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Andropausia (déficit de testosterona asociado a la edad)

Se llama andropausia, o «menopausia masculina», al conjunto de molestias con las que muchos hombres acuden al médico pasados los cuarenta: se ha ido el deseo…

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Se llama andropausia, o «menopausia masculina», al conjunto de molestias con las que muchos hombres acuden al médico pasados los cuarenta: se ha ido el deseo, la erección flaquea, faltan las fuerzas, el carácter se ha agriado, el sueño se ha vuelto entrecortado, el músculo se pierde y la barriga crece. El nombre es desafortunado, porque promete un equivalente exacto de la menopausia femenina que no existe. En la mujer la producción hormonal cesa en pocos años y con un calendario propio; en el hombre la testosterona baja despacio y en muchos no llega nunca a cifras que expliquen cómo se encuentra. Las molestias, en cambio, son muy reales, pero tienen muchas causas posibles y las hormonas no son la más frecuente. Merece la pena aclararlo precisamente porque casi todas esas causas tienen tratamiento.

Qué le ocurre a la testosterona con los años

A partir de los treinta y cinco o cuarenta años la testosterona baja de media alrededor de un uno por ciento anual. Es muy poco: en una década se pierde en torno a una décima parte, y en una persona sana ese descenso no suele notarse. Incluso a los setenta años la mayoría de los hombres mantiene cifras dentro de la normalidad.

Hay una segunda cara del asunto. Con la edad aumenta la proteína que transporta las hormonas sexuales, de modo que una fracción cada vez mayor de la testosterona queda unida a ella, es decir, inactiva. La hormona libre disminuye por eso más deprisa que la total, y a veces es justo eso lo que explica las molestias cuando el análisis parece normal a primera vista.

El déficit real, el que requiere tratamiento, es bastante menos frecuente de lo que se dice: afecta a un pequeño porcentaje de los hombres de mediana edad y mayores. No es una condición normal de la edad, sino un trastorno con causas propias que hay que confirmar y no dar por supuesto.

Con qué molestias se acude

El médico ordena las molestias en dos grupos. El primero, con mucho el más orientativo respecto a las hormonas, es todo lo relacionado con la esfera sexual: deseo desaparecido o claramente disminuido, erección debilitada y, sobre todo, desaparición de las erecciones matutinas. Si el deseo se mantiene y la erección solo falla en determinadas circunstancias, lo habitual es que no sea cosa de hormonas.

El segundo grupo es general e inespecífico: cansancio que no se pasa descansando, decaimiento e irritabilidad, dificultad para concentrarse y para recordar lo del día a día, mal sueño, menos resistencia física, pérdida de músculo y de fuerza con aumento del perímetro abdominal, y crecimiento del pecho. Cada uno de estos signos por separado aparece en una decena de situaciones distintas, desde la falta de sueño y la depresión hasta la enfermedad tiroidea o la anemia.

Cuando el déficit es intenso y prolongado se suman manifestaciones menos conocidas: sofocos y sudoración, pérdida de vello facial y corporal, y descenso de la densidad ósea con fracturas ante caídas leves. Estas ya indican que la situación viene de lejos.

Casi nunca son las hormonas

Antes de pedir una analítica de testosterona, mire con honestidad cómo está organizada su vida: la respuesta suele estar ahí.

La falta crónica de sueño baja la testosterona en apenas una semana. Merece mención aparte la apnea del sueño, con ronquidos entrecortados por pausas, sensación de no haber descansado al levantarse y somnolencia durante el día. Afecta a la vez a las hormonas, al ánimo y al corazón, y tratarla devuelve con frecuencia tanto la energía como el deseo.

La depresión y la ansiedad producen exactamente el mismo cuadro que el déficit hormonal, y son lo que más a menudo se confunde con él en la consulta. El alcohol habitual frena directamente la producción de testosterona. El exceso de peso actúa igual: el tejido graso transforma la testosterona en hormona sexual femenina, y la barriga a su vez crece por la falta de testosterona, con lo que el círculo se cierra.

Una causa aparte, y de las que más se pasan por alto, son los medicamentos. Los analgésicos opioides, los corticoides, algunos antidepresivos y los fármacos para la hiperplasia de próstata afectan a la función sexual o a la hormona misma. Los esteroides anabolizantes tomados por estética o rendimiento detienen la producción propia de testosterona, y tras dejarlos la recuperación lleva meses y a veces no es completa.

Cuándo el déficit es real

Al déficit auténtico asociado a la edad los médicos lo llaman hipogonadismo de inicio tardío. Hay dos tipos y distinguirlos importa, porque detrás del segundo puede haber una enfermedad que no conviene pasar por alto.

En el primero fallan los propios testículos: secuelas de unas paperas pasadas en edad adulta, un traumatismo o una cirugía, radioterapia y quimioterapia, o un testículo que no descendió en la infancia. Aquí entra también el síndrome de Klinefelter, un trastorno congénito que no pocas veces se descubre ya en el adulto que consulta por infertilidad.

En el segundo los testículos están sanos pero no reciben la orden desde la hipófisis. La causa puede ser un tumor hipofisario, casi siempre benigno y productor de prolactina; ayudan a sospecharlo el dolor de cabeza, la pérdida del campo visual lateral y la secreción por el pezón. Otra causa es la hemocromatosis, una acumulación hereditaria de hierro que daña la hipófisis, el hígado, el páncreas y las articulaciones. Ambas tienen tratamiento y ambas se detectan con un análisis de sangre corriente, si uno piensa en ellas.

Con mucha más frecuencia, sin embargo, el déficit es reversible: la obesidad, la diabetes tipo 2, la apnea del sueño y los opioides ya mencionados frenan la producción de forma temporal. Aquí se trata la causa y la testosterona vuelve sola.

Qué pruebas hacen falta

La sangre para testosterona se extrae por la mañana y en ayunas: la hormona oscila mucho a lo largo del día y un análisis vespertino no informa de nada. Un solo resultado no decide nada: un valor bajo se comprueba obligatoriamente con una segunda extracción otro día. No se analiza durante una enfermedad aguda, en una descompensación de una crónica ni justo después de un esfuerzo intenso, porque en esas condiciones la testosterona cae por lógica y la imagen sale falseada.

Si el descenso se confirma, se miran a continuación las hormonas hipofisarias que gobiernan los testículos, y por ellas se determina dónde está el fallo. Se comprueba la prolactina y, si está elevada o la testosterona es muy baja, se solicita un estudio de la hipófisis. También se mide la proteína transportadora de hormonas sexuales, que ayuda a interpretar los resultados límite.

En paralelo se busca lo que da molestias parecidas: hemograma, metabolismo de la glucosa, tiroides, reservas de hierro, vitamina D y lípidos. Ante ronquidos con pausas se deriva a un estudio del sueño. A quien tiene proyecto de tener hijos se le añade un seminograma, antes de empezar cualquier tratamiento y no después.

Qué ayuda de verdad

Se empieza siempre por la causa y en la mayoría de los casos con eso basta. Perder peso es la medida más eficaz cuando hay obesidad: reducir la barriga eleva la testosterona propia sin ningún fármaco. El trabajo de fuerza dos o tres veces por semana combinado con caminar recupera músculo y resistencia mejor que cualquier suplemento. Dormir no menos de siete horas, reducir el alcohol, tratar la apnea del sueño y revisar con el médico la medicación producen un efecto que a menudo se atribuye por error a las hormonas.

El decaimiento y la ansiedad se tratan aparte y en serio, con psicoterapia y, si hace falta, con medicación. Para la disfunción eréctil se emplean los inhibidores de la PDE5. Y algo importante: una disfunción eréctil persistente en la edad media suele ser el primer aviso de enfermedad de los vasos sanguíneos y se adelanta varios años a los problemas cardíacos. Por eso se aprovecha para revisar tensión, colesterol y azúcar, y no es un trámite.

El tratamiento sustitutivo con testosterona se emplea solo ante un déficit confirmado con síntomas, no «para tener más tono». Lo prescribe y lo controla un médico, casi siempre endocrinólogo o urólogo, en forma de gel o de inyecciones.

De qué avisan antes del tratamiento hormonal

El tratamiento con testosterona tiene consecuencias que conviene conocer antes de la primera dosis.

Lo principal para quien quiere tener hijos: la testosterona administrada desde fuera frena la producción propia de la hormona y la formación de espermatozoides, hasta hacerlos desaparecer por completo. La recuperación tras suspenderla lleva meses y no siempre llega. Si hay proyecto de paternidad, se habla de ello antes de empezar, porque existen otras estrategias que no comprometen la fertilidad.

La testosterona espesa la sangre al elevar la proporción de glóbulos rojos, de modo que el hemograma se controla con regularidad y, si se espesa demasiado, se baja la dosis o se interrumpe. El tratamiento puede agravar la apnea del sueño; también son posibles el acné, la retención de líquidos y el aumento del pecho.

No se pauta en el cáncer de próstata ni en el de mama masculina, y durante el tratamiento se vigilan la próstata y el PSA. El gel tiene una particularidad poco evidente: pasa a otra persona por contacto, así que después de aplicarlo se cubre la zona con ropa y se evita el contacto piel con piel con mujeres y niños.

Y si al cabo de unos meses uno no se encuentra distinto, el tratamiento se retira: significa que la causa de las molestias no estaba en la hormona.

Cuándo se necesita ayuda urgente

Llame a una ambulancia (en los países europeos, al número único 112) si:

  • aparecen ideas de suicidio o intención de hacerse daño: es una urgencia y no se puede esperar a una cita;
  • surge un dolor opresivo o quemante en el pecho que se irradia al brazo, al cuello o a la mandíbula, con ahogo, sudoración o mareo;
  • aparece de golpe un dolor de cabeza muy intenso al que se suman visión doble, pérdida de campo visual o debilidad brusca;
  • una erección es dolorosa y no cede en varias horas: esa situación daña el tejido y necesita atención inmediata;
  • aparece un dolor brusco en un testículo con hinchazón y náuseas.

Hay que consultar en los próximos días, sin dejarlo pasar, ante un bulto indoloro en un testículo, un nódulo duro en un solo lado bajo el pezón, la retracción del pezón o secreción por él, y también si el crecimiento del pecho avanza deprisa o duele.

Consulta en línea

La consulta a distancia encaja muy bien como primer paso, porque aquí lo que manda es la conversación. El médico preguntará con detalle por el sueño, el trabajo, la actividad física, el alcohol, el ánimo y los medicamentos que toma, separará las molestias que apuntan a las hormonas de las que apuntan al agotamiento o a la depresión, y elaborará la lista de análisis indicando que se hagan por la mañana y en ayunas, para no tener que repetirlos.

Con los resultados en la mano, en línea se comentan bien: qué significa una testosterona en el límite, para qué sirven las hormonas hipofisarias y la prolactina, si hace falta un endocrinólogo. Si el déficit se confirma, el médico explicará qué cabe esperar del tratamiento, qué parámetros habrá que vigilar y por qué la cuestión de los hijos se resuelve antes de la primera inyección. Y si no hay déficit, se hablará de lo que hay realmente detrás del cansancio y de la pérdida de deseo, que suele ser una conversación mucho más esperanzadora.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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