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Medicamentos comúnmente prescritos para El resfriado común
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO EFERVESCENTE, 600 mgPrincipio activo: AcetilcisteinaFabricante: Laboratorios Alter S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Sandoz Farmaceutica S.A.No requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1 g paracetamolPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorios Combix S.L.U.Requiere receta
El resfriado no es una enfermedad, sino el nombre común de decenas de virus que se instalan en la nariz y la garganta. Un adulto lo pasa entre dos y cuatro veces al año, y un niño que va a la guardería, el doble; eso no habla de defensas flojas, sino de un sistema inmunitario que se está presentando a sus primeros conocidos. No existe un medicamento que mate a estos virus y lo más probable es que nunca lo haya: son demasiados y cambian demasiado deprisa. Lo que sí existe es un conjunto bastante claro de cosas que hacen más llevadera esa semana y, mucho más importante, un conjunto de señales que avisan de que detrás de lo que parece un resfriado se esconde otra cosa.
El guion que sigue casi siempre y los plazos reales
El resfriado no llega de golpe. Primero pica o raspa la garganta, al día siguiente se tapona la nariz y aparecen los estornudos, y uno o dos días después se suma la tos. Luego empieza la retirada, pero no de todos los síntomas a la vez: la nariz suele despejarse hacia el final de la primera semana, mientras que la tos es lo último en marcharse y puede prolongarse dos o tres semanas después de que todo lo demás haya pasado. Eso es el curso normal, no un resfriado que se ha complicado.
Por el camino ocurrirá casi con seguridad lo siguiente: entre el tercer y el quinto día el moco transparente se espesa y se vuelve amarillo o verdoso. Ese color es lo que más asusta y no significa absolutamente nada. No lo produce ninguna bacteria, sino las propias células de la sangre que han acudido a la mucosa; el tono no cambia el tratamiento y no es motivo para tomar antibióticos.
Otras cosas que también entran dentro del cuadro habitual: ronquera, sensación de peso y taponamiento en los oídos y en la zona de los pómulos, dolor muscular, algo de fiebre, pérdida del gusto y del olfato con la nariz tapada y un cansancio general. En los niños pequeños el resfriado dura más y tiene otra cara: el niño está irritable, come y duerme mal, respira por la boca y después de un acceso de tos puede vomitar lo que acaba de comer. Nada de esto es por sí solo motivo de alarma.
Resfriado, gripe o algo que solo empieza igual
La diferencia con la gripe está sobre todo en la velocidad y en la intensidad con que todo se echa encima. El resfriado tarda dos o tres días en coger fuerza, se queda en la nariz y la garganta y permite seguir con la vida, aunque sea a duras penas. La gripe tumba en unas horas: fiebre alta, dolor en todo el cuerpo, dolor de cabeza y una falta de fuerzas tal que los planes se cancelan solos. Además, la tos de la gripe suele ser seca y molesta, y el moco no es lo principal.
También conviene distinguirlo de otros procesos que arrancan de forma parecida:
- dolor de garganta sin mocos ni tos, con fiebre alta, placas en las amígdalas y ganglios aumentados en el cuello: eso ya no es un resfriado y esa garganta hay que enseñársela al médico;
- pérdida repentina del olfato y del gusto con la nariz despejada: motivo para pensar en la covid y hacerse un test, sobre todo si alrededor hay personas mayores o con enfermedades graves;
- moco transparente con picor de nariz y ojos, estornudos en serie, cada año por las mismas fechas y sin fiebre: eso es alergia y no un virus;
- empeoramiento después de cinco a siete días de mejoría evidente, con dolor y sensación de presión en la frente o en los pómulos y con la nariz taponada de un solo lado: ese es el aspecto de una sinusitis que se ha añadido;
- en un bebé menor de un año, tos con respiración silbante frecuente y dificultad para mamar o tomar el biberón: se trata de una infección invernal muy común de los bronquios pequeños, y aquí hace falta que lo vea un médico.
Lo que alivia de verdad y con qué hay que ir con cuidado
No hay forma de acortar la enfermedad, así que todo lo que se haga se hace por encontrarse mejor. Funcionan pocas cosas, pero funcionan de manera fiable.
- Dormir y descansar. Quedarse en la cama los primeros días no es blandura: la falta de sueño alarga la enfermedad de forma medible.
- Beber. Las bebidas templadas suavizan la garganta y hacen el moco más fluido; la cantidad la marca la sed, no tiene sentido meterse litros a la fuerza.
- La miel para la tos, uno de los pocos remedios caseros con efecto comprobado, sola o disuelta en una bebida templada. A los menores de un año no se les da miel por el riesgo de botulismo.
- Las gotas o el espray de suero salino en la nariz. Son especialmente útiles en los bebés: instilar y aspirar el moco antes de la toma suele ser la única manera de que el niño coma bien.
- Aire húmedo, habitación ventilada y fresca, y el cabecero de la cama algo elevado por la noche.
- Las gárgaras con agua templada y sal, para adultos y para los niños que con seguridad no se la van a tragar.
- Los analgésicos y antitérmicos del grupo del paracetamol y de los antiinflamatorios no esteroideos quitan el dolor de garganta, el dolor de cabeza y el malestar muscular. En los niños la dosis se calcula por peso y no por edad.
Vamos ahora con aquello que exige prudencia. Las gotas y esprays vasoconstrictores despejan la nariz de verdad, pero no pueden usarse más de unos pocos días seguidos: la mucosa responde a la retirada con una hinchazón todavía mayor y la persona acaba dependiendo del frasco. Los sobres y comprimidos combinados «para el resfriado» llevan casi siempre paracetamol, de modo que si en paralelo se toma paracetamol por separado es facilísimo superar la dosis diaria segura, y esa es la causa más frecuente de intoxicación accidental del hígado. A los niños menores de seis años no se les dan preparados combinados para la tos y el resfriado, y por debajo de los doce solo con el consejo del farmacéutico o del médico. Un niño o un adolescente con una infección vírica no debe recibir aspirina en ningún caso: se ha relacionado con una afectación del hígado y del cerebro que es rara, pero mortal. Como el límite de edad está fijado de manera distinta según el país, lo más práctico es quedarse con la regla completa: al menor con un cuadro vírico no se le da aspirina. Tampoco conviene respirar el vapor de un barreño de agua hirviendo, y menos aún los niños: el beneficio es casi nulo y las quemaduras ocurren con regularidad; sentarse en el baño con la ducha caliente abierta es más seguro.
La vitamina C, la equinácea y el ajo no han demostrado en los estudios que prevengan el resfriado ni que lo acorten de manera apreciable. Con los preparados de cinc hay algún dato a favor, pero el efecto es modesto y las náuseas y el sabor metálico son frecuentes; el cinc por vía nasal no debe usarse, ya que se han descrito casos de pérdida permanente del olfato.
Y un apartado propio para los antibióticos: en el resfriado no sirven de nada. El antibiótico actúa sobre las bacterias y aquí el que trabaja es un virus, que no se ablandará ni acortará la enfermedad; a cambio quedan el riesgo de diarrea, erupción y alergia, y el aumento de la resistencia de unas bacterias con las que quizá haya que enfrentarse en serio más adelante. Ni el moco verde ni una tos que persiste justifican por sí solos un antibiótico.
Cuándo no se puede esperar
Hay que llamar al servicio de emergencias, en Europa el 112, o acudir a urgencias si aparece cualquiera de estas cosas:
- cuesta respirar: falta de aire en reposo, imposibilidad de terminar una frase, respiración rápida y superficial; en el niño, aleteo de las alas de la nariz, hundimiento de la piel entre las costillas y por debajo de ellas, quejido al espirar, cabeceo al ritmo de la respiración;
- los labios, la lengua, la cara o las puntas de los dedos se han puesto azulados o grisáceos;
- dolor en el pecho, sobre todo si es opresivo o va ligado a la respiración;
- confusión, delirio, dificultad para despertar a la persona, o un niño apagado que no reacciona como de costumbre;
- convulsiones;
- una erupción que no palidece al presionar sobre ella un vaso transparente;
- dolor de cabeza brusco con rigidez de nuca e intolerancia a la luz;
- signos de deshidratación: boca seca, muchas horas sin orinar y, en el bebé, el pañal seco, la ausencia de lágrimas al llorar y la fontanela hundida;
- fiebre de 38 °C o más en un bebé de menos de tres meses: a esa edad es siempre motivo de exploración en esa misma hora, por tranquilo que se le vea.
Sin urgencia, pero sin dejarlo pasar de un día, conviene consultar al médico si la fiebre dura más de tres días o vuelve después de que la persona hubiera mejorado claramente; si tras una semana de mejoría el estado empeora de nuevo; si a los diez días no hay ninguna evolución favorable; si la tos se alarga más de tres semanas; si duele un oído o supura; o si la garganta duele de un solo lado hasta el punto de que cuesta tragar y abrir la boca. Tampoco hay que aplazar la consulta, aun con síntomas de aspecto corriente, si se padece una enfermedad crónica del corazón, del pulmón o del riñón o diabetes, si las defensas están debilitadas por algún tratamiento, si hay un embarazo, o cuando se trata de un niño muy pequeño o de una persona mayor: en ellos el cuadro puede quedar desdibujado y las complicaciones llegar deprisa.
Cómo no pasárselo a los demás
El virus sale disparado en las gotitas que se expulsan al toser, estornudar y hablar, y viaja también en las manos: desde el pomo de una puerta, una taza, un juguete o una barandilla es capaz de llegar a una mucosa horas después de haberse depositado allí. Una persona contagia desde aproximadamente un día antes de los primeros síntomas y durante toda la primera semana; los niños, más tiempo.
Lo que sí tiene sentido hacer:
- lavarse las manos con jabón, sin prisas, y hacerlo después de toser, de estornudar y al volver a casa;
- estornudar y toser en un pañuelo de papel o en la flexura del codo, y tirar el pañuelo enseguida;
- no compartir toallas, tazas ni cucharas, y no dar a otros niños juguetes que hayan estado en la boca;
- ventilar las habitaciones: en el aire estancado de un espacio cerrado el virus aguanta más tiempo;
- quedarse en casa mientras haya fiebre, si es posible, y mantenerse lejos de los recién nacidos, de las personas mayores y de quienes reciben un tratamiento que baja las defensas;
- no fumar, y no fumar cerca de un niño: el humo del tabaco alarga la tos y aumenta el riesgo de otitis.
La vacuna de la gripe no protege del resfriado, porque se trata de virus distintos. Pero reduce mucho la probabilidad de coger una gripe que, en esas mismas personas de riesgo, resulta incomparablemente más grave, así que tiene todo el sentido ponérsela.
Consulta en línea
A distancia se resuelven bien tres asuntos. El primero, si esto es un resfriado corriente o un cuadro que exige exploración presencial y análisis: el médico preguntará por los plazos, la fiebre, el tipo de tos y la respiración, y dirá si toca esperar o moverse. El segundo, qué puede tomar cada persona en concreto: cómo no duplicar el paracetamol, qué es adecuado durante el embarazo y la lactancia, cómo calcular la dosis del niño por peso, con qué sustituir las gotas vasoconstrictoras cuando la nariz lleva ya una semana taponada. El tercero, qué hacer cuando el resfriado se suma a una enfermedad crónica: si hay que ajustar la medicación habitual y en qué momento dar la voz de alarma. Las señales de la lista anterior no se valoran por pantalla: con ellas hace falta atención urgente.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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