Absceso cerebral
Un absceso cerebral es una bolsa de pus delimitada dentro del tejido del cerebro. Los microbios llegan hasta allí desde un foco vecino del cráneo…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Absceso cerebral
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE, CEFOTAXIMA SODICA 1 g/vial de polvoPrincipio activo: CefotaximaFabricante: Ldp Laboratorios Torlan S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 500 mg ceftriaxonaPrincipio activo: CeftriaxonaFabricante: Ldp Laboratorios Torlan S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE PERFUSION, 1 GPrincipio activo: CeftazidimaFabricante: Laboratorio Reig Jofre, S.A.Requiere receta
Un absceso cerebral es una bolsa de pus delimitada dentro del tejido del cerebro. Los microbios llegan hasta allí desde un foco vecino del cráneo, transportados por la sangre o introducidos a través de una herida. El sistema inmunitario no consigue destruirlos y opta por rodearlos con una pared que los aísla del resto del cerebro. El resultado es una cavidad con pus que presiona desde dentro y va creciendo. Es poco frecuente, pero el tiempo juega en contra: alrededor del absceso se hincha el tejido, comprime los vasos y parte del daño se vuelve irreversible.
De dónde sale el pus dentro del cerebro
El cerebro está mejor protegido que cualquier otro órgano: una infección no llega hasta él por casualidad. Hay tres maneras de sortear esa protección.
- Desde un foco vecino. Una otitis media supurada que se prolonga, la infección del hueso situado detrás de la oreja, una sinusitis, un foco purulento en la raíz de una muela. Desde ahí los microbios avanzan en línea recta: a través del hueso adelgazado o por las venas que comunican la cara con el interior del cráneo.
- Por la sangre. El origen puede estar en cualquier sitio: una infección del revestimiento interno del corazón, unos bronquios dilatados que supuran de forma continua, un absceso en el pulmón, un proceso purulento en el abdomen o en la pelvis.
- A través de una herida. Una fractura abierta de cráneo, una herida penetrante y, con menos frecuencia, una complicación tras una operación cerebral.
En una parte de los casos el origen nunca se encuentra, y eso no significa que se haya buscado mal.
Hay una causa de la que casi nadie habla y que, sin embargo, es la más valiosa de conocer. Normalmente toda la sangre venosa atraviesa los pulmones, que actúan como filtro: los coágulos pequeños y las bacterias sueltas quedan retenidos allí y no llegan al cerebro. Si existe una comunicación directa entre la sangre venosa y la arterial, ese filtro queda fuera de juego. Ocurre en las cardiopatías congénitas cianóticas y en las comunicaciones arteriovenosas del pulmón, que a menudo forman parte de una enfermedad hereditaria, la de Rendu-Osler, en la que la persona y sus familiares sufren hemorragias nasales frecuentes y puntitos vasculares rojos en labios, lengua y yemas de los dedos. Por eso un absceso cerebral en alguien sin caries, sin otitis y sin traumatismo obliga a buscar esa comunicación en lugar de darlo por casual.
Hay además un grupo con más riesgo: quienes tienen las defensas debilitadas por el VIH, la quimioterapia, los medicamentos tras un trasplante o una diabetes mal controlada. En ellos el causante no suele ser una bacteria corriente, sino un hongo o un parásito, y el tratamiento cambia por completo.
Qué nota la persona
La trampa principal es que la combinación esperada de fiebre alta, dolor de cabeza y debilidad en un brazo casi nunca aparece completa: se da en menos de un tercio de los casos, y en torno a la mitad de las personas la temperatura se mantiene normal. La ausencia de fiebre no descarta nada.
- dolor de cabeza, el signo más constante: crece a lo largo de días, suele localizarse en una mitad de la cabeza, no cede con los analgésicos habituales y empeora por la mañana y al tumbarse;
- náuseas y vómitos sin relación con las comidas;
- somnolencia, lentitud, confusión, irritabilidad inusual o cambios de comportamiento;
- debilidad o entumecimiento del brazo y la pierna de un mismo lado, desviación de la cara, habla arrastrada, dificultad para encontrar las palabras;
- visión doble, visión borrosa, pérdida de una parte del campo visual;
- una crisis convulsiva;
- rigidez de nuca y molestia ante la luz.
En un lactante el cuadro es más pobre: decaimiento, rechazo del alimento, llanto distinto, fontanela abombada, vómitos sin diarrea.
Cuándo no se puede esperar a mañana
Llame a una ambulancia (en Europa, el número 112) si aparece cualquiera de estas situaciones:
- debilidad en la mitad del cuerpo, desviación de la cara o habla arrastrada;
- una primera crisis convulsiva en la vida;
- cuesta despertar a la persona o esta no sabe dónde está;
- el dolor de cabeza se intensifica de golpe y se acompaña de vómitos;
- fiebre alta junto con rigidez de nuca y molestia ante la luz.
Quien ya ha sido tratado por un absceso debe conocer una señal propia: si tras varias semanas tranquilas el dolor de cabeza reaparece y va en aumento, puede tratarse de un nuevo absceso. Más peligrosa todavía es la rotura del pus hacia los ventrículos cerebrales; se instaura en horas y exige cuidados intensivos, así que un empeoramiento brusco durante la recuperación no se vigila en casa.
Cómo se localiza el foco
La prueba principal es la resonancia magnética con contraste. La secuencia de difusión es la más útil: el pus es espeso, el agua apenas se mueve dentro de él y el foco se ilumina de forma muy distinta a la de un tumor con necrosis. Eso suele resolver la duda antes de operar. La tomografía computarizada es más rápida y accesible, de modo que en urgencias se empieza por ella: el absceso se ve como una imagen redondeada con un anillo brillante en el borde.
Los hemocultivos se extraen antes de la primera dosis de antibiótico, porque después salen negativos a menudo. El material más valioso se obtiene del propio absceso mediante punción y se siembra también sin oxígeno, ya que buena parte de estos microbios no crece de otro modo.
En paralelo se busca el foco de origen: imagen de los senos y del hueso temporal, revisión dental y ecocardiografía si se sospecha de las válvulas cardíacas.
La punción lumbar no se realiza ante la sospecha de absceso. Mientras haya una lesión que ocupa espacio dentro del cráneo, extraer líquido del canal raquídeo puede desplazar el cerebro hacia abajo y provocar una hernia cerebral. Además aporta muy poca información útil.
Con qué se trata
Los antibióticos se administran por vía intravenosa y el tratamiento dura semanas, no días: el fármaco tiene que atravesar una cápsula densa. Se empieza sin esperar al cultivo con una combinación que cubra tanto las bacterias habituales como las que viven sin oxígeno, normalmente cefalosporinas junto con metronidazol; si se sospecha un estafilococo resistente se añade un fármaco activo frente a él. Ante un hongo, la pauta es completamente distinta. La composición exacta y la duración las ajusta el médico según el cultivo y las imágenes de control.
El cirujano no siempre hace falta. Un absceso pequeño y profundo a veces se trata solo con medicación. Uno grande se drena: con navegación se practica un pequeño orificio en el cráneo y se aspira el pus con una aguja, lo que además da muestra para el cultivo. Si la cavidad tiene varias cámaras, no responde o contiene un cuerpo extraño, se abre el cráneo y se retira con su cápsula.
Además se controla el edema cuando amenaza con comprimir el cerebro y se pautan antiepilépticos a quien ya ha tenido una crisis. Una parte obligatoria del plan es eliminar el foco de origen: extraer la muela, operar el seno o el oído. Sin eso la historia se repite.
Qué viene después
El ingreso dura semanas y la recuperación en casa, meses. Hasta qué punto vuelven el habla, el movimiento y la atención depende sobre todo de lo pronto que se empezara a tratar.
La secuela tardía más frecuente son las crisis: la cicatriz que queda donde estuvo el absceso puede volverse un foco de epilepsia, a veces al cabo de un año o más. Por eso hacen falta seguimiento neurológico e imágenes de control, y la vuelta al volante se decide caso por caso: las normas cambian de un país a otro y hay que hablarlas con el médico. Los deportes de contacto se evitan tras una craneotomía.
Consulta en línea
La consulta en línea no sustituye a una ambulancia: ante debilidad en la mitad del cuerpo, convulsiones o confusión se llama al 112 y no se escribe un mensaje. El médico a distancia sirve para otra cosa: analizar un dolor de cabeza prolongado que se comporta de forma rara, valorar si conviene una prueba de imagen urgente, explicar el informe y el tratamiento tras el alta y orientar sobre qué preguntar al neurocirujano.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.





