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Encefalitis transmitida por garrapatas

La encefalitis transmitida por garrapatas es una infección vírica que se contrae por la picadura de una garrapata y que, en una parte de los afectados, llega…

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

La encefalitis transmitida por garrapatas es una infección vírica que se contrae por la picadura de una garrapata y que, en una parte de los afectados, llega al cerebro y a sus envolturas. Es una enfermedad poco frecuente, pero tiene un rasgo que hace de verdad útil una página como esta: no existe ningún tratamiento dirigido contra el virus, y en cambio sí existe una vacuna, y la vacuna protege realmente. Es decir, todo lo que se puede hacer con esta enfermedad se hace antes de que empiece. Por eso aquí el mayor espacio está dedicado a la prevención y no al tratamiento.

Dónde existe la enfermedad y cómo se contrae

La encefalitis por garrapatas está mucho más extendida por Europa de lo que suele suponerse. Hay focos en Austria, Alemania, Suiza, la República Checa, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Polonia, los países bálticos, el sur de Suecia y Finlandia, el norte de Italia, Ucrania, la Rusia europea y, más hacia el este, hasta Japón. En España y Portugal la enfermedad prácticamente no aparece, pero un residente de esos países puede traérsela sin dificultad de unas vacaciones en los Alpes o de un viaje para ver a la familia.

Los límites de los focos no coinciden con las fronteras: dentro de un mismo país puede haber garrapatas infectadas en unas pocas comarcas y ninguna en el resto, y el mapa cambia de un año a otro. Por eso la pregunta de si hay riesgo se responde mirando el lugar concreto al que se viaja, no el nombre del país.

Las garrapatas viven en los bosques, en los bordes del bosque, en la hierba alta y en el matorral, pero también aparecen en parques urbanos y en jardines. Están activas aproximadamente desde principios de primavera hasta finales de otoño, con un máximo a finales de primavera y otro a principios de otoño; los inviernos suaves alargan esa temporada.

Hay una segunda vía de contagio de la que casi nunca se habla: la leche cruda, sin pasteurizar, de cabra y de oveja y el queso fresco hecho con ella. Si la cabra ha pastado donde hay garrapatas infectadas, el virus pasa a la leche. Así se producen los brotes familiares, en los que enferman varias personas a la vez sin que a ninguna la haya picado una garrapata. La leche de vaca también puede ser fuente, aunque con menos frecuencia. La enfermedad no se transmite de persona a persona.

Cómo transcurre: dos fases y una pausa engañosa entre ellas

La mayoría de los infectados no tienen síntoma alguno: pasan la infección sin llegar a enterarse. En los demás la enfermedad suele venir en dos tandas, y ese es su rasgo característico.

La primera fase empieza de media una semana después de la picadura, aunque pueden ser dos días o un mes. Tiene el aspecto de una gripe corriente: fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares y articulares, debilidad, náuseas. No hay nada que la distinga de cualquier otra infección vírica. Dura unos días y se pasa.

Después llega la pausa: alrededor de una semana en la que la persona se siente recuperada y vuelve a su vida normal. Ahí está la trampa: la picadura parece un asunto cerrado y el segundo empeoramiento ya no se relaciona con ella.

La segunda fase no le ocurre a todo el mundo, sino a una minoría, y significa que el virus ha alcanzado el sistema nervioso. Aparecen entonces dolor de cabeza intenso, fiebre alta, rigidez de nuca, vómitos, intolerancia a la luz brillante, confusión, somnolencia o, al contrario, agitación, temblor, inestabilidad, debilidad o pérdida de movimiento en un brazo, un hombro o una pierna y, a veces, convulsiones.

La gravedad aumenta con la edad: los niños suelen pasarla más levemente y las formas graves son más frecuentes en las personas mayores. A algunas les quedan durante mucho tiempo cansancio, dolores de cabeza, dificultad para concentrarse y debilidad en un brazo o un hombro; la recuperación lleva meses.

Y un detalle importante: muchos de los que enferman no recuerdan ninguna picadura. Una garrapata puede tener el tamaño de una semilla de amapola y la picadura es indolora. Lo que cuenta es simplemente el hecho de haber estado en un bosque o en un parque de una zona de riesgo.

Cuándo llamar a una ambulancia

Los signos de que la infección ha alcanzado el cerebro y sus envolturas piden atención urgente, no una cita. Llame a una ambulancia —en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania es el número único europeo 112— si usted o alguien a su lado presenta:

  • dolor de cabeza intenso junto con fiebre alta;
  • rigidez de nuca, imposibilidad de acercar la barbilla al pecho;
  • intolerancia acusada a la luz, vómitos repetidos;
  • confusión, comportamiento extraño, habla farfullante, somnolencia inusual de la que cuesta despertar a la persona;
  • una convulsión;
  • debilidad o falta de movimiento en un brazo, un hombro o una pierna, visión doble, dificultad para tragar o para respirar.

No conduzca usted mismo ni lleve por sus medios al hospital a una persona confusa o muy débil. Y diga sin falta al equipo médico que ha estado en una zona boscosa donde existe la encefalitis por garrapatas, que le picó una garrapata o que bebió leche sin pasteurizar: sin esa frase el diagnóstico tarda mucho más en llegar.

Contra el virus en sí no hay tratamiento

Esta es la parte desagradable pero importante. No existe ningún antivírico que actúe sobre el virus de la encefalitis por garrapatas, y los antibióticos no sirven de nada porque no actúan contra los virus. La administración de inmunoglobulina después de la picadura, que se hacía antes, ya no forma parte de las recomendaciones europeas.

La atención hospitalaria es de soporte, y no es en absoluto inútil: sostiene al organismo mientras este resuelve la infección por su cuenta. Consiste en reposición de líquidos, analgésicos y antitérmicos, fármacos para las convulsiones, vigilancia de la respiración y, en los casos graves, cuidados intensivos y ventilación mecánica. Muchos pacientes necesitan rehabilitación tras el alta. De ahí una conclusión sencilla: lo único de verdad eficaz se puede hacer solo por anticipado.

La vacuna existe y funciona

La vacuna contra la encefalitis por garrapatas es la razón principal para leer esta página. Se usa desde hace mucho, está bien estudiada y protege a la gran mayoría de los vacunados; allí donde se vacuna de forma generalizada, los casos han caído varias veces.

Es una vacuna inactivada, es decir, no contiene virus vivo y no puede provocar la enfermedad. Hay versiones para niños y para adultos. La pauta básica son tres dosis: las dos primeras separadas unas semanas y la tercera unos meses después, con dosis de refuerzo cada varios años. Los intervalos exactos y la edad a la que se empieza varían de un país a otro, así que hay que guiarse por el calendario nacional y por el consejo del médico.

Quién la necesita:

  • Quien vive en una zona donde la enfermedad existe: en varios países esta vacuna forma parte del calendario habitual.
  • Quien viaja a una zona así y va a pasar tiempo al aire libre: senderismo, acampada, bicicleta, pesca, recogida de setas y frutos, trabajo en el huerto.
  • Quien trabaja en el bosque y en el campo: personal forestal, topógrafos, militares, agricultores, biólogos.

Si planea un viaje, empiece la pauta con tiempo: al menos un mes antes, para que al salir hayan hecho efecto dos dosis. Existen también pautas aceleradas para quien decide viajar con poca antelación; las elige el médico. Y una advertencia importante: esta vacuna protege únicamente frente a la encefalitis por garrapatas. Frente a las demás enfermedades que transmiten las garrapatas no hace nada.

Cómo evitar que la garrapata llegue hasta usted

Vacunarse no anula las precauciones de siempre, sobre todo porque las garrapatas transmiten algo más que este virus.

  • No se salga de los senderos ni atraviese hierba alta y maleza: las garrapatas se sitúan en la vegetación y se agarran a quien roza al pasar.
  • Lleve manga larga y pantalón largo, y meta el pantalón dentro de los calcetines. La ropa de colores claros tiene la ventaja de que la garrapata se ve.
  • Aplique en la piel descubierta un repelente con DEET o icaridina; la ropa y el equipo pueden tratarse con un producto de permetrina.
  • Revísese cada tarde y siempre al volver a casa. Mire donde la piel es fina y forma pliegues: detrás de las rodillas, la ingle, las axilas, la cintura, detrás de las orejas, el nacimiento del pelo. En los niños revise con especial cuidado el cuero cabelludo y el cuello.
  • Dúchese después del paseo y sacuda la ropa; la secadora caliente mata las garrapatas, el lavado en frío no.
  • Revise al perro después del paseo: los perros meten garrapatas en casa.
  • En una zona afectada no beba leche de cabra ni de oveja sin pasteurizar ni coma queso fresco hecho con ella, por muy artesanal y saludable que parezca.

Cómo se retira bien una garrapata

Si la garrapata ya está adherida, quítela cuanto antes y de la manera más sencilla.

  • Use unas pinzas de punta fina o un extractor de garrapatas de los que venden en las farmacias.
  • Agarre la garrapata pegada a la piel, por la cabeza, y no por el cuerpo hinchado.
  • Tire recto hacia arriba, despacio y con firmeza, sin tirones y sin girar.
  • Lave la zona con agua y jabón o con un antiséptico, y lávese las manos.

Lo que no se debe hacer: untar la garrapata con aceite, crema, vaselina, esmalte de uñas, alcohol o gasolina, ni quemarla con una cerilla o un cigarrillo. Todos esos trucos pretenden que la garrapata se suelte sola. No se suelta: se estresa, y mientras está estresada vacía en la herida el contenido de su intestino, que es justo lo que se quería evitar. Además se pierde tiempo, y aquí el tiempo juega en contra.

Si en la piel quedan restos del aparato bucal, no los hurgue con una aguja: salen solos, como una astilla. La zona puede enrojecer un poco y picar los primeros días, lo cual es una reacción a la saliva de la garrapata y no una infección.

A partir de ahí solo hay que vigilarse, y no un par de días sino alrededor de un mes. Apunte en el calendario la fecha de la picadura. Consulte al médico si en ese plazo aparecen fiebre, dolor de cabeza, dolores, una debilidad rara o una mancha roja que empieza a extenderse por la piel. Y mencione la picadura al médico aunque fuera hace tiempo y casi la hubiera olvidado.

No es la enfermedad de Lyme, aunque la garrapata sea la misma

Las dos se confunden continuamente, y distinguirlas importa porque lo que hay que hacer es distinto. La enfermedad de Lyme no la causa un virus sino una bacteria, y está mucho más extendida que la encefalitis por garrapatas, incluidos países donde la encefalitis no existe. Su signo distintivo es una mancha roja que se extiende en el punto de la picadura: aparece días o semanas después, se ensancha despacio, suele aclararse por el centro y apenas duele ni pica. Si no se trata, más adelante se suman dolores articulares, afectación de los nervios —incluida la desviación de la cara— y alteraciones del ritmo cardíaco.

Las diferencias clave:

  • El Lyme se trata con antibióticos y, empezando pronto, se cura casi siempre. Contra la encefalitis por garrapatas no hay medicamento.
  • Contra el Lyme no existe vacuna, y contra la encefalitis por garrapatas sí. Estar vacunado de encefalitis no protege del Lyme.
  • En el Lyme la rapidez al retirar la garrapata cuenta de verdad: las bacterias no pasan de inmediato, y una garrapata retirada en el primer día reduce el riesgo de forma apreciable. El virus de la encefalitis está en la saliva de la garrapata y pasa deprisa, así que ahí la rapidez influye menos, pero hay que retirarla igualmente sin demora, por el Lyme.
  • Una misma garrapata puede llevar las dos infecciones a la vez.

Por eso una mancha que se extiende tras una picadura es motivo para acudir al médico en los días siguientes y no para esperar: por sí sola basta para el diagnóstico y para pautar un antibiótico.

Consulta en línea

La mayoría de las dudas sobre garrapatas no surgen en un hospital, sino en casa, por la tarde, con la garrapata ya retirada en la mano, y no requieren exploración.

En la consulta el médico valorará si hay riesgo de encefalitis por garrapatas allí donde va o de donde acaba de volver, le ayudará a planificar la pauta de vacunación según la fecha del viaje y le explicará qué hacer después de una picadura, qué señales vigilar y durante cuánto tiempo. Podrá mirar una foto de la zona de la picadura y decirle si la mancha se parece a la del Lyme y si conviene acudir presencialmente. Repasará cómo actuar con un niño y qué hacer si se ha acordado de la leche sin pasteurizar ya en casa.

Lo que la consulta en línea no sustituye: la exploración y el tratamiento ante la sospecha de Lyme, la vacunación en sí y, ante los signos de afectación cerebral del apartado de urgencia, la llamada a una ambulancia.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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