Herpes zóster (culebrilla)
El herpes zóster es el despertar del virus de la varicela, que se quedó alojado en los ganglios nerviosos después de aquella enfermedad de la infancia y pasó…
En esta página
- Por qué el reloj empieza con la primera ampolla
- Qué se ve y qué se siente
- Dos situaciones que se cuentan por horas
- Cuándo consultar el mismo día
- Cómo aliviarse mientras dura el tratamiento
- El dolor que queda después de curarse la piel
- ¿Se contagia el herpes zóster?
- La vacuna y los episodios repetidos
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Herpes zóster (culebrilla)
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE PERFUSION, 10 MG/MLPrincipio activo: ParacetamolFabricante: B. Braun Melsungen AgRequiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE PERFUSION, 10 mg paracetamol/mlPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Altan Pharmaceuticals SaRequiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 500 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Farmalider S.A.No requiere receta
El herpes zóster es el despertar del virus de la varicela, que se quedó alojado en los ganglios nerviosos después de aquella enfermedad de la infancia y pasó años sin dar señales. Sale por un solo nervio, y por eso el sarpullido se dibuja como una franja en un lado del cuerpo, y el dolor suele adelantarse varios días. Conviene saber algo desde el principio: los antivirales solo funcionan al inicio, y la decisión de «esperar a ver si se pasa solo» es la que más cara sale. Aquí se cuenta por días, no por semanas.
Por qué el reloj empieza con la primera ampolla
Los antivirales no matan el virus: detienen su multiplicación. Mientras siguen apareciendo ampollas nuevas, hay algo que detener; cuando ya se han secado, el medicamento se queda sin trabajo. De ahí que el tratamiento tenga una ventana de aproximadamente tres días desde que asoman las primeras ampollas, y cuanto antes se empiece dentro de esa ventana, mejor es el resultado.
Empezar pronto consigue tres cosas a la vez: la piel cicatriza antes, el dolor agudo es menos intenso y dura menos, y baja el riesgo de que el dolor se quede durante meses una vez curada la erupción. Ninguno de estos efectos se recupera después.
La conclusión es sencilla: si en un lado del cuerpo aparecen ampollas agrupadas sobre una base enrojecida y el día anterior esa zona ardía o dolía, hay que consultar ese mismo día o al siguiente, y no «cuando se vea claro qué es». Averiguar de qué se trata es tarea del médico, y equivocarse por consultar de más no cuesta nada.
Pasados los tres días también se receta tratamiento a veces: si siguen brotando ampollas nuevas, si está afectada la cara o el ojo, si las defensas están bajas. Pero eso ya es una concesión a las circunstancias, no un sustituto equivalente.
Qué se ve y qué se siente
La enfermedad casi nunca empieza por la piel. Entre uno y cuatro días antes del sarpullido aparece en una zona delimitada una sensación rara: quemazón, hormigueo, picor, un dolor que tira o que da latigazos. La piel puede volverse tan sensible que duele el roce de la ropa. Mucha gente busca la causa donde no está en esos días: piensa en una neuralgia intercostal, en un tirón, en una muela, en un cólico renal, y si la zona está en el lado izquierdo del pecho, hasta en el corazón.
Después llega el sarpullido, y es reconocible:
- manchas rojas sobre las que en uno o dos días crecen ampollitas de contenido transparente; luego se enturbian, se abren y forman costras;
- una localización estrictamente en un solo lado: la erupción sigue el recorrido del nervio en forma de franja y no cruza la línea media del cuerpo. Unas lesiones iguales a la izquierda y a la derecha casi con seguridad no son herpes zóster;
- lo más habitual es que la franja caiga en el tórax o la zona lumbar; con menos frecuencia en la cara, el cuello, un brazo, una pierna o la nalga;
- el dolor de esa zona continúa después de que salga el sarpullido, y a veces es intenso;
- algunas personas tienen además malestar general, dolor de cabeza y algo de fiebre.
Las costras suelen caerse en dos a cuatro semanas. En raras ocasiones el virus produce dolor a lo largo del nervio sin sarpullido ninguno: entonces el diagnóstico se hace por el conjunto de datos, y es un caso difícil.
Dos situaciones que se cuentan por horas
Hay dos casos en los que no basta con una consulta normal.
Erupción en la cara, alrededor del ojo o en la punta de la nariz. Las ampollas en la punta o en el ala de la nariz son un signo conocido de que está afectada la rama nerviosa que llega también al ojo. Aunque el ojo todavía no moleste, hace falta que lo vea un oftalmólogo en las horas siguientes. El herpes zóster en el ojo inflama la córnea y las capas internas y, sin tratamiento, puede dejar una pérdida de visión permanente. Señales de alarma en el ojo: enrojecimiento, dolor ocular, molestia con la luz, visión borrosa o peor visión, párpados hinchados.
Erupción dentro o alrededor de la oreja junto con debilidad de los músculos de la cara. Es el síndrome de Ramsay Hunt: el virus afecta al nervio facial. Media cara deja de responder —el ojo no cierra, la comisura de la boca cae— y se añaden dolor de oído, ruidos o pérdida de audición, mareo y a veces alteración del gusto. También aquí cada hora cuenta: cuanto antes empiece el tratamiento, más probable es que la cara se recupere del todo.
Cuándo consultar el mismo día
Además de los dos casos anteriores, no se deja para mañana si:
- las defensas están bajas: quimioterapia, tratamiento tras un trasplante, medicamentos que frenan el sistema inmunitario, infección por VIH;
- la erupción no se limita a una franja, sino que está repartida por el cuerpo;
- el dolor es muy fuerte y no cede con los analgésicos habituales;
- la piel de alrededor está caliente, muy roja e hinchada, sale pus de las lesiones y hay fiebre: así se ve una infección bacteriana añadida;
- el herpes zóster aparece en una embarazada o en un bebé.
Se llama a la ambulancia (el 112, número único europeo) si durante la enfermedad aparecen dolor de cabeza intenso con vómitos, confusión, convulsiones, rigidez de nuca o debilidad brusca en un brazo o una pierna. Estas complicaciones son raras, pero necesitan hospital.
Cómo aliviarse mientras dura el tratamiento
El cuidado de la piel es sencillo y persigue dos cosas: no entorpecer la cicatrización y no meter una infección.
- Mantén las lesiones limpias y secas; lávalas con agua fresca, sin frotar.
- No revientes ni rasques las ampollas: debajo queda cicatriz con facilidad, y por la herida entran bacterias.
- Una compresa fría —un paño húmedo o una bolsa de hielo envuelta en una toalla— unos minutos varias veces al día calma bastante la quemazón.
- Usa ropa holgada de tejido suave; si la erupción roza con la ropa, cúbrela con un apósito seco que no se pegue.
- No tapes con tiritas las ampollas que supuran ni apliques cremas o pomadas por tu cuenta, y menos aún las que llevan corticoides.
El dolor se aborda por escalones. Se suele empezar por el paracetamol o por antiinflamatorios. Si no basta, el médico añade fármacos que actúan específicamente sobre el dolor de origen nervioso: se ajustan poco a poco y su efecto no aparece el primer día. Con dolor muy intenso se recetan analgésicos más potentes, pero esa decisión es del médico. Aguantar el dolor aquí no solo es duro, sino perjudicial: un dolor mal controlado en la fase aguda es uno de los factores que hacen que después se quede durante mucho tiempo.
El dolor que queda después de curarse la piel
La complicación más frecuente es la neuralgia posherpética: la erupción ya ha curado y el dolor sigue en la misma zona. Puede ser quemante, en descargas, o presentarse como una sensibilidad insoportable en la que hasta el roce de la ropa resulta doloroso. Ocurre porque el virus dañó el nervio, y este sigue mandando señales de dolor sin que haya motivo.
Merece decirse con claridad: ese dolor a veces se prolonga durante meses, y en algunas personas más de un año. El riesgo es mayor en personas mayores, cuando la erupción fue extensa y cuando el dolor de la fase aguda fue intenso. Por eso los médicos insisten tanto en tratar pronto: eso reduce el riesgo, aunque no lo elimine.
La neuralgia posherpética se trata, y no con analgésicos corrientes: se usan fármacos que actúan sobre el dolor neuropático, preparados de aplicación local sobre la piel y, en los casos difíciles, la ayuda de una unidad del dolor. No hay que esperar a que «se pase solo»; cuanto antes se empiece, más fácil es controlarlo.
¿Se contagia el herpes zóster?
Aquí conviene ser preciso, porque la confusión asusta a la gente sin motivo.
El herpes zóster no se contagia: no pasa de una persona a otra. Es tu propio virus, que se ha despertado. Pero el líquido de las ampollas contiene virus vivo, y quien nunca ha pasado la varicela ni está vacunado puede enfermar si tiene contacto directo con ese líquido; enfermará de varicela, no de herpes zóster.
Se considera que una persona contagia desde que salen las ampollas hasta que todas están cubiertas de costra. Antes del sarpullido y una vez formadas las costras ya no transmite nada. Mientras las lesiones supuran basta con cubrirlas con ropa o un apósito, y eso permite hacer vida familiar normal sin aislarse.
Hay que tener especial cuidado cerca de quienes corren riesgo con la varicela:
- embarazadas que no han pasado la varicela ni están vacunadas: la varicela durante el embarazo es peligrosa para la mujer y para el bebé;
- recién nacidos;
- personas con las defensas bajas.
Si el contacto ya ha ocurrido, quien pertenezca a esos grupos debe hablar con su médico sin esperar a tener síntomas: en los primeros días tras el contacto existen medidas que reducen el riesgo. No se acude al trabajo ni a la guardería mientras las lesiones supuren y no puedan taparse.
La vacuna y los episodios repetidos
Haber tenido herpes zóster no protege de por vida: puede volver, aunque a la mayoría le ocurre una sola vez. El desencadenante suele ser todo aquello que baja las defensas de forma pasajera —una enfermedad grave, una operación, medicamentos que frenan el sistema inmunitario, un periodo de mucho estrés— y sobre todo la edad, porque con los años la defensa frente a este virus se debilita de manera natural.
Existe una vacuna contra el herpes zóster que reduce de forma apreciable tanto la probabilidad de enfermar como el riesgo de neuralgia posherpética; y si la enfermedad aparece igualmente, cursa más leve. Vale la pena comentarla si se tiene cierta edad o las defensas bajas, incluidos quienes ya lo han pasado.
La edad a partir de la cual se ofrece, el número de dosis y la pauta cambian de un país a otro. Hay que mirar el calendario de vacunación del propio país y preguntar al médico de cabecera, en lugar de trasladar el esquema de un sistema sanitario ajeno.
Consulta en línea
En el herpes zóster la consulta en línea gana sobre todo tiempo, y aquí el tiempo es el tratamiento. La erupción se ve bien en una foto, y hablando con la persona el médico puede valorar si tiene aspecto de herpes zóster, en qué día está y si hay motivo para empezar el antiviral de inmediato.
Prepara varias fotos nítidas de la erupción con buena luz: una general, donde se aprecie cómo se distribuye la franja, y otra de cerca. Ten claras las fechas exactas: cuándo notaste la primera sensación rara en la piel y cuándo salieron las primeras ampollas. Di qué medicamentos tomas de forma habitual, si padeces alguna enfermedad que baje las defensas y si convives con una embarazada, un bebé o alguien en quimioterapia.
Al final el médico pautará el tratamiento y explicará cómo cuidar la piel, o bien —si la erupción está en la cara, junto al ojo o en la oreja, si hay afectación del nervio facial, si el cuadro no encaja con lo habitual— derivará ese mismo día a una consulta presencial con el especialista que corresponda. Más adelante, si el dolor persiste después de curar la piel, la consulta en línea resulta cómoda para ajustar el tratamiento de la neuralgia posherpética.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
Médicos online para Herpes zóster (culebrilla)
Comenta tus síntomas y los posibles siguientes pasos para Herpes zóster (culebrilla) con un médico online.














