Intoxicación alimentaria
La intoxicación alimentaria es la enfermedad que provoca un alimento contaminado por microbios o por las toxinas que estos producen.
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Medicamentos comúnmente prescritos para Intoxicación alimentaria
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1000 mg paracetamolPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Ferrer Internacional S.A.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1 g paracetamolPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Viatris Pharmaceuticals S.L.U.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO EFERVESCENTE, 1.000 mgPrincipio activo: ParacetamolFabricante: Laboratorio Stada S.L.Requiere receta
La intoxicación alimentaria es la enfermedad que provoca un alimento contaminado por microbios o por las toxinas que estos producen. Lo habitual es que se resuelva sola en unos días y que pueda tratarse en casa. El peligro no lo crea tanto la infección como la pérdida de líquidos: con los vómitos y la diarrea el organismo pierde agua y sales más deprisa de lo que consigue reponerlas. Por eso la tarea principal del enfermo es beber, y la de quienes lo acompañan, advertir a tiempo que las medidas caseras ya no bastan.
Cómo empieza
El cuadro es parecido en casi todo el mundo: náuseas y vómitos, diarrea acuosa, dolor abdominal en retortijones, debilidad, escalofríos y con frecuencia fiebre y dolor de cabeza. No hay apetito, y eso es normal.
Los plazos, en cambio, dependen de lo que haya entrado en el organismo, y a veces permiten adivinar al culpable:
- de media hora a unas pocas horas: suele tratarse de una toxina que las bacterias fabricaron ya dentro del alimento, como en los pasteles de crema, las ensaladas con mayonesa o el arroz cocido que pasó la noche fuera;
- de un día a tres: la situación más frecuente, con bacterias vivas procedentes de la carne de ave, los huevos o la leche sin pasteurizar;
- más de una semana: así se comportan algunos microorganismos, de modo que no hay que repasar solo la cena de ayer.
Por lo general todo termina en unos días. La diarrea puede durar más que el resto de las molestias, y eso todavía no significa que las cosas vayan mal.
Por qué la comida se vuelve peligrosa
La contaminación ocurre de forma de lo más corriente: el alimento no se cocinó lo suficiente, se guardó en un sitio templado, permaneció demasiado tiempo sobre la mesa, lo preparó alguien que no se lavó las manos, o la carne cruda tocó la comida ya hecha a través de la misma tabla o el mismo cuchillo.
Detrás de la mayoría de los casos están el campylobacter, la salmonela y la escherichia coli, además del norovirus, que llega a la comida a partir de las personas. Pero hay unas cuantas variantes que conviene conocer aparte, porque son más peligrosas de lo habitual y no se comportan como uno espera.
- Botulismo. Se asocia a las conservas caseras, al pescado en salazón y a los ahumados. No se manifiesta con diarrea, sino con caída de los párpados, visión doble, dificultad para tragar y para hablar y una debilidad que avanza de arriba abajo. Es una urgencia: hay que llamar a una ambulancia aunque el abdomen no moleste en absoluto.
- Ciertas cepas de escherichia coli que dañan los vasos. Producen diarrea con sangre y, unos días después, pueden golpear el riñón y la sangre, sobre todo en niños y en personas mayores. Precisamente por eso, ante una diarrea con sangre no deben tomarse medicamentos que corten las deposiciones ni iniciarse antibióticos por cuenta propia: ambas cosas aumentan el riesgo.
- Listeria. Se esconde en quesos blandos de leche sin pasteurizar, patés, pescado ahumado y ensaladas preparadas, y es capaz de multiplicarse incluso en la nevera. A una persona sana solo le causa un malestar leve, pero durante el embarazo resulta peligrosa para el bebé, así que en esos meses es mejor evitar esos productos.
- Intoxicación por setas. La más traicionera es aquella en la que las primeras horas transcurren sin nada y los síntomas no aparecen hasta el final del día, mientras el daño se produce en el hígado. Aquí un comienzo tardío no anuncia un cuadro leve, sino justo lo contrario.
- Reacción al pescado poco fresco. El atún, la caballa y especies emparentadas acumulan histamina cuando se conservan mal. Al cabo de media hora o una hora aparecen enrojecimiento de la cara, sofoco, dolor de cabeza y erupción, un cuadro muy parecido a una alergia sin serlo.
La deshidratación es lo verdaderamente peligroso
La deshidratación se vigila con más atención que la fiebre o el número de deposiciones.
En el adulto la delatan la boca seca y la sed, la orina oscura y de olor fuerte, orinar menos veces de lo habitual, el mareo al levantarse, el decaimiento y los ojos hundidos.
En un niño pequeño los signos son otros y cuesta más verlos: pañales secos o bastantes menos pañales mojados que de costumbre, llanto sin lágrimas, fontanela hundida en el lactante, somnolencia, un decaimiento que no es el suyo, rechazo del pecho o del biberón. En las personas mayores la deshidratación se manifiesta a menudo primero como confusión.
Merece mención aparte quien toma diuréticos o medicación para la tensión: con diarrea y vómitos esos fármacos agravan la pérdida de líquidos, y el médico puede suspenderlos temporalmente mientras dure la enfermedad.
Qué hacer en casa
El tratamiento consiste en descanso y líquidos; todo lo demás es secundario.
- beber poco y a menudo: unos sorbos cada pocos minutos se retienen mejor que un vaso de golpe;
- si las pérdidas son importantes, usar una solución de rehidratación oral de farmacia, que repone también las sales;
- no interrumpir la lactancia ni el biberón; ofrecer tomas más frecuentes y más cortas, y preparar la fórmula con la concentración habitual, sin aguarla;
- comer cuando apetezca, empezando por platos sencillos y evitando lo graso y lo picante; no hace falta ayunar a propósito;
- para el dolor y la fiebre puede tomarse paracetamol, y en los niños la presentación infantil siguiendo el prospecto;
- quedarse en casa y permitirse reposo.
Lo que no conviene hacer:
- no beber zumos ni refrescos con gas: las bebidas azucaradas atraen agua hacia el intestino y empeoran la diarrea;
- no tomar medicamentos que cortan la diarrea si hay sangre en las heces o fiebre alta; a los niños no se les dan en ningún caso;
- no empezar antibióticos por iniciativa propia: en la mayoría de las intoxicaciones no sirven de nada y a veces son perjudiciales;
- no dar aspirina a niños ni a adolescentes;
- no cocinar para otras personas ni acudir al trabajo si este implica manipular alimentos o cuidar de enfermos o de niños pequeños, normalmente hasta dos días después del último episodio de vómitos o diarrea;
- dejar el alcohol y el café para cuando haya pasado todo.
Cuándo hace falta ayuda y no esperar
Hay que llamar de inmediato a una ambulancia — en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania el número europeo único es el 112 — si aparecen:
- vómitos con sangre o con aspecto de posos de café;
- sangre en las heces o heces negras;
- dolor abdominal intenso y repentino, o un abdomen duro y doloroso al tacto;
- dolor de cabeza brusco e intenso, rigidez de nuca, molestia al mirar la luz;
- visión doble, párpados caídos, dificultad para tragar o para hablar;
- piel, labios o lengua azulados, grises, pálidos o moteados: en pieles oscuras se aprecia mejor en palmas y plantas;
- respiración rápida y dificultosa;
- confusión, somnolencia inusual, imposibilidad de despertar a la persona;
- sospecha de haber ingerido algo tóxico: setas, una planta desconocida, una conserva casera en mal estado.
Hay que localizar al médico ese mismo día si los vómitos impiden retener ni un sorbo de agua durante más de un día, si los signos de deshidratación no ceden con la solución de farmacia, si la diarrea dura más de una semana o los vómitos más de dos días, si preocupa un lactante menor de un año, si el niño ha dejado de tomar el pecho o el biberón, y también si la enfermedad empezó poco después de volver de un país tropical.
Al hospital es mejor no ir conduciendo uno mismo: con debilidad y mareo resulta peligroso. Lleve consigo la lista de los medicamentos que toma.
Para quién es más peligrosa
Una misma intoxicación se sobrelleva de forma muy distinta.
- lactantes y niños pequeños, en quienes la deshidratación llega deprisa;
- personas mayores, sobre todo si viven solas;
- embarazadas, por la listeria y el riesgo para el bebé;
- personas con las defensas bajas: tras quimioterapia, en tratamiento inmunosupresor o sin bazo;
- personas con diabetes, enfermedad renal, insuficiencia cardíaca o enfermedad inflamatoria intestinal;
- quienes toman fármacos que reducen la acidez del estómago, ya que su barrera frente a las bacterias es más débil.
Estas personas deberían ponerse en contacto con el médico antes, sin esperar a encontrarse verdaderamente mal.
Cómo evitarla
Casi todo se reduce a unas cuantas costumbres que funcionan mejor que cualquier remedio.
- lavarse las manos con agua y jabón antes de cocinar y después de tocar carne, pescado o huevos crudos; frente al norovirus el gel de alcohol no sirve y hace falta jabón;
- mantener separado lo crudo de lo cocinado: tablas distintas, cuchillos distintos y la carne cruda en el estante inferior de la nevera;
- no lavar el pollo crudo, porque las salpicaduras reparten las bacterias por toda la cocina;
- cocinar del todo el pollo, la carne picada, las salchichas y la carne a la brasa, hasta que el jugo salga transparente;
- guardar las sobras en la nevera en un par de horas en vez de dejarlas enfriar hasta la noche;
- no dejar el arroz ni la pasta cocidos a temperatura ambiente: al frío enseguida y recalentar una sola vez hasta que humeen;
- descongelar en la nevera y no sobre la encimera, y no volver a congelar lo descongelado;
- fijarse en la fecha de caducidad y no solo en la de consumo preferente;
- de viaje, elegir comida caliente recién hecha, beber agua embotellada o hervida y prescindir del hielo y de la fruta sin lavar.
Consulta en línea
En la consulta en línea el médico valora a partir de su relato cuánta deshidratación hay y si existen señales que obliguen a una atención presencial, le ayuda a calcular los líquidos que debe tomar un niño o un adulto y le explica qué medicamentos están fuera de lugar ahora mismo. Además revisará si merece la pena hacer un estudio de heces, qué hacer con la medicación habitual mientras dure la enfermedad y cuándo se puede volver al trabajo, al colegio o a la guardería.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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