Hidronefrosis
Se llama hidronefrosis a la dilatación de las cavidades del riñón —la pelvis renal y los cálices— que aparece cuando la orina encuentra dificultades para…
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Se llama hidronefrosis a la dilatación de las cavidades del riñón —la pelvis renal y los cálices— que aparece cuando la orina encuentra dificultades para bajar hasta la vejiga. No es una enfermedad por sí misma, sino la huella de otra: en algún punto del recorrido, entre el riñón y la salida, se ha formado un obstáculo y el líquido se acumula por encima. De ahí las dos tareas seguidas: primero aliviar la presión dentro del riñón y después localizar y resolver aquello que impedía el paso. Cuanto menos tiempo haya estado el riñón sometido a presión, más completa será su recuperación.
Qué ocurre dentro del riñón
El riñón trabaja sin descanso: filtra la sangre y entrega la orina ya formada a la pelvis renal, y desde allí baja por el uréter hasta la vejiga. El flujo va en un solo sentido y se sostiene sobre una diferencia de presión muy pequeña. Basta con cerrar el tubo para que la orina siga llegando sin tener adónde ir: la presión en la pelvis sube y se transmite hacia atrás, hasta el propio tejido donde se produce el filtrado.
Al principio el riñón aguanta: se dilata, se distiende y trabaja más despacio. Si el obstáculo desaparece en unos días, todo vuelve a su sitio. Si la presión se mantiene durante semanas o meses, la capa filtrante se adelgaza y es sustituida por tejido cicatricial, y esa parte del trabajo se pierde de forma definitiva. Mientras tanto el otro riñón asume la carga y la persona no nota nada durante mucho tiempo: por eso la hidronefrosis de un solo lado se descubre a menudo por casualidad, en una ecografía pedida por un motivo completamente distinto.
Cómo se nota
El cuadro depende de la rapidez con la que se cerró el paso. Cuando el uréter se obstruye de golpe —lo más frecuente es un cálculo—, el dolor llega de forma brusca: empieza en la zona lumbar, a un lado, baja hacia la ingle y el muslo, llega en oleadas y no cede al cambiar de postura. La persona no encuentra ninguna posición que la alivie, y eso lo distingue de un dolor muscular. Es habitual que se acompañe de náuseas y vómitos.
Cuando el estrechamiento se instala poco a poco, puede no haber dolor en absoluto. Queda una pesadez sorda en el costado que aumenta tras beber mucho líquido, o un malestar difícil de precisar. A veces el único indicio son los análisis: la creatinina que sube, restos de sangre en la orina.
A esto se suman las pistas de lo que está bloqueando el paso. Con un cálculo suele aparecer sangre en la orina. Con la próstata agrandada el chorro pierde fuerza, la micción tarda en arrancar, hay que levantarse por la noche y después queda la sensación de no haber vaciado del todo la vejiga. Con una infección la orina se enturbia y aparecen escozor y ganas frecuentes de orinar.
Cuándo hay que llamar a una ambulancia
Un riñón dilatado, por sí solo, tolera la situación. Se vuelve peligroso en dos circunstancias: cuando al estancamiento se le suma una infección y cuando están bloqueados los dos lados.
- dolor lumbar o en el costado junto con fiebre por encima de 38 °C, escalofríos o tiritona;
- confusión, debilidad repentina, piel fría y húmeda, corazón acelerado;
- la orina apenas sale o no sale nada durante varias horas;
- dolor tan intenso que nubla la vista y no responde a los analgésicos habituales;
- vómitos continuos que impiden beber y tomar la medicación.
La combinación de estancamiento y fiebre se resuelve el mismo día, sin margen. La orina retenida en un riñón cerrado es un caldo de cultivo: la infección crece dentro y en pocas horas pasa a la sangre. Los antibióticos rinden mal mientras la orina no tenga salida, así que lo primero es drenar el riñón y solo después tratar la infección. Aquí el retraso no se mide en días, sino en horas.
La ausencia total de orina significa que están bloqueados los dos riñones o el único que funciona. También es una urgencia. El número de emergencias en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania es el 112.
Qué puede cerrar el paso
La causa se busca a lo largo de todo el recorrido, desde la pelvis renal hasta la salida.
- los cálculos, la causa más frecuente de obstrucción brusca del uréter;
- la próstata agrandada: la vejiga no se vacía del todo, la presión sube y con el tiempo alcanza a los dos riñones;
- el embarazo: el útero en crecimiento comprime los uréteres, con más frecuencia el derecho, y una dilatación leve en la segunda mitad se considera normal;
- un estrechamiento cicatricial del uréter tras una cirugía, un traumatismo, radioterapia o una sonda que estuvo colocada mucho tiempo;
- un estrechamiento congénito en la unión entre la pelvis renal y el uréter, que puede pasar años sin dar señales;
- tumores de los órganos de la pelvis —vejiga, próstata, cuello del útero, recto— que comprimen el uréter desde fuera;
- un coágulo dentro del uréter después de un sangrado renal;
- una vejiga que no se vacía por enfermedades del sistema nervioso o lesión medular, sin que haya nada mecánico en el camino.
Existe además una causa poco común que conviene conocer: la fibrosis retroperitoneal. El tejido situado detrás del peritoneo se endurece, envuelve los uréteres como un manguito y los va estrangulando. Avanza en silencio, da un dolor de espalda impreciso y cansancio, y durante mucho tiempo se confunde con otras cosas; sin embargo empieza como una dilatación de los dos riñones sin ningún cálculo a la vista. Cuando la imagen muestra un obstáculo pero no aparece ninguna causa habitual, se buscan precisamente estas posibilidades.
El riñón dilatado antes de nacer
Una dilatación leve de la pelvis renal del feto se ve con bastante frecuencia en la ecografía del segundo trimestre. En la mayoría de los casos es un rasgo pasajero de un aparato urinario que todavía está creciendo: se resuelve solo antes del parto o durante los primeros meses de vida. Para la madre este hallazgo no se traduce en ningún síntoma y no cambia el curso del embarazo.
Después del nacimiento se repite la ecografía, y no en las primeras horas: recién nacido el bebé produce poca orina y la imagen sale engañosamente tranquila, así que se espera unos días. Con ese resultado se decide si basta con vigilar o hay que estudiar más a fondo. A algunos niños se les pauta un antibiótico a dosis baja para evitar infecciones mientras el aparato urinario madura; la cirugía la necesita una minoría, aquellos en los que la dilatación aumenta o la función del riñón se resiente.
Los padres de un niño así deberían quedarse con una idea: la fiebre sin catarro evidente durante el primer año pide un análisis de orina. En los lactantes la infección urinaria se presenta muchas veces como fiebre a secas, decaimiento y rechazo del alimento.
Cómo se confirma
Lo primero es una ecografía. No duele, no irradia y muestra de inmediato si las cavidades del riñón están dilatadas y cuánto. Sirve para saber que hay estancamiento, pero no basta para saber por qué.
- análisis de orina, en busca de sangre, inflamación y bacterias, con cultivo si se sospecha infección;
- análisis de sangre con creatinina, que indica hasta qué punto se ha resentido el filtrado;
- tomografía computarizada, la mejor manera de ver el cálculo y el punto exacto del estrechamiento, y con contraste también la pared del uréter;
- exploración de la próstata en los hombres y medición del residuo que queda en la vejiga después de orinar;
- estudio isotópico, que responde a lo que la imagen no resuelve: si el estrechamiento realmente estorba y cuánta función le queda a ese riñón;
- cistoscopia, mirar la vejiga por dentro, cuando se sospecha un tumor o el orificio del uréter está tapado.
En embarazadas y en niños se empieza con la ecografía y, si hace falta más información, se recurre a la resonancia magnética, que no irradia.
Cómo se devuelve la salida a la orina
El tratamiento avanza en dos pasos, y aquí el orden importa más que los medios empleados.
Primero se da salida a la orina. Si el obstáculo está abajo, a la salida de la vejiga, basta con una sonda y el alivio llega casi al instante. Si el bloqueo está en el uréter, se coloca un catéter interno que mantiene el conducto abierto. Cuando no es posible colocarlo o la persona está demasiado grave para el procedimiento, se hace una nefrostomía: un drenaje que sale del propio riñón a través de la piel de la espalda, guiado por ecografía. No es una condena ni algo definitivo, el drenaje se retira cuando la causa está resuelta.
Después se aborda la causa. El cálculo se fragmenta o se extrae, el tramo estrecho del uréter se dilata o se reseca, la próstata agrandada se trata con fármacos o se opera, y si hay un tumor el plan lo marca el oncólogo. La infección se trata con el antibiótico que indique el cultivo.
Una vez restablecido el paso, los primeros días se vigila a la persona: un riñón que ha estado mucho tiempo bajo presión a veces empieza a producir orina en cantidades enormes. El organismo pierde entonces agua y sales más deprisa de lo que las repone, así que en el hospital se contabiliza el volumen eliminado y, si hace falta, se aportan líquidos por vía intravenosa. Es un fenómeno esperable y no una complicación, pero no puede quedar sin control.
Qué pasa si se deja correr
Con ayuda a tiempo el riñón suele volver a su trabajo sin dejar rastro. Los problemas aparecen allí donde la presión se mantuvo mucho tiempo.
Un estancamiento prolongado acaba en un riñón atrofiado: se encoge, filtra cada vez menos y eso ya no se recupera. Si se han visto afectados los dos lados, el camino lleva a la enfermedad renal crónica; si el bloqueo es completo, a un fallo renal agudo en cuestión de días. Hay además una línea aparte de complicaciones, la de las infecciones: la orina estancada se infecta con facilidad, los episodios se repiten y cada uno se lleva un poco más de tejido útil. A eso se suman los cálculos, que se forman con más facilidad en una pelvis dilatada.
Por eso ni siquiera una hidronefrosis tranquila y sin dolor, descubierta por casualidad, se deja sin explicación. La dilatación es el aviso de un obstáculo, y lo que hay que estudiar es el obstáculo.
Consulta en línea
En una consulta en línea el médico repasa el carácter del dolor y hacia dónde se irradia, pregunta por la micción, la fiebre y las cirugías previas, y revisa las pruebas de imagen y los análisis que ya existan. Con eso puede decidir si hace falta acudir de inmediato al hospital o si se puede pedir una ecografía con calma, y qué exploración conviene hacer primero para no dar vueltas. También indicará qué señales obligan a llamar a una ambulancia sin esperar a la siguiente cita.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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