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Absceso dental

Un absceso es una bolsa de pus que las bacterias han creado dentro del diente, en el hueso junto a la raíz o en la encía.

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

Un absceso es una bolsa de pus que las bacterias han creado dentro del diente, en el hueso junto a la raíz o en la encía. Tiene una característica que lo separa del dolor de muelas corriente: no se reabsorbe solo. El pus acaba encontrando una salida hacia fuera o sigue buscándola por los tejidos de la cara y el cuello, que es exactamente donde no debe llegar. Por eso un absceso dental no es un «aguanto hasta el lunes», sino un motivo para acudir al dentista en cuestión de horas, aunque en algún momento el dolor haya aflojado.

Qué se nota y qué se ve

El dolor de un absceso es difícil de confundir: late al ritmo del corazón y no depende de la comida, porque duele también con la boca vacía. Suele irradiarse al oído, a la sien, a la mandíbula o al cuello del mismo lado, empeora por la noche y al tumbarse, hasta el punto de que la persona termina durmiendo medio sentada.

Junto a él suele haber algo más:

  • el diente parece «haber crecido», más alto que los demás, y duele apretarlo incluso con la lengua;
  • reacción brusca al calor, mientras que el frío a veces calma unos instantes;
  • la encía alrededor del diente está enrojecida, tensa y dolorosa al tacto;
  • en la encía se ha levantado un bultito blando parecido a un grano: el pus ha llegado hasta la superficie;
  • la mejilla o el mentón están hinchados, y la hinchazón sube hacia el ojo o baja por debajo de la mandíbula;
  • hay un sabor salado y mal olor en la boca, señal de que el pus ya se ha abierto paso y está drenando;
  • la boca se abre peor, masticar duele y tragar resulta incómodo;
  • se palpan ganglios aumentados y dolorosos bajo la mandíbula;
  • hay fiebre y escalofríos.

La hinchazón de la cara es el signo que marca los plazos. Mientras todo se limita a la encía, se cuenta por uno o dos días; en cuanto se hincha la mejilla o la zona submandibular, la infección ha salido del diente y el asunto pasa a ser urgente.

De dónde sale el pus

El principio es casi siempre el mismo: las bacterias llegan a donde no deberían estar. A partir de ahí los caminos se separan.

  • Por la pulpa muerta. Una caries profunda o una fisura abren paso hasta el nervio del interior del diente. El nervio se inflama y muere, la infección desciende por el conducto y se acumula en el hueso, junto a la punta de la raíz. Es la vía más frecuente.
  • Por la bolsa de la encía. En la enfermedad periodontal se forma una bolsa profunda entre el diente y la encía. Si su boca se cierra, el contenido deja de drenar y el absceso aparece a un lado de la raíz, con el diente perfectamente sano.
  • Alrededor de un diente que sale. Casi siempre una muela del juicio medio cubierta por un capuchón de encía. Bajo el capuchón se acumula placa y allí se junta el pus; el signo característico es la dificultad para abrir la boca.
  • Tras un golpe. Un diente contusionado o fisurado puede oscurecerse y doler meses después, cuando la pulpa de dentro ya ha muerto.

Los abscesos avanzan más deprisa y peor en personas con diabetes, en fumadores, con la boca seca, con las defensas bajas y durante la quimioterapia. Merecen mención aparte la radioterapia de cabeza y cuello y los medicamentos que actúan sobre el hueso, empleados en la osteoporosis y en algunos tumores. Con esos antecedentes, extraer un diente exige una preparación especial, así que avise al dentista antes de la intervención y no después.

Por qué el dolor cede y la enfermedad sigue

La trampa más peligrosa de este cuadro es que el absceso sabe calmarse. Lo hace de dos maneras, y ninguna significa curación.

La primera: el nervio del interior del diente termina de morir. Ya no queda nada que duela y la persona da por hecho que se salvó. Pero la infección simplemente ha bajado más allá de la punta de la raíz y allí destruye el hueso en silencio.

La segunda: el pus se abre camino hacia fuera por un orificio diminuto de la encía. La presión cae, el dolor casi desaparece, queda un sabor extraño en la boca y todo parece resuelto. En realidad se ha formado una fístula, un drenaje permanente que permite al foco del hueso vivir años y recordarlo con reagudizaciones de vez en cuando.

De ahí una conclusión práctica: un diente que dolía mucho y de pronto ha dejado de doler hay que enseñárselo al dentista con la misma obligación que uno que duele. Aquí quien decide no es la sensación, sino la exploración y la radiografía.

Cuándo se cuenta por horas

La infección de origen dental se extiende por los espacios de tejido de la cara y el cuello, los mismos por los que discurren la vía aérea y los vasos grandes. Ocurre pocas veces, pero avanza rápido.

Llame a una ambulancia (en Europa el número único es el 112) o vaya de inmediato a urgencias si aparecen:

  • dificultad para respirar, un pitido al hacerlo o sensación de que falta el aire;
  • dificultad para tragar, imposibilidad de tragar la propia saliva, babeo;
  • hinchazón bajo la lengua o en el suelo de la boca, con la lengua elevada y el habla cambiada, como si algo estorbase dentro;
  • hinchazón alrededor del ojo, ojo salido, visión doble o pérdida de vista;
  • la boca no se abre más allá de un par de dedos;
  • la hinchazón crece deprisa y desciende hacia el cuello;
  • fiebre alta con escalofríos, confusión, somnolencia intensa, respiración rápida, piel fría y moteada.

En ese estado no se conduce. Lleve consigo la lista de los medicamentos que toma. Y una cosa más que conviene saber: un dolor en la mandíbula inferior o en los dientes que aparece al caminar y cede con el reposo, sobre todo si se acompaña de opresión en el pecho, falta de aire o sudor frío, puede no venir del diente sino del corazón. También en ese caso se llama a una ambulancia.

Qué hace el dentista

El tratamiento tiene un solo sentido: dar salida al pus y eliminar el origen; lo demás es accesorio. La vía se elige según de dónde venga la infección:

  • si la causa es la pulpa muerta, se abre el diente, se limpian los conductos, se deja salir el pus y después se obturan; esto lleva varias sesiones;
  • si el diente ya no puede conservarse, se extrae y el pus sale por el alvéolo;
  • si el pus se ha acumulado en los tejidos blandos, el absceso se abre con una incisión y a veces se deja un drenaje unos días;
  • en el absceso periodontal se irriga y se limpia la bolsa;
  • en la inflamación alrededor de la muela del juicio se lava el capuchón y el destino del diente se decide más adelante.

Todo se hace con anestesia local. En una inflamación aguda la anestesia funciona a veces peor de lo habitual; dígaselo al dentista, porque existen maneras de resolverlo.

Conviene hablar aparte de los antibióticos, porque es donde más ideas equivocadas hay. No sustituyen al drenaje: dentro de una cavidad llena de pus el fármaco apenas penetra, y tomar pastillas sin abrir el absceso solo aplaza el desenlace. Se indican cuando la infección ha salido del diente —hinchazón facial, fiebre, ganglios aumentados— o cuando las defensas están bajas. Empezar un tratamiento por cuenta propia, y menos aún con las pastillas sobrantes de la vez anterior, no es buena idea: enturbia el cuadro y favorece la resistencia bacteriana.

Cómo aguantar hasta la cita

Las medidas caseras no curan el absceso, pero permiten llegar al sillón sin sufrimiento añadido.

  • Tome analgésicos de los que se venden sin receta, paracetamol o ibuprofeno; si el dolor es fuerte a veces se combinan, aunque conviene preguntarlo al médico o al farmacéutico, sobre todo si ya toma otras cosas. A niños y adolescentes no se les da aspirina.
  • No coloque la pastilla sobre la encía ni la frote contra la mucosa: así solo se produce una quemadura y se añade una herida.
  • Enjuáguese la boca con agua tibia con sal varias veces al día.
  • Duerma con la almohada alta: tumbado, el dolor aumenta.
  • Coma alimentos blandos y templados, como sopa, tortilla, puré o yogur, y mastique del lado sano.
  • Manténgase lejos del azúcar y de lo muy caliente o helado.
  • Cepille con un cepillo suave y rodee la zona dolorida con cuidado, pero sin dejar de limpiarla.

Lo que no debe hacerse: calentar la mejilla con una bolsa de agua caliente, una compresa o un enjuague muy caliente, porque el calor ayuda a la infección a profundizar y por fuera es preferible aplicar frío; abrir o exprimir el absceso uno mismo; hurgar en la fístula; poner sobre la encía alcohol, ajo u otros remedios domésticos.

Para que no vuelva a ocurrir

Un absceso casi siempre es el final de una historia larga que podía haberse interrumpido antes. Sirve lo mismo que contra la caries y la enfermedad de las encías, con algunos detalles que no todo el mundo conoce.

  • Cepíllese con pasta con flúor dos veces al día y, al terminar, escupa pero no se enjuague con agua: así el flúor sigue actuando sobre el esmalte.
  • Use el colutorio en otro momento del día y no justo después del cepillado, porque de lo contrario arrastra esa misma pasta.
  • Limpie una vez al día entre los dientes con seda o con cepillos interdentales: el cepillo normal no llega ahí, y ahí es donde empieza todo.
  • Importa menos la cantidad de azúcar que la frecuencia: cinco picoteos de caramelos hacen más daño que un postre. Entre comidas, mejor agua.
  • No fume ni use tabaco sin humo: empeoran el estado de las encías y la cicatrización.
  • Cambie el cepillo cuando las cerdas se abran.
  • Acuda a las revisiones con el intervalo que le indiquen: un agujero pequeño se arregla en una visita y un absceso en varias.

Si tiene la boca seca de forma constante, por medicamentos, tras radioterapia o por una enfermedad de las glándulas salivales, dígaselo al dentista: sin saliva los dientes se destruyen bastante más deprisa y para esos casos hay medidas específicas.

Consulta en línea

A distancia, el médico ayuda a resolver la pregunta más apremiante: cuánta urgencia hay y qué hacer ahora mismo. Con la descripción del dolor y una fotografía de la encía y de la cara valorará si toca dentista mañana o urgencias hoy, indicará con qué calmar el dolor sin riesgo según sus medicamentos y enfermedades, y explicará qué señales vigilar durante la noche. Es también una forma cómoda de aclarar dudas sobre un tratamiento ya empezado: por qué persiste la hinchazón tras el drenaje, qué es normal, si hacen falta antibióticos. Un absceso no se abre a través de una pantalla, de modo que esta consulta no sustituye la visita al dentista, sino que ayuda a no llegar tarde a ella. Las señales de la lista anterior no se valoran así: con ellas se llama directamente a una ambulancia.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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