En esta página
- Qué ocurre en el cerebro
- Cómo se manifiesta al principio
- Manifestaciones que no son del movimiento
- Qué más puede ser, aparte del Parkinson
- Cómo se llega al diagnóstico
- Los fármacos y qué esperar de ellos
- Qué ayuda además de los fármacos
- Reglas de seguridad en esta enfermedad
- Cuándo la ayuda es urgente
- Consulta en línea
Medicamentos comúnmente prescritos para Enfermedad de Parkinson
Solo con fines informativos. Consulta siempre a un médico antes de usar cualquier medicamento.
Forma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1 mgPrincipio activo: rasagilineFabricante: Neuraxpharm Spain S.L.Requiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1 mgPrincipio activo: rasagilineFabricante: Glenmark Arzneimittel GmbhRequiere recetaForma farmacéutica: COMPRIMIDO, 1 mgPrincipio activo: rasagilineFabricante: Bluefish Pharmaceuticals Ab (Publ)Requiere receta
En la enfermedad de Parkinson mueren poco a poco las neuronas de una pequeña zona del cerebro que fabrican dopamina. Por eso los movimientos se vuelven lentos y rígidos y aparece un temblor en reposo. La enfermedad avanza a lo largo de años; todavía no existe un tratamiento que la detenga, pero sí fármacos y terapias que devuelven la autonomía durante mucho tiempo. Suele empezar después de los sesenta, algo más en hombres que en mujeres, aunque también aparece antes.
Qué ocurre en el cerebro
En la profundidad del cerebro hay un grupo de células llamado sustancia negra. Produce dopamina, la sustancia con la que distintas zonas del cerebro se ponen de acuerdo sobre el movimiento: cuándo empezar, con qué fuerza, cuándo parar. La dopamina da automatismo al movimiento, y por eso no pensamos en cómo mover las piernas al caminar.
En esta enfermedad esas células mueren y dentro de las que quedan se acumula una proteína, la alfa-sinucleína, en los llamados cuerpos de Lewy. El proceso es lento: cuando aparecen los primeros síntomas visibles ya se ha perdido una parte importante de las células. De ahí que la enfermedad pase inadvertida tanto tiempo y que los fármacos que reponen dopamina funcionen tan bien al principio. No se sabe con certeza por qué mueren: se combinan una predisposición hereditaria y factores externos, y se ha descrito relación con la exposición prolongada a plaguicidas y a algunos disolventes industriales.
Cómo se manifiesta al principio
El comienzo es casi siempre unilateral, en una mano o en una pierna, y esa asimetría persiste durante años. Conviene recordarla: distingue el Parkinson de muchos cuadros parecidos.
- Lentitud. Es el signo principal. Los movimientos se hacen más pequeños y lentos: la letra se encoge al final del renglón, abrocharse los botones lleva minutos, los pasos se acortan y el brazo deja de balancearse al andar.
- Temblor en reposo. Los dedos tiemblan con la mano apoyada en la rodilla y se calman en cuanto la persona coge una taza. Aumenta con la emoción y desaparece durante el sueño.
- Rigidez. Los músculos están tensos de forma constante y el miembro se estira a tirones. De ahí el dolor de hombro y cuello con el que muchos acuden primero al médico por una supuesta artrosis cervical.
- Lo que se nota desde fuera. La cara pierde expresividad, la voz se vuelve baja y monótona, la marcha se arrastra en pasos cortos y el tronco se inclina hacia delante.
Más adelante se suma la inestabilidad: la persona se ve arrastrada hacia delante, le cuesta girar y detenerse, y aparecen las caídas. A veces surge la congelación de la marcha: los pies parecen pegarse al suelo al cruzar una puerta.
Manifestaciones que no son del movimiento
No suelen atribuirse a la enfermedad y, sin embargo, algunas aparecen años antes que el temblor y la rigidez.
Precoces. La pérdida de olfato, que se achaca a la congestión nasal. El estreñimiento persistente. El decaimiento y la ansiedad sin motivo externo. Y aparte, la actividad motora durante el sueño: la persona grita, agita los brazos, golpea, como si representara el sueño que está teniendo, y a veces se cae de la cama o golpea a quien duerme al lado. Es el trastorno de conducta del sueño REM y con frecuencia se adelanta años al resto de los signos. Por sí solo no significa que la enfermedad vaya a aparecer, pero conviene comentarlo con el médico.
Que aparecen con la evolución.
- bajada de la tensión al ponerse de pie: mareo, visión oscurecida y a veces desmayo;
- necesidad frecuente de orinar por la noche, incontinencia;
- babeo, no por exceso de saliva sino porque se traga con menos frecuencia;
- dificultad para tragar y atragantamientos;
- dolores en las extremidades, sudoración, descenso del deseo sexual;
- insomnio por la noche y somnolencia de día;
- lentitud de pensamiento y dificultad para planificar; en una parte de los pacientes, con los años, demencia;
- errores visuales: una sombra se toma por una figura y más adelante pueden aparecer alucinaciones.
Qué más puede ser, aparte del Parkinson
La palabra parkinsonismo describe un conjunto de signos —lentitud, rigidez, temblor— y tiene varias causas. Distinguirlas importa, porque algunas de esas situaciones son reversibles.
- Temblor esencial. La confusión más frecuente. Tiemblan ambas manos y tiemblan al actuar —al escribir, al servir el té, al llevarse la cuchara a la boca—, mientras que en reposo se calman. A menudo tiembla la cabeza o la voz, suele haber familiares con lo mismo y el temblor suele reducirse con una pequeña cantidad de alcohol. No hay lentitud.
- Parkinsonismo por fármacos. Lo provocan los medicamentos que bloquean los receptores de dopamina: antipsicóticos, los antieméticos metoclopramida y proclorperazina, algunos fármacos para el vértigo y ciertos antihipertensivos. Los síntomas suelen ser bilaterales y aparecen a las semanas o meses de empezar el tratamiento; al retirarlo, en general remiten.
- Parkinsonismo vascular. Aparece tras una serie de infartos cerebrales pequeños, afecta más a las piernas que a los brazos y responde mal a la levodopa.
- Otras enfermedades degenerativas: atrofia multisistémica, parálisis supranuclear progresiva, degeneración corticobasal, demencia por cuerpos de Lewy. Las delatan el empeoramiento rápido, las caídas precoces, la limitación de los movimientos oculares, la demencia temprana y la escasa respuesta a la levodopa.
- Hidrocefalia normotensiva. Alteración de la marcha, incontinencia urinaria y pérdida de memoria juntas; se ve en la tomografía y tiene tratamiento quirúrgico.
- Enfermedad de Wilson. Causa rara pero decisiva en jóvenes: un trastorno del metabolismo del cobre en el que tratar a tiempo evita lesiones irreversibles. Un parkinsonismo antes de los cuarenta obliga a descartarla.
Cómo se llega al diagnóstico
No existe un análisis ni una imagen que confirmen la enfermedad de Parkinson. El diagnóstico es clínico: lo establece el neurólogo con el conjunto de los síntomas, la historia y la exploración. La combinación clave es lentitud más temblor de reposo o rigidez, iniciados en un solo lado.
El médico preguntará por todos los medicamentos que toma: sin eso, un parkinsonismo por fármacos se confunde con facilidad con la enfermedad. Las pruebas no sirven para confirmar, sino para descartar otras causas:
- resonancia magnética cerebral, para ver secuelas de infartos, hidrocefalia u otras lesiones;
- análisis de sangre, incluidos los del metabolismo del cobre en pacientes jóvenes;
- gammagrafía de transportadores de dopamina. Se pide en casos dudosos, casi siempre para separar el Parkinson del temblor esencial; de las otras enfermedades degenerativas esta prueba no lo distingue.
Un argumento indirecto es la mejoría clara con levodopa. Y una advertencia: en la fase inicial el diagnóstico es siempre provisional. El seguimiento durante uno o dos años muestra cómo se comporta la enfermedad y a veces obliga a revisarlo. Eso es lo normal, no un error del médico.
Los fármacos y qué esperar de ellos
Los fármacos reponen la dopamina que falta. No detienen la muerte celular, pero devuelven velocidad y fluidez al movimiento, y con ello se vive una vida normal durante años. Las dosis se ajustan poco a poco y se revisan a medida que cambia la situación.
Levodopa. El fármaco principal y el más eficaz: en el cerebro se transforma en dopamina. Siempre se combina con carbidopa o benserazida, que impiden que se degrade en la sangre por el camino. Efectos adversos: náuseas, bajada de tensión y somnolencia. Es mejor no tomarla junto con comidas ricas en proteínas, que dificultan su absorción.
Agonistas dopaminérgicos. Actúan de forma más suave pero más prolongada; existen en comprimidos y en parche. Producen con más frecuencia somnolencia, edemas y alucinaciones en personas mayores, y en algunos pacientes trastornos del control de los impulsos: ludopatía, compras compulsivas, comer sin freno, aumento brusco del interés sexual. El propio paciente no suele ver nada raro en ello, así que el cambio deben notarlo los allegados y comunicarlo al médico enseguida.
Inhibidores de la MAO-B y de la COMT. Frenan la degradación de la dopamina y alargan el efecto de la levodopa. Se añaden a la pauta, no la sustituyen.
Al cabo de unos años el efecto de cada dosis se acorta: aparecen los períodos on y off y los movimientos involuntarios amplios en el pico de dosis. No significa que el fármaco haya dejado de servir: se reorganiza la pauta. Se fraccionan las dosis, se añaden fármacos y, ante fluctuaciones graves, se propone apomorfina subcutánea, gel de levodopa a través de una sonda intestinal o estimulación cerebral profunda.
Qué ayuda además de los fármacos
No es un complemento de las pastillas, sino la otra mitad del tratamiento, y sobre algunas manifestaciones actúa mejor que los medicamentos.
- Movimiento. El ejercicio regular es lo único que, según los datos disponibles, frena el avance de las alteraciones motoras. Sirve cualquier actividad accesible: caminar, bicicleta estática, natación, baile. Son especialmente útiles los ejercicios de equilibrio y los de movimientos amplios.
- Fisioterapia. El profesional enseña recursos que esquivan el fallo del automatismo: caminar contando o con música, pasar por encima de una línea imaginaria cuando los pies se bloquean, levantarse y girar con seguridad.
- Terapia ocupacional. Adaptación del hogar: asideros, retirada de alfombras y escalones, vajilla manejable, ropa sin cierres pequeños, luz en el recorrido nocturno hasta el baño.
- Logopedia. Ayuda a recuperar volumen y claridad del habla y a elegir una consistencia segura de los alimentos cuando hay atragantamientos.
- Alimentación. Fibra y agua contra el estreñimiento, comidas repartidas; si baja la tensión, más líquidos, y la cantidad de sal y las medias de compresión se acuerdan con el médico.
Reglas de seguridad en esta enfermedad
Hay unas cuantas cosas que conviene saber de antemano, porque evitan complicaciones graves.
No interrumpir la medicación de golpe. Suspender la levodopa de forma brusca o saltarse varias dosis puede provocar una inmovilidad grave con fiebre alta y rigidez muscular, un cuadro que pone en peligro la vida. Si la persona ha dejado de poder tragar las pastillas, hay que contactar con el médico ese mismo día.
Tomarla con puntualidad. El efecto depende del horario. Si ingresa en el hospital por cualquier motivo, pida que le den los fármacos en su horario habitual y lleve consigo su propia reserva y la pauta escrita.
Conocer los fármacos desaconsejados. La metoclopramida y la proclorperazina para las náuseas, y la mayoría de los antipsicóticos, empeoran mucho el cuadro; avise de ello a cualquier médico. Existen alternativas seguras, que elige el especialista. El hipérico y algunos antidepresivos no se combinan con los inhibidores de la MAO-B.
Contar con la somnolencia repentina. Con los agonistas dopaminérgicos es posible quedarse dormido sin aviso previo, así que mientras se ajusta la dosis no se debe conducir. El diagnóstico hay que comunicarlo a la autoridad que expide el permiso y a la aseguradora: las normas varían de un país a otro.
Cuándo la ayuda es urgente
Llame a una ambulancia —en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania el número único es el 112— si la persona con enfermedad de Parkinson presenta:
- fiebre, músculos bruscamente rígidos y confusión, sobre todo tras saltarse o suspender la medicación;
- atragantamiento con incapacidad para toser y dificultad para respirar;
- falta de aire y fiebre después de un episodio de atragantamiento: así empieza la neumonía por paso de alimento a las vías respiratorias;
- una caída con golpe en la cabeza, con pérdida de conciencia o estando en tratamiento con anticoagulantes;
- alteración brusca del habla, desviación de la cara o pérdida de fuerza en un brazo: signos de ictus.
El mismo día, aunque sin ambulancia, contacte con el médico si la persona ha dejado de tragar las pastillas, si la confusión se ha agravado de golpe o han aparecido alucinaciones (la causa suele ser una infección banal o un fármaco nuevo), o si las caídas y los desmayos se han hecho más frecuentes.
Consulta en línea
La consulta a distancia aquí rinde más de lo que parece: buena parte del trabajo del médico consiste en revisar el diario de síntomas y ajustar la pauta, y para eso no hace falta explorar cada vez. En línea se puede valorar si el cuadro se parece más al Parkinson, al temblor esencial o a un parkinsonismo por fármacos, y repasar las fluctuaciones del efecto, los efectos adversos y las cuestiones del día a día y de los cuidados.
Prepare la lista de todos los medicamentos con dosis y hora exacta de toma; unas notas de varios días sobre cuándo se debilita el efecto y cuándo aparecen movimientos de más; vídeos cortos de la marcha habitual, de levantarse de una silla y de las manos extendidas en reposo; los informes de estudios previos; y las preguntas de quien le cuida.
El primer diagnóstico se hace de forma presencial: sin exploración neurológica no puede establecerse. Y los signos del apartado anterior no se resuelven en línea: ahí la atención debe ser presencial e inmediata.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.
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