Infecciones del tracto respiratorio (ITR)
Bajo este nombre se agrupan todas las infecciones de los órganos con los que respiramos: la nariz y los senos paranasales, la garganta y la laringe, los…
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Medicamentos comúnmente prescritos para Infecciones del tracto respiratorio (ITR)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 500 mgPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Pfizer S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mgPrincipio activo: AzitromicinaFabricante: Viatris Pharmaceuticals S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1000 mgPrincipio activo: AmoxicilinaFabricante: Almus Farmaceutica S.A.U.Requiere receta
Bajo este nombre se agrupan todas las infecciones de los órganos con los que respiramos: la nariz y los senos paranasales, la garganta y la laringe, los bronquios y los pulmones. El resfriado común, la laringitis, la bronquitis, la gripe, la COVID-19 y la neumonía son todas ITR; lo que cambia es la profundidad a la que llega la infección y su gravedad. La inmensa mayoría se resuelve sola, sin una sola pastilla, en una o dos semanas. Pero en algunas personas y en algunos casos la enfermedad sigue otro camino, y lo más útil que puede llevarse de esta página es dónde está la frontera entre «guardar cama en casa» y «hoy hace falta un médico».
Qué se considera una infección respiratoria
Se dividen según el piso del aparato respiratorio al que afectan, y la división no es un formalismo: de ella depende qué cabe esperar.
Vías altas: nariz, senos paranasales, faringe, amígdalas y laringe. Aquí entran el resfriado común, la sinusitis, la amigdalitis y la laringitis. El curso suele ser leve: congestión o goteo nasal, dolor de garganta, ronquera, algo de tos y fiebre no muy alta. Son molestas, pero rara vez peligrosas.
Vías bajas: tráquea, bronquios y pulmones. Son la bronquitis, la bronquiolitis en los bebés y la neumonía. Aquí la enfermedad dura más, da fiebre alta con más frecuencia, falta de aire clara y una tos que sigue ahí cuando todo lo demás ya ha pasado. Son estas infecciones las que piden atención.
La gripe y la COVID-19 no encajan en el esquema: pueden quedarse en la nariz y la garganta o bajar a los pulmones, así que se vigilan aparte.
Casi todas las ITR las causan virus, y hay cientos de ellos. Por eso un adulto se resfría varias veces al año y un niño en la guardería, aún más. No es señal de tener las defensas bajas, sino aritmética normal: el organismo va conociendo los virus de uno en uno.
Cómo suele transcurrir y cuánto dura
Los síntomas los conoce casi todo el mundo: nariz taponada o que gotea, estornudos, dolor o picor de garganta, dolor de cabeza, dolores musculares, cansancio, fiebre y tos, seca al principio y con expectoración después.
Más que la lista, conviene conocer los plazos. La fiebre y el dolor de cuerpo duran normalmente tres o cuatro días. El dolor de garganta se va en una semana aproximadamente. La congestión nasal, en semana y media. La tos, en cambio, va por detrás de todo lo demás: puede seguir dos o tres semanas después de que la persona ya se encuentre bien. La mucosa de los bronquios se repara despacio, y esa tos que se alarga no significa por sí sola ni complicación ni necesidad de antibiótico.
La expectoración suele cambiar de color y volverse amarilla o verdosa. Al contrario de lo que se cree, el color no habla de bacterias: depende de cuántas células de defensa destruidas hay en el moco, y en una infección vírica corriente cambia exactamente igual.
Signos ante los que no se puede esperar
Hay situaciones que no piden una cita, sino atención inmediata: ambulancia o servicio de urgencias. En España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania la ambulancia se pide al número europeo único 112.
- Falta de aire en reposo: cuesta respirar, no se consigue terminar una frase, hay que sentarse apoyando los brazos.
- Dolor en el pecho que aumenta al inspirar o al toser.
- Tos con sangre o esputo con hilos de sangre.
- Labios, cara o uñas azulados o grisáceos.
- Confusión, somnolencia inusual, dificultad para despertar a la persona, sobre todo si es mayor. En las personas de edad la neumonía a menudo no se manifiesta con tos y fiebre, sino con una desorientación repentina, una caída o una debilidad brusca.
- Erupción que no palidece al presionarla con un vaso.
En los niños los signos de alarma son otros, y no dependen de la fiebre:
- respira deprisa y con esfuerzo; al inspirar se le hunden los espacios entre las costillas, el hueco del cuello o el abdomen bajo las costillas;
- al respirar se le oye un quejido y se le abren las aletas de la nariz;
- rechaza el líquido, orina bastante menos de lo habitual, el bebé tiene el pañal seco;
- está apagado, no responde como siempre o, al revés, no hay manera de calmarlo;
- en un bebé de los primeros meses, cualquier fiebre alta.
Cuándo hace falta un médico el mismo día
La ambulancia no es necesaria en estos casos, pero tampoco conviene aplazarlos:
- la fiebre dura más de tres o cuatro días o vuelve a subir después de haber mejorado; ese segundo pico suele significar que sobre el virus se ha añadido una infección bacteriana;
- no hay mejoría al cabo de una semana o el estado empeora de forma clara;
- la tos se prolonga más de tres semanas;
- aparece falta de aire con el esfuerzo habitual, algo que antes no ocurría;
- la infección coincide con un embarazo;
- hay una enfermedad crónica del corazón, del pulmón o del riñón, diabetes o defensas bajas, ya sea por un tratamiento, por quimioterapia o por la propia enfermedad;
- se trata de una persona mayor o de un niño menor de un año.
Mención aparte para las enfermedades pulmonares crónicas. Con asma o EPOC, un resfriado corriente puede desencadenar una crisis, y hay que actuar según el plan acordado de antemano con el médico, sin esperar a estar francamente mal.
Por qué los antibióticos no acortan la enfermedad
Es lo que más se espera de una consulta y lo que más decepciona. Los antibióticos matan bacterias. Sobre los virus no actúan en absoluto: ni sobre el de la gripe, ni sobre los rinovirus del resfriado, ni sobre el de la COVID-19. Y son los virus los que causan la inmensa mayoría de las infecciones respiratorias.
De ahí una consecuencia importante. Un antibiótico tomado en una infección vírica no acorta la enfermedad ni un día, no baja la fiebre y no evita las complicaciones. En cambio sí puede aportar lo suyo: diarrea, náuseas, erupción, reacción alérgica, candidiasis en las mujeres y, a veces, una inflamación intestinal grave. Y hay una consecuencia colectiva: cuanto más se toman sin necesidad, más bacterias resistentes hay alrededor y menos probable es que el fármaco funcione el día en que de verdad haga falta.
El médico recetará un antibiótico si ve signos de infección bacteriana, por ejemplo una neumonía. A veces para eso hace falta una radiografía de tórax o un cultivo de esputo. Y si se receta, la pauta se termina tal como se indicó, sin guardar media caja «para la próxima vez»: la caja sobrante de otra ocasión es, después de la automedicación, el segundo motivo por el que estos fármacos dejan de servir.
Qué ayuda de verdad en casa
No se puede curar una infección vírica más rápido de lo que se cura sola, pero sí se puede llevar bastante mejor.
- Descanso y sueño. No aguantar en el trabajo, sino descansar de verdad: quien no duerme está enfermo más tiempo y contagia a los compañeros.
- Líquidos. Templados y en cantidad: fluidifican el moco y hacen más fácil expulsarlo.
- Una bebida caliente con miel y limón suaviza la garganta y calma la tos. La miel no se da a menores de un año; es una norma estricta, por el riesgo de botulismo.
- Gárgaras con agua tibia con sal si duele la garganta. No sirve para los niños pequeños, que se tragan la solución.
- Una almohada más alta por la noche: con la cabeza elevada se respira mejor por la nariz y molesta menos la tos nocturna.
- Los analgésicos y antitérmicos del grupo del paracetamol y de los antiinflamatorios no esteroideos alivian el dolor de cuerpo, de cabeza y de garganta. Vigile que el mismo principio activo no llegue por dos vías: los sobres combinados «para el resfriado» casi siempre llevan paracetamol, y junto con un comprimido aparte es fácil pasarse de la dosis diaria.
- A los niños y adolescentes no se les da aspirina: durante una infección vírica se asocia a un daño raro pero grave del hígado y del cerebro.
Los descongestionantes nasales facilitan la respiración, pero no se usan más de unos pocos días seguidos: la mucosa se acostumbra y la congestión vuelve por culpa del propio spray. Los jarabes para la tos y los caramelos actúan sobre todo por el efecto suavizante y el sabor; no hacen daño, pero tampoco cabe esperar mucho de ellos. A los niños no se les deja respirar el vapor de una olla: las quemaduras con agua hirviendo en esas inhalaciones son un accidente doméstico clásico. Y no fume mientras esté enfermo: el humo retrasa la recuperación.
Cómo no contagiarse y no contagiar
Los virus respiratorios viajan en las gotitas que salen al toser, estornudar y hablar, y también en las manos, del pomo de una puerta a la propia cara.
Por eso, mientras esté enfermo: cúbrase la boca y la nariz con el codo o con un pañuelo, tire el pañuelo enseguida, lávese las manos más a menudo de lo normal, quédese en casa los primeros días si puede y no se acerque a bebés, personas mayores ni personas con las defensas bajas. Si tiene que salir, la mascarilla reduce claramente el riesgo para los demás.
Quien se pone enfermo a menudo o de forma grave hace bien en hablar de vacunas con su médico: sobre todo la anual de la gripe y, según la edad y el estado de salud, también la antineumocócica, que protege frente a la causa más frecuente de neumonía bacteriana. A quién y a partir de qué edad corresponden lo marca el calendario de vacunación de cada país, y no es igual en todos: pregunte a su médico de cabecera. Dejar de fumar reduce la frecuencia y la gravedad de estas infecciones más que ninguna otra medida.
Consulta en línea
El resfriado es precisamente el caso en el que muchas veces no hace falta desplazarse a la clínica, pero la duda sigue ahí. La consulta en línea sirve para repasar los síntomas y ver si es una infección corriente o el cuadro se sale de lo esperable; para decidir si conviene una exploración presencial y una radiografía; para saber qué hacer con una tos que no termina de irse; para aclarar dudas sobre un antibiótico ya recetado y sus efectos secundarios; para elegir remedios seguros durante el embarazo o para un niño; y para dejar por escrito un plan de actuación ante los catarros si tiene asma o EPOC.
Tenga a mano: desde qué día está enfermo y cómo ha ido cambiando, las temperaturas anotadas por días, la lista de medicamentos que toma, incluidos los sobres sin receta, y sus enfermedades crónicas. Si tiene un pulsioxímetro en casa, mida la saturación de oxígeno y diga la cifra.
Una advertencia importante: los signos urgentes del apartado anterior no se valoran en línea. Ante ellos hace falta una ambulancia, no una consulta.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Infecciones del tracto respiratorio (ITR)
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