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Medicamentos comúnmente prescritos para Gastroparesia
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: INYECTABLE, 5 mg/mlPrincipio activo: metoclopramideFabricante: Laboratorios Basi Industria Farmaceutica S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: INYECTABLE, 10 mg metoclopramida/2 mlPrincipio activo: metoclopramideFabricante: Sanofi Aventis S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: SOLUCIÓN/SUSPENSIÓN ORAL, 100 mg metoclopramida/100 mlPrincipio activo: metoclopramideFabricante: Sanofi Aventis S.A.Requiere receta
Un estómago sano no se limita a guardar la comida: la tritura y la va empujando por porciones hacia el duodeno. Funciona como un molino con dosificador: la pared se contrae en ondas, el píloro se entreabre lo justo para dejar pasar la masa triturada y al cabo de unas horas el estómago está vacío. En la gastroparesia el molino gira con desgana: no hay ningún obstáculo, la salida está libre y sin embargo el contenido se estanca. De ahí las molestias: sensación de piedra tras dos cucharadas, náuseas, vómito de lo comido la víspera. El diagnóstico se pone menos veces de las que el problema aparece, porque las quejas se confunden con facilidad con un «estómago nervioso» o con un brote de gastritis.
Qué ocurre dentro del estómago
El ritmo de las contracciones lo marcan unas células marcapasos situadas en la pared del órgano y el nervio vago, que baja desde el cerebro. Si el nervio está dañado y las células marcapasos han disminuido, se pierde la coordinación: el fondo del estómago se relaja mal, las ondas de contracción se debilitan y el píloro, al contrario, se contractura. La comida sólida se queda dentro horas de más.
Conviene entender en qué se diferencia esto de una obstrucción mecánica. Con un tumor, una cicatriz de úlcera o una compresión desde fuera el cuadro de molestias es casi idéntico, pero allí existe una barrera física y el abordaje es completamente distinto. Por eso el diagnóstico de gastroparesia nunca se establece solo por los síntomas: primero hay que comprobar que la salida del estómago está despejada.
Cómo se nota
Todas las molestias van ligadas a la comida y aumentan al caer la tarde, cuando ya se han acumulado varias raciones sin digerir.
- Saciedad tras unas cucharadas, con incapacidad de terminar el plato de siempre.
- Náuseas que se prolongan durante horas y dependen poco de lo que se haya comido.
- Vómitos, a veces de alimento ingerido muchas horas o incluso un día antes: un signo inconfundible de estancamiento.
- Hinchazón y distensión en la mitad superior del abdomen, a veces visible a simple vista.
- Ardor y eructos: el contenido retenido empuja hacia arriba y refluye al esófago.
- Dolor sordo en la boca del estómago, casi nunca intenso pero agotador por su constancia.
- Pérdida de peso, deshidratación y falta de vitaminas si la situación se alarga meses.
En quienes tienen diabetes se añade un rasgo fácil de pasar por alto: la glucemia empieza a comportarse de manera imprevisible. La insulina se inyecta antes de comer, pero la comida llega tarde al intestino, de modo que la glucosa primero cae y luego sube de golpe. Un vaivén inexplicable del azúcar en alguien que no ha cambiado nada de su tratamiento es motivo para pensar precisamente en el estómago.
Cuándo no se puede esperar
Llame a una ambulancia si aparece aunque sea uno de estos signos:
- dolor abdominal repentino e intenso;
- vómito con sangre o con un contenido oscuro parecido a posos de café;
- vómito con olor a contenido intestinal, señal de obstrucción;
- lleva más de un día sin retener ni siquiera el agua, tiene la boca seca, apenas orina y se marea al levantarse.
En España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania la ambulancia se pide por el número único europeo 112. Todo lo demás —náuseas tenaces, vómitos repetidos, pérdida de peso, un bulto palpable en el abdomen— no requiere una ambulancia, pero sí un médico en los próximos días y no dentro de medio año.
Por qué se enlentece el estómago
La causa no siempre llega a identificarse: una parte considerable de los casos se queda sin explicación y se llama idiopática. Algunos empiezan de forma brusca, después de una infección intestinal corriente, y con el tiempo van cediendo poco a poco.
Entre las causas conocidas, la primera es la diabetes. Un azúcar alto mantenido durante años daña los nervios finos, incluidos los que gobiernan el estómago, por el mismo mecanismo que castiga los pies y los ojos. La segunda causa frecuente es una cirugía en la que el nervio vago haya resultado lesionado: intervenciones sobre el esófago, sobre el estómago y a veces sobre el pulmón o el corazón.
Merece un repaso aparte la lista de medicamentos, porque aquí todo es reversible. Enlentecen el estómago los analgésicos opioides, los fármacos con efecto anticolinérgico, parte de los antidepresivos, algunos tratamientos para la tensión, la medicación del parkinson y también los fármacos modernos para bajar de peso y tratar la diabetes del grupo de los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón, en los que frenar el vaciado forma parte del propio mecanismo de acción. Si las molestias empezaron poco después de una prescripción nueva, eso es lo primero que hay que comentar con el médico de cabecera.
Menos a menudo detrás hay enfermedades sistémicas: esclerodermia y otras conectivopatías, párkinson, esclerosis múltiple, amiloidosis. La falta de hormonas tiroideas también frena la digestión y, además, se corrige por completo. Existe asimismo una posibilidad rara pero importante: un cuadro parecido puede ser la primera manifestación de un tumor, tanto en el propio estómago o el páncreas como a distancia, cuando el tumor desencadena un ataque autoinmune contra los plexos nerviosos del intestino. Por esos escenarios, una gastroparesia de aparición súbita en alguien sin diabetes ni cirugías previas se estudia a fondo.
Cómo se confirma
Primero se descarta el resto. Se piden análisis de sangre: glucosa y hemoglobina glucosilada, hormonas tiroideas, marcadores de inflamación, hierro y electrolitos. Después se comprueba que la salida del estómago esté libre, para lo cual se hace una endoscopia, a veces completada con ecografía abdominal o tomografía computarizada.
Si no hay obstáculo, se mide la velocidad de vaciado. El método principal es la gammagrafía: usted toma una ración estándar de comida con un marcador seguro y el aparato cuenta durante varias horas cuánta queda dentro. Existen también una variante con prueba del aliento y una cápsula que recorre el tubo digestivo transmitiendo datos. Hay que prepararse: se retiran de antemano los fármacos que afectan a la motilidad y, en caso de diabetes, se normaliza la glucemia, porque un azúcar alto frena por sí solo el estómago y estropea el resultado.
Comida que pasa mejor
La alimentación en la gastroparesia no es una medida auxiliar, sino la base del tratamiento, y rinde más que la mayoría de las pastillas.
- Haga cuatro a seis comidas pequeñas al día en lugar de tres normales: el estómago empuja de mejor gana un volumen reducido.
- Baje la grasa de los alimentos sólidos, porque es lo que más retrasa el vaciado. En forma líquida la grasa se tolera bastante mejor, y eso ayuda cuando hacen falta calorías.
- Reduzca la fibra insoluble más basta: pieles, salvado, verduras fibrosas, legumbres, frutos secos. No se trata de renunciar a la verdura, sino de cocerla y triturarla.
- Los días malos pase a purés, sopas y bebidas: los líquidos salen del estómago aunque lo sólido se quede parado.
- Mastique despacio, beba a sorbos y no se tumbe hasta una hora después de comer; mejor camine.
- Retire las bebidas con gas, el alcohol de alta graduación y el tabaco: todo ello suma hinchazón y estancamiento.
La fibra merece un comentario aparte. En un estómago estancado las fibras llegan a apelmazarse en una masa compacta, el bezoar, que ya de por sí estorba el paso de la comida y a veces hay que retirar por endoscopia. Por eso el consejo de «tome más fibra», útil para casi todo el mundo, aquí resulta perjudicial. Si el peso baja, pida derivación a un dietista: elegir preparados nutricionales y calcular si le llegan las proteínas, el hierro y las vitaminas es difícil por cuenta propia.
Fármacos e intervenciones
Las opciones farmacológicas son más modestas de lo que uno querría, y casi todos los medicamentos tienen límites de duración.
- Los procinéticos aceleran el paso de la comida. La metoclopramida se pauta en ciclos cortos, ya que un uso prolongado puede provocar movimientos involuntarios persistentes. La domperidona actúa menos sobre el cerebro, pero exige vigilar el ritmo cardíaco y tampoco está pensada para años. A dosis bajas se emplea además uno de los antibióticos macrólidos, si bien su efecto se desgasta con el tiempo.
- Los antieméticos alivian las náuseas, pero no aceleran el estómago. Se eligen según la tolerancia y también con el ritmo cardíaco en mente.
- El control del dolor es un punto delicado. Los opioides parecen la opción lógica, pero enlentecen aún más el estómago y meten a la persona en un círculo vicioso. Se recurre a otras vías, entre ellas dosis bajas de fármacos que modulan la percepción del dolor.
- En la diabetes se empieza por el azúcar: la glucemia y el vaciado gástrico se influyen mutuamente, y no hay forma de arreglar uno sin el otro.
Cuando esto no basta se plantean procedimientos. La inyección de toxina botulínica en el píloro se practica, pero los estudios amplios no han confirmado su utilidad y el método sigue siendo discutido. La sección del músculo pilórico por vía endoscópica ayuda a una parte de los pacientes, sobre todo si el espasmo es marcado. Existe además un estimulador gástrico implantable, que reduce principalmente las náuseas y los vómitos. En los casos más graves se coloca una sonda en el intestino delgado, sorteando el estómago, para que la persona no pierda peso ni se deshidrate.
Consulta en línea
La gastroparesia es justamente un diagnóstico en el que la consulta a distancia rinde mucho. El médico analizará cómo se relacionan las molestias con las comidas y a qué hora del día aprietan más, repasará la lista de sus medicamentos y localizará los que hayan podido frenar el estómago, y explicará por qué exámenes se empieza y por qué antes hay que descartar una obstrucción. Capítulo aparte es la alimentación: recorrer con usted un día corriente, ver dónde la comida es demasiado grasa o demasiado basta, armar un esquema para la semana y decidir si hacen falta preparados nutricionales. En línea también resulta cómodo llevar el tratamiento: vigilar la tolerancia a los procinéticos, hablar a tiempo de la duración del ciclo, revisar en la diabetes las curvas de glucosa y los horarios de insulina, descifrar el informe de la gammagrafía y preparar preguntas para el digestólogo. Este formato no sirve en un solo caso: cuando el vómito lleva sangre, cuando el abdomen se retuerce de repente o cuando lleva dos días sin retener líquidos. Entonces hace falta atención presencial, y rápida.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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