Cáncer de ovario
El cáncer de ovario es un tumor maligno que crece en el ovario, en la trompa de Falopio o en el revestimiento de la cavidad abdominal.
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El cáncer de ovario es un tumor maligno que crece en el ovario, en la trompa de Falopio o en el revestimiento de la cavidad abdominal. Lo peligroso no es la velocidad a la que crece, sino que sus primeras molestias son de lo más corrientes: el vientre se hincha, la sensación de saciedad llega enseguida, tira la parte baja del abdomen, aumentan las ganas de orinar. Durante años se atribuyen a la edad o a la alimentación. La diferencia entre una pesadez casual y una enfermedad no está en la sensación en sí, sino en que se repite casi a diario y ha aparecido hace poco.
Molestias que se repiten día tras día
Merecen atención cuatro señales cuando duran más de dos o tres semanas y aparecen casi todos los días:
- hinchazón abdominal que no cede. No la de después de una cena copiosa ni la de antes de la regla, sino persistente: la falda y el cinturón aprietan y el vientre no baja por la noche;
- saciedad precoz y pérdida de apetito. La persona come la mitad de su ración habitual y siente que no le cabe más;
- dolor o presión en la parte baja del abdomen y en la pelvis, a veces irradiado a la zona lumbar;
- ganas frecuentes y repentinas de orinar sin signos de cistitis.
Con menos frecuencia, y más a menudo en fases avanzadas, se añaden cansancio constante, pérdida de peso sin dieta, ardor de estómago, estreñimiento o diarrea, dolor en las relaciones sexuales, sangrado vaginal después de la menopausia y un vientre que crece aunque la persona adelgace.
La mayoría de las afectadas tienen más de cincuenta años, pero el cáncer de ovario también aparece en mujeres jóvenes y en quienes ya no tienen ovarios: el tumor puede nacer en la trompa o en el peritoneo.
Por qué es fácil achacar estas molestias a otra cosa
Las mismas sensaciones las producen procesos decenas de veces más frecuentes: el síndrome del intestino irritable, los quistes benignos de ovario, los miomas uterinos, la endometriosis, la celiaquía, la enfermedad diverticular o los cambios propios de la menopausia. En la mayoría de las mujeres con estas molestias no habrá un cáncer, y eso no es motivo para dejar de estudiarlas.
Hay una regla que conviene recordar, porque es donde más tiempo se pierde. El síndrome del intestino irritable casi nunca empieza por primera vez después de los cincuenta. Si una mujer de más de cincuenta años recibe por primera vez en su vida un «parece intestino irritable», ese es un diagnóstico de exclusión y antes hay que estudiar los ovarios. Lo mismo vale para la «gastritis» que no responde al tratamiento y para la hinchazón que se explica por la menopausia.
El sangrado vaginal después de la menopausia es una señal aparte. La mayoría de las veces no procede del ovario, pero siempre obliga a estudiarlo y nunca se considera normal.
Cuándo se necesita atención urgente
Busque ayuda de inmediato — llame a una ambulancia (en España, Italia, Portugal, Polonia y Ucrania el número europeo único es el 112) o acuda a urgencias — si:
- el vientre se ha hinchado de golpe, duele en forma de retortijones, han empezado los vómitos y no salen ni heces ni gases: así se manifiesta una obstrucción intestinal;
- aparece de forma súbita, en minutos, un dolor muy intenso en un lado de la parte baja del abdomen, con náuseas, vómitos, sudor frío o desmayo: puede tratarse de una torsión o de la rotura de una masa ovárica;
- el vientre crece deprisa y a la vez cuesta respirar incluso en reposo;
- aparecen falta de aire, dolor brusco en el pecho, sangre al toser, o se hincha y duele una pantorrilla: los tumores aumentan la coagulación de la sangre y a veces un trombo es la primera manifestación de la enfermedad;
- hay un sangrado vaginal abundante con debilidad y mareo;
- hay fiebre alta con dolor abdominal.
El mismo día, aunque sin ambulancia, conviene ver a un médico si el dolor abdominal aumenta de un día para otro, si ha dejado de comer y beber, o si aparece fiebre después de una cirugía o una quimioterapia recientes.
Qué aumenta el riesgo
El factor principal es la edad: el riesgo sube claramente después de la menopausia. Lo demás depende de la herencia, de la historia hormonal y del estado de salud general:
- alteraciones genéticas heredadas, sobre todo BRCA1 y BRCA2, y los genes del síndrome de Lynch;
- cáncer de ovario, de mama, de útero o de intestino en la madre, una hermana o una hija, y a veces también por vía paterna;
- haber tenido un cáncer de mama;
- endometriosis;
- primera regla temprana y menopausia tardía, no haber tenido embarazos: es decir, más ovulaciones a lo largo de la vida;
- terapia hormonal sustitutiva: el riesgo sube poco y baja tras suspenderla;
- exceso de peso y tabaco;
- radioterapia previa sobre la pelvis.
Es importante saber que extirpar los ovarios no lleva el riesgo a cero: parte de los tumores que llamamos cáncer de ovario nacen en realidad en la trompa o en el peritoneo. Por eso las molestias que aparecen después de una operación no pueden explicarse con un «ya no me queda nada que pueda doler».
Qué reduce el riesgo de verdad
Prevenirlo del todo no es posible, pero algunas cosas están demostradas:
- los anticonceptivos hormonales combinados reducen el riesgo de forma apreciable, y la protección se mantiene años después de dejarlos;
- los embarazos y la lactancia;
- la ligadura o la extirpación de las trompas cuando de todos modos va a hacerse una cirugía pélvica;
- dejar de fumar y normalizar el peso.
Capítulo aparte son las familias con BRCA o con síndrome de Lynch. Ahí se plantean el consejo genético y la extirpación preventiva de trompas y ovarios una vez cumplidos los planes de tener hijos: es la única medida que reduce realmente la mortalidad en ese grupo.
Y una advertencia honesta sobre el cribado: revisar a todas las mujeres con un análisis de CA-125 y una ecografía no sirve. Los grandes estudios han demostrado que ese cribado genera muchas falsas alarmas, lleva a cirugías innecesarias y no reduce el número de muertes. Por eso a las mujeres sin factores de riesgo no se les piden esas pruebas «por si acaso»; lo que protege es prestar atención a los síntomas que persisten.
Cómo se estudia
La consulta empieza con las preguntas y la exploración: el médico palpa el abdomen y hace una exploración ginecológica en busca de una masa o de líquido. Puede pedir que la exploración se haga con un acompañante presente y detenerla en cualquier momento.
- Ecografía pélvica, casi siempre con sonda transvaginal. Es el primer método básico: ve la masa, su estructura, su vascularización y el líquido en el abdomen.
- Análisis de CA-125 en sangre. Es un apoyo, no la decisión. Sube con la endometriosis, los miomas, las infecciones, el embarazo, las enfermedades del hígado e incluso durante la regla, y a la vez se mantiene normal en parte de los cánceres iniciales. Un CA-125 normal no descarta un tumor. En mujeres jóvenes se añaden los marcadores de los tumores germinales.
- Tomografía computarizada de tórax, abdomen y pelvis, para ver hasta dónde llega la enfermedad.
- Obtención de tejido o de líquido: punción guiada por ecografía, laparoscopia a través de una pequeña incisión, o cirugía. El diagnóstico solo lo establece el estudio del tejido al microscopio: ni un análisis de sangre ni una imagen demuestran por sí solos un cáncer.
- Estudio genético de la sangre y del propio tumor. No interesa únicamente a los familiares: del resultado depende la elección del tratamiento.
Si las pruebas no encuentran nada pero las molestias siguen un mes o más, vuelva al médico. Los tumores pequeños, sobre todo después de la menopausia, no siempre se ven en la primera ecografía.
Cómo se trata
El plan depende del tipo de tumor, de su extensión y del estado general. Los dos tratamientos principales son la cirugía y la quimioterapia, y casi siempre se combinan.
Cirugía. Habitualmente se extirpan los dos ovarios con las trompas, el útero y el epiplón, y se toman muestras de distintas zonas del abdomen para determinar bien el estadio. Cuando el tumor está extendido, el cirujano intenta retirar todo el tejido visible posible, a veces con un tramo de intestino; de cuánto se logra quitar depende el resultado más que de ninguna otra cosa. En una mujer joven con estadio inicial o con un tumor germinal a veces puede conservarse el útero y un ovario: eso se habla antes de la operación, no después.
Quimioterapia. Se emplean esquemas basados en fármacos con platino. Se dan después de la cirugía y, si el volumen tumoral es grande, primero unos ciclos para que la operación sea posible, continuando después de ella.
Terapias dirigidas. Los inhibidores de PARP se toman de forma prolongada tras la quimioterapia para retrasar la reaparición de la enfermedad; son especialmente eficaces cuando hay alteraciones de BRCA. También se usan fármacos que frenan el crecimiento de los vasos del tumor.
La terapia hormonal sirve para algunos tipos poco frecuentes y de crecimiento lento. La radioterapia se usa poco en el cáncer de ovario, sobre todo para aliviar dolor o detener un sangrado.
Después del tratamiento y más adelante
Si los ovarios se extirpan antes de la menopausia natural, esta llega de golpe y se tolera peor que la gradual: sofocos, mal sueño, sequedad, pérdida acelerada de masa ósea. Conviene hablarlo con el médico antes: la decisión sobre la terapia hormonal es individual y renunciar a ella por defecto no siempre está justificado.
Tras el tratamiento se programan revisiones periódicas. Entre visitas, consulte sin esperar turno si vuelven la hinchazón y el dolor, si otra vez llega enseguida la saciedad, o si aparecen falta de aire o hinchazón de una pierna: la recaída se reconoce por las mismas señales que el inicio.
Cuando el tumor no puede curarse, el tratamiento no termina: cambia el objetivo, que pasa a ser contener la enfermedad y aliviar los síntomas. De eso se ocupan los equipos de cuidados paliativos, y es mejor contar con ellos pronto: mejoran claramente el bienestar y no sustituyen al tratamiento oncológico. El apoyo también les hace falta a los allegados, y pedirlo es razonable.
Consulta en línea
La consulta en línea sirve muy bien como primer paso cuando no se entiende qué está pasando. El médico preguntará con detalle desde cuándo y con qué frecuencia molesta el abdomen, qué ha cambiado en la comida, las deposiciones y la orina, cómo van las reglas y si ha habido cánceres en la familia, y dirá si hace falta atención urgente y por qué pruebas empezar.
También es cómoda para revisar resultados ya hechos: un informe de ecografía, una cifra de CA-125, la descripción de una tomografía. El médico explicará qué significan las frases del informe, por qué un análisis normal no cierra el asunto y qué preguntas llevar a la consulta presencial. Si el diagnóstico ya está, se puede repasar el plan de tratamiento, los efectos secundarios y cómo aliviarlos.
Lo que no puede hacerse en línea es explorar, palpar el abdomen, hacer una ecografía y tomar tejido para analizar. Y si aparecen las señales del apartado de urgencias, no escriba un mensaje: llame a una ambulancia.
Este material es informativo y no sustituye la consulta médica.




