de ajuste, no algo que haya que soportar;
- sequedad de nariz y garganta o pequeños sangrados: se activa o se añade un humidificador y se trata la obstrucción nasal;
- cuesta espirar contra el flujo: se programa una rampa que sube la presión poco a poco al dormirse;
- resulta extraño y no se concilia el sueño: las primeras semanas son realmente duras y ayuda ponerse la mascarilla una o dos horas por la tarde, viendo la televisión, antes de acostarse.
La regla principal es no abandonar en silencio. Si el aparato no termina de funcionar, vuelva a la unidad del sueño y dígalo: casi todo se resuelve ajustando y probando. Y la CPAP solo trabaja las noches que se lleva puesta: hay que usarla todas las noches y durante toda la noche, también en las siestas y en los viajes.
Qué más ayuda y qué esperar con honestidad
Perder peso reduce de verdad el número de pausas y a veces convierte una forma grave en leve. Pero no se puede prometer que sustituya al tratamiento: hay personas cuya apnea persiste con un peso normal, y ninguna dieta cambia la anatomía de la mandíbula ni de la faringe. Merece la pena adelgazar; no merece la pena confiarlo todo a ello.
Dormir de lado ayuda a quienes tienen las pausas sobre todo boca arriba, algo que se ve en el registro del estudio. Existen almohadas y cinturones que impiden darse la vuelta. El consejo de coserse una pelota de tenis al pijama circula por internet desde hace décadas, pero pocos aguantan más de una semana durmiendo así.
La férula de avance mandibular es una alternativa razonable en la apnea leve y moderada y para quien no tolera la CPAP. La fabrica el dentista a medida a partir de un molde; los modelos universales de farmacia no sirven.
La cirugía no vale para todos. En los niños, quitar las amígdalas y adenoides agrandados suele resolver el problema por completo. En los adultos, la cirugía nasal rara vez cura la apnea, aunque mejora mucho la tolerancia a la mascarilla, y las intervenciones sobre el paladar blando dan resultados inconstantes. También existen técnicas como la estimulación del nervio hipogloso: es un terreno especializado y se valora con el especialista.
Se elija lo que se elija, el alcohol al final del día, los somníferos sin prescripción y el tabaco juegan en contra del tratamiento, y un horario de sueño regular juega a favor.
Consulta en línea
La consulta a distancia cubre bien el primer paso: decidir si esto se parece a una apnea y si hace falta un estudio del sueño. El médico repasará qué oyen exactamente sus familiares por la noche, valorará la somnolencia diurna, reunirá los factores de riesgo y las enfermedades asociadas, y explicará qué pruebas se hacen en casa, cuáles requieren unidad del sueño y cómo prepararse. Es especialmente útil para quien ya ha empezado el tratamiento y no acaba de adaptarse: mascarilla incómoda, sequedad, imposibilidad de dormir. Todo eso se analiza hablando y casi siempre hay algo que corregir. También pueden tratarse la conducción y la preparación de una cirugía programada. El estudio del sueño y el ajuste de la presión, en cambio, son presenciales: por mensajes no se diagnostica.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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