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Cáncer nasal y de senos paranasales

Detrás de la nariz y a su alrededor hay todo un sistema de cavidades: la propia fosa nasal y cuatro pares de senos llenos de aire, en las mejillas, en la…

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Esta página ofrece información general y no sustituye la consulta médica. Si los síntomas son graves, persistentes o empeoran, busca atención médica.

Detrás de la nariz y a su alrededor hay todo un sistema de cavidades: la propia fosa nasal y cuatro pares de senos llenos de aire, en las mejillas, en la frente, entre las órbitas y más adentro, junto a la base del cráneo. Ahí puede aparecer un tumor, y es una enfermedad rara: alrededor de un caso al año por cada cien mil personas, casi siempre después de los cincuenta y con más frecuencia en hombres. Su particularidad no está en la gravedad, sino en que durante los primeros meses parece un catarro corriente, y por eso conviene saber en qué se diferencia una nariz de dos.

Por qué tarda tanto en detectarse

El tumor crece dentro de una caja ósea cerrada y durante un tiempo no comprime nada. La persona nota exactamente lo que nota medio mundo en otoño: congestión, goteo por detrás de la garganta, pesadez bajo el ojo. Esas molestias se atribuyen a una alergia, a un tabique desviado, a una sinusitis que no acaba de irse o a unos pólipos, y la explicación acierta casi siempre, porque el cáncer aquí es miles de veces menos frecuente.

La diferencia es una sola y muy sencilla: las enfermedades corrientes de la nariz afectan a los dos lados, el tumor a uno. La alergia tapona las dos fosas, el resfriado también; pero si durante meses no respira solo la fosa derecha y solo por ella sale un líquido sanguinolento, eso ya no es un «catarro crónico», por muchas gotas que se hayan probado. El segundo aviso es que la molestia no fluctúa: no cede con el tratamiento, no afloja en verano, no depende del tiempo y va aumentando despacio.

No existe ningún cribado que busque este tumor en personas sanas: es demasiado infrecuente para revisar a todo el mundo. Por eso todo descansa en prestar atención a una molestia unilateral y persistente.

Qué signos deben alertar

Mientras el tumor está dentro de la nariz, se manifiesta poco:

  • obstrucción de una sola fosa nasal que no cede durante semanas o meses;
  • secreción con sangre o hemorragias nasales repetidas siempre por el mismo lado;
  • pérdida parcial o total del olfato;
  • sensación de goteo continuo hacia la garganta, a veces con hilos de sangre.

Cuando sale de los límites del seno, los signos se vuelven más llamativos y dependen de la dirección que haya tomado. Hacia arriba y hacia fuera, a la órbita: el ojo lagrimea sin motivo, aparece visión doble, el ojo protruye o se desplaza, la vista empeora. Hacia abajo, al maxilar superior: se adormece la mejilla o el ala de la nariz, se aflojan los dientes de arriba, la prótesis removible deja de ajustar, sale un abultamiento en el paladar o en la encía. Hacia los lados: la boca no se abre del todo, un oído se tapona y duele porque el tumor bloquea la trompa de Eustaquio. Aparte queda un ganglio duro e indoloro en el cuello que persiste más de tres semanas.

Ninguno de estos signos significa cáncer por sí solo: la mejilla se duerme después del dentista, el oído se tapona con una otitis, la nariz sangra con el aire seco. Lo que cuenta es la combinación: un solo lado, persistencia y aumento progresivo.

Qué aumenta el riesgo

La relación más conocida y mejor demostrada es la laboral. Respirar polvo de madera durante años, sobre todo de maderas duras, eleva de forma clara el riesgo de tumor del seno etmoidal; están expuestos carpinteros, ebanistas y parquetistas. El polvo de cuero de las tenerías y de la industria del calzado actúa de manera parecida. Siguen los compuestos de níquel y cromo, el formaldehído y la fabricación de alcohol isopropílico. Entre la exposición y la enfermedad pasan décadas, así que la mayoría enferma cuando ya ha dejado ese trabajo.

El tabaco también sube el riesgo aquí, como en casi todos los tumores de cabeza y cuello. Cuenta asimismo haber recibido radioterapia en la cabeza durante la infancia, por ejemplo por un retinoblastoma. Se discute la contribución del virus del papiloma humano, aunque está mucho peor estudiada que en los tumores de faringe.

Qué se puede hacer con todo esto. Si en el trabajo hay polvo, la mascarilla y la extracción no son un trámite, sino lo único que reduce de verdad el riesgo, y hay que usarlas todos los años, no los días de inspección. Dejar de fumar sirve incluso tras muchos años de consumo. Y quien haya trabajado mucho tiempo con madera o cuero hará bien en tener presente su historia laboral y no restar importancia a una obstrucción de un solo lado, por menor que parezca.

Cómo se llega al diagnóstico

Todo empieza con la exploración del otorrinolaringólogo: revisa nariz, boca y faringe, comprueba la sensibilidad de la cara y la movilidad del ojo, y palpa el cuello. Después vienen las pruebas clave.

  • Endoscopia nasal. Un tubo fino, flexible o rígido, con una cámara se introduce en la fosa nasal y muestra lo que no se ve ni con el espéculo ni en una radiografía. Se hace con anestesia local y dura unos minutos.
  • Biopsia. El fragmento de tejido se toma durante la propia endoscopia y se estudia al microscopio. Solo eso establece el diagnóstico y determina el tipo de tumor, del que depende todo el tratamiento posterior.
  • Tomografía computarizada: muestra el hueso, si la pared del seno está destruida y si la base del cráneo está afectada.
  • Resonancia magnética: distingue el tumor del moco retenido detrás de él —en la tomografía se ven igual— y revela si ha llegado a la órbita o a las meninges.
  • Ecografía del cuello y, si hace falta, punción de un ganglio, para comprobar si las células han pasado a los ganglios.

Con qué no se encuentra este tumor. Una radiografía simple de senos es inútil aquí: mostrará una opacidad, y esa misma opacidad la produce una sinusitis banal. Los análisis de sangre tampoco resuelven nada, porque esta enfermedad no tiene un marcador propio, y unos análisis normales no eximen de mirar dentro de la nariz. Y hay otra regla que conviene conocer: todo pólipo extirpado se envía a anatomía patológica, y un pólipo unilateral en un adulto lo exige sin excepción, porque una parte de estos tumores tiene justamente ese aspecto.

El resultado de la biopsia suele tardar una o dos semanas. La demora no significa que hayan encontrado algo malo: lo habitual es que la muestra necesite tinciones adicionales.

Cómo se trata

El plan no lo decide un médico solo, sino un equipo: cirujano otorrinolaringólogo, oncólogo, oncólogo radioterápico y, si hace falta, neurocirujano, oftalmólogo y cirujano maxilofacial. La elección depende del tipo de tumor, de su tamaño, de hacia dónde ha crecido y del estado general de la persona.

La base del tratamiento es la cirugía. Hoy muchos tumores se extirpan por vía endoscópica a través de la nariz, sin incisiones en la cara; con mayor extensión hace falta un abordaje abierto, a veces con el neurocirujano si está afectada la base del cráneo. Junto al tumor se retira un margen de tejido sano, porque de otro modo queda riesgo de recaída. Si ha habido que quitar parte del maxilar o del paladar, el defecto se repara: con tejidos propios, con una placa de titanio o con una prótesis obturadora removible que devuelve el habla y la comida a la normalidad. Las cicatrices en la cara no siempre existen y con el tiempo palidecen.

La radioterapia se indica después de la cirugía para reducir la probabilidad de recaída, o como tratamiento principal cuando no se puede operar o cuando el tumor se ha detectado pronto y responde bien a la irradiación. La quimioterapia se usa para reducir el tumor antes de operar, junto con la radioterapia en la enfermedad localmente avanzada, o para contener el proceso cuando ha salido de la cabeza y el cuello.

Si el tumor no se puede curar, el tratamiento no se detiene: cambia de objetivo, que pasa a ser frenar el crecimiento, quitar el dolor, restablecer la respiración y sostener la alimentación. De eso se ocupa el equipo de cuidados paliativos, y tiene sentido implicarlo pronto y no al final.

Después del tratamiento: qué esperar

Tras la cirugía y la radioterapia la nariz funciona de otra manera. La mucosa se seca, se forman costras y el olfato puede no volver del todo; con él cambia también el sabor de la comida, porque buena parte del sabor se sostiene en el olor. Los lavados regulares con suero salino se convierten en una rutina diaria: retiran las costras y alivian mucho la respiración. El médico enseñará a hacerlos bien.

La irradiación de la zona orbitaria puede dejar sequedad ocular o, al revés, lagrimeo constante por estrechamiento del conducto lagrimal; ambas cosas tienen solución y se comentan con el oftalmólogo. Tras la radioterapia sobre el maxilar se presta especial atención a los dientes: se ponen en orden antes de empezar, porque después una extracción en la zona irradiada cicatriza mal.

El seguimiento posterior se organiza alrededor de la revisión con endoscopio y dura años. Una recaída se detecta casi siempre así, antes de que aparezcan síntomas. Entre visitas la referencia es sencilla: cualquier obstrucción nueva de un lado, sangre, dolor o adormecimiento es motivo para llamar al equipo sin esperar a la fecha prevista. Dejar de fumar después del tratamiento reduce el riesgo de recaída y de un segundo tumor.

Cuándo hace falta atención urgente

Llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania, el número único europeo 112) si:

  • empieza una hemorragia nasal abundante que no cede apretando las alas de la nariz durante diez o quince minutos, o si la sangre cae en cantidad hacia la garganta;
  • se pierde o empeora bruscamente la visión de un ojo, el ojo duele y no se mueve, o aparece visión doble persistente;
  • un dolor de cabeza intenso se acompaña de fiebre alta, imposibilidad de tocar el pecho con la barbilla, vómitos o confusión;
  • cuesta respirar.

Acuda al médico el mismo día si el párpado o la mejilla se hinchan y enrojecen de golpe, sube la fiebre y el ojo se mueve peor. Pida cita sin demora si una de las fosas nasales lleva más de unas semanas sin respirar, si por una sola fosa sale sangre de forma repetida, si se adormece la mejilla, se aflojan los dientes superiores o persiste un bulto duro en el cuello. Eso no significa que sea un cáncer: en la mayoría de las personas se encontrará otra cosa perfectamente tratable. Pero debe comprobarlo un médico y no un buscador.

Consulta en línea con el médico

La consulta a distancia es útil en el primer paso, cuando no está claro si se trata de un catarro corriente o de algo más. El médico irá por orden: un lado o los dos, cuánto lleva, si ha habido sangre, si ha cambiado el olfato, qué tratamientos se han probado y con qué resultado, en qué se ha trabajado. Con esas respuestas dirá si basta con el médico de cabecera o si hace falta un otorrino con endoscopio, y con qué rapidez.

En línea también resulta cómodo repasar lo que ya está en marcha: qué dice el informe de la tomografía o la resonancia, qué esperar de la operación prevista, qué preguntar al cirujano, cómo cuidar la nariz después del tratamiento, qué hacer con la sequedad, las costras y la pérdida de olfato. Los límites son evidentes: mirar dentro de la nariz y tomar una biopsia no se hace a través de una pantalla, y ante una hemorragia intensa o una pérdida súbita de visión no hace falta una conversación sino una ambulancia.

Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.

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