Úlcera venosa de la pierna
Es una herida abierta en la pierna que no cierra durante semanas y meses. Aparece habitualmente en la cara interna, un poco por encima del tobillo, y su…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Úlcera venosa de la pierna
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
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Es una herida abierta en la pierna que no cierra durante semanas y meses. Aparece habitualmente en la cara interna, un poco por encima del tobillo, y su causa no está en la herida sino en las venas: la sangre sube mal, la presión dentro de ellas se mantiene alta y la piel que las cubre se vuelve tan frágil que se rompe con un golpe insignificante y luego no cicatriza.
Es el tipo más frecuente de úlcera en las piernas y explica la mayoría de los casos. Con la edad se ven mucho más a menudo, y en quien ya ha tenido una, la probabilidad de que vuelva es alta incluso años después. Toda la cuestión se resume en una idea: hay que tratar las venas, no la herida. Un apósito sin actuar sobre el retorno venoso no consigue la cicatrización.
Por qué aparece
La sangre de las piernas sube hacia el corazón contra la gravedad. La empuja la bomba muscular: con cada paso el gemelo comprime las venas profundas, y las válvulas del interior impiden que la sangre resbale hacia abajo. Si esas válvulas están destruidas o los músculos apenas trabajan, la sangre se estanca, la presión en los pequeños vasos de la piel sube y a través de su pared salen líquido y células sanguíneas al tejido. La piel se hincha, se oscurece, se endurece y pierde la capacidad de repararse.
Lo que más a menudo lleva a esto:
- una trombosis venosa profunda pasada: el coágulo daña las válvulas y las consecuencias se manifiestan a veces muchos años después;
- varices;
- dificultad para caminar por artrosis, secuelas de un ictus o rigidez del tobillo: la bomba muscular deja de funcionar;
- una fractura o una operación en la pierna, incluidas las prótesis de cadera y de rodilla, tras las cuales se pasa mucho tiempo inmóvil;
- el exceso de peso, que aumenta la presión en las venas del abdomen y de las piernas;
- trabajar muchas horas de pie, la edad y haber tenido antes una úlcera en esa misma pierna.
Qué aspecto tiene y qué ocurre alrededor
La úlcera suele ser poco profunda, de bordes irregulares y fondo húmedo, y el exudado empapa el apósito. El dolor varía, desde una pesadez sorda hasta un dolor intenso, y por lo general disminuye al elevar la pierna.
Igual de importante es lo que ocurre en la piel de alrededor: estos signos aparecen mucho antes que la propia herida y dan la oportunidad de intervenir a tiempo.
- hinchazón de los tobillos que aumenta al caer la tarde y baja por la noche;
- manchas de color pardo herrumbroso en la piel de la pierna, rastro de las células sanguíneas deshechas;
- endurecimiento de la piel y del tejido bajo ella: la pierna se estrecha justo por encima del tobillo y adopta la forma de una botella invertida;
- piel roja, descamada y con picor, el llamado eccema varicoso;
- pequeñas cicatrices blancas entre las zonas pigmentadas;
- venas dilatadas y arañas vasculares junto al tobillo interno.
Señales de infección añadida: el dolor aumenta bruscamente, alrededor de la herida se extienden enrojecimiento e hinchazón, la piel está caliente, sube la fiebre y aparece malestar general. En la piel oscura el enrojecimiento cuesta más de ver: guíese por la hinchazón, el calor y el dolor.
Qué puede parecerse
No toda úlcera de la pierna es venosa, y la diferencia es decisiva: lo que ayuda en una puede perjudicar en otra.
- Úlcera arterial. Suele situarse en el pie, los dedos o el talón, con bordes como recortados a troquel y fondo seco. El dolor empeora de noche y tumbado, y cede al dejar la pierna colgando de la cama. El pie está frío y pálido y no se palpa el pulso. La compresión en esta úlcera es peligrosa: puede cortar del todo un riego ya escaso.
- Úlcera del pie diabético. Se forma en los puntos de apoyo de la planta, con frecuencia no duele por la afectación de los nervios y está rodeada de un callo grueso. Exige descargar el pie y seguimiento en una consulta especializada.
- Úlcera por inflamación de los vasos y pioderma gangrenoso. Crece deprisa, en días, con un borde socavado y violáceo y un dolor desproporcionado. Aquí desbridar la herida y comprimir pueden empeorar las cosas: el tratamiento es otro y hace falta un especialista.
- Úlcera tumoral. Es rara, pero la más importante de las causas raras: una herida que no cierra durante mucho tiempo puede transformarse en un cáncer de piel. Hacen sospechar los bordes elevados, evertidos o que crecen como un mamelón, junto con la ausencia total de mejoría. Si la úlcera no se reduce tras tres meses de tratamiento correcto o tiene un aspecto atípico, se toma una muestra de tejido para analizarla.
Qué comprueba el médico
El diagnóstico se basa sobre todo en la exploración. La pierna se mira de pie y tumbado: de pie se aprecian mejor las venas dilatadas, tumbado es más cómodo valorar la úlcera. El médico pregunta por trombosis previas, traumatismos y cirugías de la pierna, diabetes y úlceras anteriores.
Un paso obligado es medir la presión en el tobillo y en el brazo con una sonda de ultrasonidos. La relación entre ambas indica si las arterias están bien. Sin esta prueba no se indica compresión: si el flujo arterial está disminuido, un vendaje apretado no cura, sino que provoca la muerte del tejido. Es la exploración más importante de todo el tema.
Puede hacer falta además una ecografía dúplex de las venas, que muestra cuáles dejan pasar la sangre hacia atrás y si eso se puede corregir, una determinación de glucosa y, ante la sospecha de causas poco habituales, una biopsia. El cultivo de la superficie de la herida no se hace de rutina: en toda úlcera abierta hay bacterias, y su mero crecimiento no obliga a tratar.
Cómo se trata
El tratamiento principal es la compresión. Un vendaje multicapa o una media de compresión aprietan la pierna desde fuera, ayudan a que la sangre suba y reducen la hinchazón. El vendaje debe colocarlo alguien formado para ello: mal puesto, o no sirve de nada o lesiona.
Con una compresión adecuada, la mayoría de las úlceras cicatriza en unos seis meses y una parte considerable, antes. Los primeros días con el vendaje suelen doler; para el dolor sirve el paracetamol en la dosis acordada con el médico. A medida que la herida cierra, el dolor se va.
Qué incluye además el tratamiento:
- limpiar la herida de fibrina y tejido muerto y cubrirla con un apósito sencillo que no se pegue. Los apósitos caros no cicatrizan más deprisa: no hay pruebas de que sean mejores, y ese dinero rinde más en una buena media de compresión;
- cambiar el apósito por lo general de una a tres veces por semana, según se empape;
- cuidar la piel de alrededor: emoliente a diario y, si hay eccema varicoso, una tanda corta de corticoide en crema indicada por el médico. Si el picor empeora justo después de cambiar de apósito o de crema, conviene pensar en una alergia a ellos;
- antibióticos solo ante signos claros de infección y en pauta corta. El olor y el exudado abundante por sí solos no bastan como motivo, y los antibióticos no aceleran la cicatrización;
- actuar sobre las venas. Si la ecografía muestra reflujo por las venas superficiales, cerrarlas desde dentro con un catéter mediante láser, radiofrecuencia o una sustancia esclerosante, y hacerlo pronto, acelera el cierre de la úlcera y reduce mucho el riesgo de que vuelva a abrirse. Conviene preguntar por ello: hay quien lleva años cambiando apósitos sin haber hablado nunca de sus venas.
Lo más eficaz que está en manos de la propia persona es moverse y elevar la pierna. Caminar pone en marcha la bomba muscular, y tumbarse con la pierna por encima del nivel de la cadera durante media hora varias veces al día reduce la hinchazón. Ayuda también un ejercicio sencillo: sentado, mover los pies arriba y abajo y girarlos sobre el tobillo.
Cuándo quitar el vendaje y avisar de inmediato
El vendaje de compresión no debe hacer daño. Quítelo o córtelo, eleve la pierna y contacte ese mismo día con su médico o enfermera si:
- aparecen adormecimiento u hormigueo en el pie y los dedos;
- el dolor se vuelve inusualmente intenso, sobre todo de noche;
- los dedos se hinchan, palidecen, se ponen azulados o se enfrían.
Consulte el mismo día si el enrojecimiento y la hinchazón ascienden por la pierna, sube la fiebre y aparecen escalofríos y postración: puede tratarse de una erisipela u otra infección de los tejidos blandos.
Llame a la ambulancia por el número europeo único 112 si la herida sangra abundantemente y la presión directa no lo detiene, si la piel alrededor de la úlcera se ennegrece con rapidez mientras el dolor se dispara, o si con una úlcera infectada la persona se desorienta y la respiración y el pulso se aceleran de golpe.
Para que no vuelva
Una vez cerrada la úlcera, el riesgo de que aparezca otra en esa misma pierna persiste durante años. Las venas siguen ahí, de modo que la prevención no es una tanda de tratamiento sino una rutina permanente.
- Media de compresión. Se pone por la mañana, antes de que la pierna se hinche, y se quita para dormir. La enfermera ayuda a elegir la talla y el grado de compresión; existen dispositivos que facilitan mucho ponérsela y conviene pedirlos si las manos no dan para tanto.
- Caminar a diario y movilizar el tobillo. Una articulación rígida anula la bomba muscular más que cualquier vena.
- Elevar las piernas durante el día y apoyarlas en un cojín al dormir.
- Bajar de peso si sobra.
- Aplicar cada día una crema emoliente en las piernas y protegerlas de golpes y arañazos: en esa piel, hasta un rasguño abre una úlcera nueva.
- Dejar de fumar: el tabaco empeora el riego de la piel y retrasa la cicatrización.
- Consultar con el cirujano vascular si merece la pena tratar las varices, la única medida que elimina la causa de raíz.
Consulta en línea
La atención a distancia ayuda a entender qué le pasa a la pierna y a no perder tiempo. Con la descripción y una fotografía, el médico valora si la herida parece una úlcera venosa, explica qué pruebas deben hacerse primero y por qué no se puede iniciar la compresión sin comprobar las arterias, repasa los informes ya emitidos, orienta sobre el cuidado de la piel alrededor de la herida y la elección de la media, y ayuda a preparar las preguntas para el cirujano vascular, empezando por si el reflujo venoso se puede corregir.
A distancia no se puede ni colocar la compresión ni palpar el pulso del pie, así que la primera exploración y la medición de la presión en el tobillo hay que hacerlas presencialmente en cualquier caso.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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