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Adenomiosis

La pared del útero tiene dos capas distintas: el revestimiento interno, que cada mes crece y se desprende con la regla, y el músculo grueso que hay debajo.

Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

La pared del útero tiene dos capas distintas: el revestimiento interno, que cada mes crece y se desprende con la regla, y el músculo grueso que hay debajo. En la adenomiosis, islotes de ese revestimiento se abren paso hacia el músculo y se quedan allí. Obedecen a las mismas hormonas que la capa interna normal: se hinchan y sangran dentro del tejido muscular, donde la sangre no tiene por dónde salir. El útero aumenta de tamaño, se vuelve firme y doloroso, y las reglas se hacen abundantes y duras. No es un tumor ni una lesión precancerosa, pero deteriora la vida cotidiana a fondo, y muchas mujeres tardan años en pedir ayuda porque han asumido que unas reglas agotadoras son lo normal para ellas.

Qué ocurre dentro de la pared uterina

Los focos alojados en el músculo se comportan como pequeñas zonas que menstrúan. A su alrededor crece tejido fibroso, el músculo se engrosa de forma desigual y el útero aumenta en conjunto, con una consistencia entre blanda y firme al tacto. De ahí el peso en la parte baja del vientre y la sensación de tripa hinchada aunque la báscula no se mueva.

No se conoce la causa exacta. Se cree que cuenta el daño en el límite entre las dos capas: partos, cesáreas, legrados o cirugías del útero. Suele encontrarse a partir de los treinta y cinco años, sobre todo en mujeres que han tenido hijos, y con frecuencia aparece junto a miomas o a endometriosis. Depende por completo de las hormonas, así que después de la menopausia se apaga sola.

Cómo se nota

  • reglas dolorosas, con dolor sordo o en forma de retortijones, a menudo peor cada año, que se corre hacia la zona lumbar y los muslos;
  • reglas abundantes con coágulos, con compresas o tampones que aguantan una o dos horas y planes que hay que cancelar;
  • dolor en la parte baja del vientre fuera de la regla, a veces continuo;
  • hinchazón y sensación de presión en el abdomen, pesadez en la pelvis;
  • dolor en las relaciones sexuales, sobre todo con la penetración profunda;
  • señales de anemia por la pérdida de sangre: flojera, falta de aire al subir escaleras, palidez, uñas quebradizas, ganas de masticar hielo;
  • orinar a menudo o estreñimiento, si el útero agrandado presiona los órganos vecinos.

En torno a un tercio de las mujeres no nota nada y la adenomiosis aparece por casualidad en una ecografía. Sin síntomas no hace falta tratarla.

Cuándo no conviene esperar

Pida cita con ginecología si las reglas se han vuelto claramente más abundantes o más dolorosas, si el dolor impide trabajar y dormir, si aparece dolor en las relaciones o si el abdomen lleva hinchado más de tres semanas. Unas reglas abundantes mantenidas durante meses casi siempre acaban en falta de hierro, y eso se trata, no se aguanta.

Aparte quedan los avisos que no deben atribuirse a la adenomiosis hasta que un médico haya mirado:

  • sangrado entre reglas o después de las relaciones;
  • cualquier sangrado después de la menopausia;
  • manchado y dolor abdominal con una falta de regla: puede ser un embarazo fuera del útero;
  • compresa o tampón que se empapan en menos de una hora, varias horas seguidas, con mareo, visión oscurecida o desmayo: llame al 112;
  • dolor abdominal brusco con fiebre, vómitos o flujo de olor desagradable.

Estos signos aparecen también en pólipos, miomas, infecciones, alteraciones del cuello del útero y, con menos frecuencia, en tumores del cuerpo o del cuello uterino. Que exista adenomiosis no impide que exista además otra cosa, de modo que el diagnóstico se establece tras las pruebas y no por la coincidencia de las molestias.

Cómo se confirma

La consulta empieza por las preguntas: cuántos días dura la regla, cada cuánto hay que cambiar la protección, si hay coágulos, en qué momento duele. Ayuda mucho llevar un diario durante dos o tres semanas; es más fiable que reconstruirlo de memoria en la consulta.

Después vienen la palpación del abdomen y la exploración interna. La prueba principal es la ecografía por vía vaginal: reconoce el engrosamiento desigual de la pared, las pequeñas cavidades dentro del músculo y la forma redondeada del útero. Si queda duda se pide una resonancia magnética, que dibuja bien el límite entre las capas y ayuda a separar la adenomiosis de un mioma. Siempre se piden hemograma y reservas de hierro. Durante mucho tiempo se dio por hecho que solo se podía confirmar retirando el útero y estudiando el tejido al microscopio; hoy se diagnostica con seguridad por imagen.

Qué alivia el dolor y el sangrado

El tratamiento se elige según lo que más moleste: el dolor, la pérdida de sangre o el deseo de quedarse embarazada. Se empieza por lo más suave.

  • antiinflamatorios analgésicos, tomados desde el día anterior al dolor previsto y durante los primeros días, porque así rinden más que empezados en pleno pico;
  • fármacos que reducen la cantidad de sangrado, que indica el médico teniendo en cuenta la tendencia a formar trombos;
  • el dispositivo intrauterino con hormona: adelgaza el revestimiento interno, las reglas se vuelven escasas y menos dolorosas y suele ser la primera opción;
  • anticonceptivos hormonales en píldora, parche o anillo y preparados a base de gestágenos, si el dispositivo no encaja;
  • fármacos que apagan temporalmente el ovario, en tandas cortas y normalmente como preparación a una cirugía;
  • hierro cuando hay anemia: sin él las fuerzas no vuelven, por mucho que se trate el útero.

Si nada de esto basta, se plantean los procedimientos: cerrar los vasos que alimentan el útero, destruir el revestimiento interno o extirpar el útero. Lo último resuelve la adenomiosis de forma definitiva, pero cierra la puerta al embarazo, así que la decisión se toma sin prisa y después de haber probado el resto.

En casa alivian el calor sobre el vientre, una ducha templada, la actividad física suave y el aparato de electroestimulación nerviosa transcutánea. No actúa sobre los focos, pero ayuda a pasar los días malos.

Embarazo y planificación

La adenomiosis puede dificultar la concepción y eleva la probabilidad de aborto espontáneo y de parto prematuro, porque la pared alterada acoge peor al embrión. No es una sentencia: muchas mujeres se quedan embarazadas por sí solas y llevan la gestación a término. Si el embarazo no llega en un año, o en seis meses a partir de los treinta y cinco, conviene estudiar a la pareja y hablar de tratamientos que no bloqueen la concepción o de reproducción asistida. Quien lo está planeando debe saberlo de antemano: parte de los fármacos de la lista anterior no son compatibles con el embarazo y la pauta se cambia antes, no después.

Consulta en línea: en qué ayuda

A distancia es cómodo empezar una conversación que da apuro y que resulta fácil ir aplazando. La ginecóloga repasa el diario de las reglas, valora si la pérdida de sangre entra dentro de lo normal, indica qué análisis y qué prueba conviene tener antes de la visita presencial y explica qué hacer con un informe de ecografía ya emitido. En línea también caben la elección entre pastillas, dispositivo o cirugía, los efectos del tratamiento ya iniciado y la planificación del embarazo. La exploración, la ecografía y la toma de muestras no se hacen así, y ante un sangrado intenso con mareo o desmayo hace falta atención urgente.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

Consulta con un médico sobre Adenomiosis

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