Anquiloglosia (frenillo lingual corto)
El frenillo es el pliegue fino de mucosa que hay debajo de la lengua y la une al suelo de la boca. Lo tenemos todos.
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El frenillo es el pliegue fino de mucosa que hay debajo de la lengua y la une al suelo de la boca. Lo tenemos todos. En una parte de los recién nacidos es más corto o está más tenso de lo habitual, y a eso se le llama frenillo lingual corto o anquiloglosia. Lo principal que conviene que sepan los padres es esto: un frenillo corto no es por sí mismo un diagnóstico ni un motivo para hacer nada. La única pregunta que importa es si le impide comer al bebé. Muchos niños con un frenillo visiblemente corto maman perfectamente y ganan peso, y no necesitan ninguna intervención.
Qué aspecto tiene
Lo habitual es fijarse en el frenillo cuando el bebé llora o saca la lengua. Las señales son estas: la lengua no sube hacia el paladar, no sobrepasa el labio inferior y, al intentar sacarla, la punta se retrae y la lengua adopta forma de corazón, con una muesca en el medio. A veces el frenillo está tenso justo en la punta y se ve enseguida; a veces es corto más cerca de la base y se aprecia peor.
La decisión no se toma solo por el aspecto. No se valora la foto, sino el funcionamiento: cómo agarra el pecho el bebé, cómo lo mantiene, cómo se mueve la lengua mientras succiona. Un frenillo que parece corto pero no estorba para comer no necesita tratamiento, y tampoco hace falta vigilarlo.
Cuándo estorba de verdad para la lactancia
Al mamar, la lengua tiene que elevarse, salir hacia delante y moverse en onda. Si el frenillo lo impide, el cuadro suele ser reconocible, y se nota a la vez en los dos lados.
En el bebé:
- no consigue agarrar bien el pecho o la tetina y se suelta continuamente;
- al succionar se oye un chasquido y se le escapa leche por la comisura;
- la toma dura muchísimo y se repite casi sin pausa, como si el bebé tuviera hambre todo el rato;
- se cansa y se duerme al pecho sin haber terminado;
- gana poco peso o lo pierde.
En la madre:
- dolor intenso al amamantar, que no cede al final de la primera o la segunda semana;
- grietas y heridas en los pezones;
- el pezón sale aplastado tras la toma, con el borde biselado;
- retenciones de leche e inflamaciones repetidas del pecho;
- la leche disminuye, porque el pecho no se vacía del todo.
Y digámoslo con claridad: el dolor al amamantar no es algo que haya que aguantar, ni una señal de que la madre «no se esfuerza lo suficiente». Es un aviso de que algo en la lactancia está mal montado, y hay que resolverlo pronto, antes de que se pierda la leche.
Casi siempre el problema es el agarre, no el frenillo
Esta es la idea más útil de la página. Todas las señales anteriores aparecen también sin ningún frenillo corto: con un agarre defectuoso, con una postura incómoda, con una toma superficial en la que el bebé coge solo el pezón en lugar de la areola. Los problemas de agarre son muchísimo más frecuentes que los de frenillo, y se ven exactamente igual.
Por eso el orden correcto es este: primero, ayuda con la lactancia; después, todo lo demás. Una asesora de lactancia, una matrona o un médico observan la toma entera —cómo se sostiene al bebé, cómo abre la boca, hasta dónde coge el pecho— y con frecuencia basta un cambio de postura para que el dolor se vaya y la cosa cambie. Si con el agarre ya corregido sigue doliendo y el bebé no queda satisfecho, entonces el frenillo pasa a ser un sospechoso real.
El corte del frenillo: qué esperar de él
La intervención se llama frenotomía y en los lactantes es sencilla. Se secciona el pliegue que hay bajo la lengua y todo dura unos segundos. En los bebés pequeños suele hacerse sin anestesia: el frenillo tiene pocas terminaciones nerviosas y pocos vasos, apenas sangra, y se puede poner al bebé al pecho inmediatamente, que además es el mejor consuelo. En niños mayores y adultos se realiza con anestesia.
Lo que conviene tener claro de antemano:
- No le sirve a todo el mundo. En algunas parejas el dolor desaparece y la lactancia se endereza en los primeros días, en otras la mejoría es parcial y en algunas no cambia nada, lo que significa que el problema no era el frenillo.
- Con la intervención sola no basta. Un frenillo cortado no enseña al bebé a mamar de otra manera. La ayuda con el agarre hace falta antes y, sobre todo, después; sin ella el resultado se pierde y la familia vuelve al punto de partida.
- Hacerla «por si acaso», sin problemas de alimentación, no tiene sentido.
- Precaución aparte con las ofertas privadas de cortar con láser el «frenillo posterior» y el frenillo del labio superior en niños que comen sin dificultad. No se ha demostrado beneficio, y aun así se interviene al niño.
Niños mayores, habla y adultos
A los padres se les dice a menudo que por culpa de un frenillo corto el niño «no hablará» o pronunciará mal. En realidad la relación con el habla es mucho más débil de lo que suele creerse: la inmensa mayoría de los niños con frenillo corto habla con normalidad, y cuando algún sonido no sale, la causa suele ser otra. El corte por motivos de habla se indica pocas veces, y solo después de que un logopeda valore qué es exactamente lo que falla y si tiene que ver con la movilidad de la lengua.
A veces un frenillo corto crea molestias más cotidianas: cuesta lamerse los labios o un helado, no se llega con la lengua a los restos de comida entre los dientes y la higiene empeora, resulta incómodo tocar instrumentos de viento o besar. Estas cosas se comentan con el dentista; en niños mayores y en adultos la intervención se hace por un motivo concreto, no porque el frenillo sea corto.
Cuándo hay que consultar
Conviene consultar si la lactancia va cuesta arriba, si a usted le duele o si simplemente tiene dudas: una valoración no cuesta nada y una semana de tomas fallidas cuesta mucho.
Hay que consultar el mismo día, sin aplazarlo, si el bebé:
- no gana peso o lo pierde, o no ha recuperado el peso del nacimiento al final de la segunda semana;
- moja bastantes menos pañales, la orina es oscura, la boca está seca;
- está decaído, cuesta despertarlo para las tomas, ha dejado de pedir comer;
- tiene un color amarillento de la piel que va a más;
- después del corte del frenillo sangra sin parar, rechaza el pecho o tiene fiebre.
La madre debe consultar si aparecen una zona enrojecida y endurecida en el pecho, dolor con fiebre y escalofríos: son signos de una inflamación que se trata sin esperar a que «se resuelva sola».
Consulta en línea
La consulta a distancia resulta cómoda justo en la fase en la que no está claro qué pasa. El médico preguntará en detalle cómo van las tomas, cuánto duran, si hay chasquidos y escapes de leche, qué tal la ganancia de peso y los pañales mojados, y pedirá ver cómo se agarra el bebé al pecho: por vídeo eso se aprecia bastante bien. A menudo con ese repaso basta para corregir la postura y el agarre y para saber si hace falta o no una visita presencial. En línea también se puede valorar si conviene aceptar una intervención que les hayan propuesto, qué hacer después de ella y cómo sostener la producción de leche mientras la lactancia se endereza. Lo que solo se puede hacer en persona es explorar la boca del bebé, valorar la movilidad de la lengua y realizar el propio corte.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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